VIZCAYA

La procesión de muchos pueblos

Decenas de inmigrantes se acercan a la Pasión de Balmaseda alentados por su fervor religioso y las «conmovedoras» escenas de la representación

El Correo, SERGIO LLAMAS, 08-04-2007

Dejarlo todo y marchar. No tienen más remedio que emprender su vida en otro sitio. Son los inmigrantes, en cuyos petates apresurados a menudo sólo entra una minúscula parte de su cultura y sus creencias. Por eso, no es de extrañar que, una vez aquí, muchos se aferren a ellas como único recuerdo de lo que dejaron atrás. En la Pasión de Balmaseda, cada vez son más los extranjeros que caminan mezclados con los centuriones y el resto de la tropa. Algunos son sólo turistas que vienen a disfrutar de una representación capaz de movilizar a todo un pueblo. Otros, sin embargo, acuden movidos por algo que no necesitaron guardar en sus maletas: una fe inquebrantable.

Es el caso de Alesandra Urbano, Marina Leal, Giovani Valencia y sus hijos, Yesica y Luis, que llegaron de Colombia hace 6 años. «Somos católicos, y para nosotros esta es una experiencia que hay que ver en vivo», afirman. En su país de origen también hay actos similares, aunque a la hora de comparar lo tienen claro: «la realidad de lo que pasó la hemos visto hoy aquí», admiten. De Colombia vienen también Jorge Morales, Marina Méndez y su hijo Jorge Gutiérrez. Llevan 5 años en Bilbao y es la primera vez que ven la representación. «Es muy bonita, seguro que volvemos», confiesan. Hace frío y aunque han dormido poco están emocionados. «Nos levantamos a las cinco y media, pero ha valido la pena», dice Marina.

Ever Mariscal, Nasaré Vaca, Camila Moscoso y los niños Silvia y Mauricio vinieron de Bolivia en el 2004. Ever ya estuvo el año pasado y reconoce que «es muy conmovedora para los que creemos». Aclara que en Bolivia también hay procesiones, pero no actos en vivo. «Allí se lleva la Cruz, y luego hay una misa que es la más hermosa del mundo», rememora. Mauricio presencia la Pasión por vez primera. «Todo está en vivo y da mucha impresión», señala.

Igualmente sobrecogidos están Hernando Allavien y Rodolfo del Castillo, oriundos de Filipinas, aunque residen en Bilbao desde el 91. Allí, en San Pedro de Cutud, es popular el momento de la Crucifixión, porque realmente clavan a Cristo en la cruz. «Es un sacrificio», admiten, «pero no tiene la tristeza ni la viveza de esta Pasión». Ellos son católicos y se confiesan impresionados por el realismo de los latigazos.

«Parece Cristo»

Los inmigrantes no son los únicos extranjeros que se han acercado estos días a Balmaseda. Entre los asistentes se han podido ver turistas de Francia, Alemania, Estados Unidos o Italia. De este último país, concretamente de Milán, es la familia Naponiello, formada por Giovanni, Giovanna, Jossepe e Ina. Explican que en Romagnano Sesia y en Piamonte hay actos parecidos, pero «menos impactantes» que el de Balmaseda. «Es que Cristo, parece Cristo», dice Giovanni. «Creíamos que eran actores profesionales», añade. Al principio pensaron ir a la Semana Santa de Andalucía, pero ésta les pareció «más auténtica».

En Córdoba estuvieron las francesas María Labruquere y Teresa Boiheben, que aunque se quejaban del frío reconocían estar disfrutando del espectáculo. «Falta un poco más de música», decía Teresa. «En Córdoba había una preciosa que ponía la piel de gallina». De Balmaseda destacan el realismo: «se ve que la gente realmente siente lo que está haciendo», coinciden. No dudan en decir que ha sido emocionante y sólo lamentan no haber tenido tiempo de visitar Las Encartaciones.

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