CULTURA

«Ahora las parejas son accesorios y cada temporada se renuevan»

La autora relata en su última novela, 'Cosmofobia', las vidas de sus vecinos en el barrio madrileño de Lavapiés

El Correo, ELENA SIERRA, 12-04-2007

Polémica siempre, Lucía Etxebarria (Valencia, 1966) fue acusada en dos ocasiones de plagio. La última, formulada por un psicólogo valenciano, terminó en acuerdo. La escritora reconoce haberse «documentado» en el texto de Jorge Castelló, pero no haberlo plagiado. Él se dio por satisfecho. Etxebarria llega a Bilbao de promoción con dos libros, aunque sobre la mesa sólo tiene uno: ‘La fantástica niña pequeña y la cigüeña pedigüeña’, que ha escrito por y para su hija. En realidad, viene a hablar de adultos, ‘Cosmofobia’, una novela coral con una veintena de personajes a simple vista distintos pero que al final buscan lo mismo.

– ¿Escribe para niños?

– Sí, ‘La fantástica…’ es un ‘Cosmofobia’ para los pequeños. Trata de una niña que va a una ludoteca en la que hay niños distintos, de todas las razas. Pero resulta que la distinta es ella porque no tiene oreja. Lo escribí para mi hija, que es sorda. Lo presentamos a un concurso y perdimos, porque se le da más importancia a la ilustración que a la historia, que es lo que yo quiero remarcar. Creo que hay un vacío enorme en literatura infantil en España.

– Volviendo al de adultos, ha dicho que es lo que ve desde su ventana.

– Este es Lavapiés, mi barrio, pero podría ser El Raval, San Francisco en Bilbao, el Soho en Londres… Yo quería hablar de mucha gente distinta, desde el inmigrante más tirado hasta el pijo. Pero en este barrio sólo hay pijos alternativos, no de los otros. Trata de eso: de cómo encontrar tu lugar en el mundo y de que al final, seas de donde seas, tienes los mismos problemas relacionales en una sociedad cruel. Aquí hay chicas españolas que son consideradas inmigrantes porque lo son sus padres. Para todo el mundo son una árabe y una negra. Intentan integrarse en una sociedad que no es la de sus padres y que no las acepta como de aquí. Y hay pijos muy perdidos que buscan sus señas de identidad a través de la ropa, las marcas. Quería meterlos a todos en el mismo saco.

– ¿Qué tal las críticas?

– He leído dos y coinciden en destacar la parte del inmigrante y en que no les gusta la otra, lo del pijo bohemio. Se preguntan por qué no he escrito más sobre los primeros y yo digo que porque no he querido, y porque si lo hiciera sería desde el ultrapaternalismo. Yo quiero que estén todos juntos.

– ¿Echa en falta esa convivencia en la literatura?

– Ahora mismo la literatura española está totalmente volcada en el pasado: Guerra Civil, Guerra Mundial y novela histórica de Felipe II y templarios… A mí me apetecía hacer novela realista, realista, realista y sobre el presente. Y escribir lo que no se ha escrito todavía. Si me voy a aburrir escribiendo, no lo hago. Y más realista imposible. Todas las historias que cuento han ocurrido, me he documentado, he conocido a personajes a los que he cambiado el nombre y que me han permitido utilizar sus vivencias. He respetado mucho la confidencialidad, aunque hay casos en los que me han dado permiso para contarlo tal cual.

– ¿Salen sus colegas?

– Mira, una vez abrí un periódico marroquí y me encontré que en una redada habían detenido a un colega. Estaba allí. Se lo dije y él, bah, ni caso. El padre había pagado a quien fuera para que lo soltaran. Quería hacer realismo. Y espero que esta obra sea una vía de apertura para que se escriba más en este sentido.

– ¿Qué aporta esta novela?

– Mi intención era que la gente viera que los personajes se parecen en su lucha. La frase principal la dice uno de ellos: «No existe mi verdad o la del otro, sino mi verdad y la del otro». Que no vieran a la negra, a la marroquí, a la ecuatoriana como diferentes, porque los conflictos emocionales son los mismos.

– Habla de cosmofobia, compromisofóbicos, cosmosexuales… ¿Una nueva etapa histórica?

– Es un paso más. Es una sociedad autodestructiva narcisista que crea todo esto. Los cosmosexuales son los pijos que tienen señas de identidad muy pobres y vacíos afectivos muy grandes y lo reflejan en sus relaciones. Son de quita y pon, casi de zapping. Gente que va usando a los demás en lo afectivo, eso se ve todos los días en los programas del corazón. Fulanita está con mengano, después con zutano, al día siguiente con otro… ¿Y embarazada! En la realidad es algo imposible de vivir, no ocurre así. Si has estado con mengano, te pasas un año puteada. Es el narcisismo de las relaciones: hay que llevar los pantalones Gucci y el amante que es como un bolso.

– Sale en los medios…

– Mujer que quiere parecer joven se busca hombre joven que es su nuevo complemento de moda. Ahora las parejas son accesorios. Y cada temporada se renuevan. Eso está en ‘Cosmofobia’, esas necesidades afectivas no resueltas independientemente de que las necesidades económicas estén de sobra cubiertas o no. Es la misma carencia para todos. Leí un artículo hace poco que tiene que ver con esto. Decía que en el fondo, por mucho que nos empeñemos, no estamos diseñados para preocuparnos por el tercer mundo porque el imperativo genérico es la reproducción, el sexo, eso es lo que más nos va a preocupar siempre, nuestras parejas. Me tranquilizó mucho, porque yo que soy de educación católica… ¿Ah, coño, son mis genes!

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