Colas europeas en la Delegación
El Mundo, , 12-04-2007Una nueva normativa de la Unión Europea que entró en vigor el pasado 2 de abril colapsa las oficinas de Extranjería de BCN Más ropa de marca, más gente mayor, más ojos azules, pieles más claras. Son europeos, cientos, los que desde este mes han cambiado el paisaje de las colas que rodean el edificio de la delegación del Gobierno hace años. Y lo hacen con más indignación y menos paciencia que los extranjeros extracomunitarios, acostumbrados ya quizás a la larga y estoica espera.
«Es patético, indignante, no nos dan información alguna», se lamentaba ayer Camillo, un francés en la cuarentena que, carpeta en mano, enseñaba todos los documentos que había recopilado para renovar su residencia.
El pasado 2 de abril entró en vigor el «Real Decreto 240/2007, de 16 de febrero, sobre entrada, libre circulación y residencia en España de ciudadanos de los estados miembros de la Unión Europea». Esta nueva norma implica «la supresión de la tarjeta de residente comunitario que se sustituye por un certificado de inscripción en el registro central de extranjeros». Esta paso administrativo es «de obligado cumplimiento» y se debe solicitar en el registro.Así pues, las colas son masivas y desde la Delegación del Gobierno en Cataluña estiman que son unas 300 personas las que pasan cada día para renovar sus papeles.
«¿Hay algún europeo en la cola?» es una pregunta que provocaba cierta risa entre las decenas de personas que aguardaban turno ayer ante la oficina número 2 de extranjería. «Aquí todos somos europeos, ¿no lo ves?, tenemos que dejar nuestros trabajos, pedir fiesta y esperar sin saber si nos atenderán hoy o no», criticaba Camillo, «son unos incompetentes», añadía este francés que lleva instalado en Barcelona desde hace dos décadas.
Acompañado por una italiana de 20 años y una alemana que pasaba los 50, el grupo afinaba el oído cada vez que el agente de seguridad aparecía por la zona. «Sólo quedan 40 números», advertía con cierto hastío el agente ante el desplome emocional que algunos expresaban. «Mañana tendré que volver, ya no llego a la entrada», señalaba el francés que llevaba plantado en plena calle Argentera desde las 9.00 horas de la mañana.
Otros tuvieron más suerte. Inés y Tiago, dos portugueses que viven en Barcelona desde noviembre aguardaban impacientes el turno. Fue antes de las nueve que esta pareja decidió acudir a renovar sus papeles. Pero su información no era tan afilada como la de Camillo el francés. Con menos edad también, los dos portugueses se preguntaban con cara de desconcierto qué es lo que hacían ahí exactamente. Eso sí, las quejas y lamentos eran los mismos. «Creo que tenemos que renovar el Número de Identificación de Extranjeros», comentaba Inés algo perdida, «parece que lo necesitamos para trabajar». Tiago, apostado a su lado con tan poca información como su compañera de fatigas, tampoco tenía muy claro lo que estaba haciendo allí.
Como Pierre, otro francés con 20 años a las espaldas en Barcelona, que trajeado y repeinado, esperaba sin paciencia para renovar su documentación. «Creo que no tengo la obligación de tener este documento», señalaba sin acierto, «pero claro, para todas las transacciones te piden un papel, el pasaporte no es suficiente».Y así, Sylvie, Jan, Maria. Todos haciendo cola. Algunos con información, otros perdidos, pero todos, eso sí, indignados.
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