Sucesos

Rebelión china por las 'visitas' policiales

El Mundo, ANTONIO GARCIA, 30-03-2007

Comerciantes chinos y sus clientes, en total una veintena de personas, acusan a policías del distrito de Usera de robarles dinero de sus carteras en los cacheos durante las inspecciones de los locales. Les han hurtado en total 5.700 euros en varias intervenciones. Los agentes actúan de paisano Tan proverbial como su laboriosidad es la discreción de los chinos. Pero Chinatown, la comunidad oriental de Madrid, ha estallado. Algo grave ha debido ocurrir para que un grupo de inmigrantes se atreva abiertamente a denunciar ni más ni menos que a la Policía.


Unos 20 inmigrantes chinos, dueños y clientes de cuatro locales situados en Usera, acusan a agentes del distrito de haberles robado dinero en el curso de varias intervenciones policiales durante los meses de febrero y marzo. En total afirman que les han hurtado 5.700 euros de las carteras en el momento de cachearles durante el registro de los locales. Los ladrones, según dicen, son dos policías que siempre actuaban de paisano aunque apoyados en alguna ocasión por otros de uniforme que mantenían una actitud más pasiva y se quedaban a la puerta de los negocios.


Esta denuncia, que ha sido publicada en portada por los tres periódicos chinos que se editan en Madrid, fue ratificada ayer por los afectados, que hablaron con M2 asistidos por un intérprete. A la cita fue convocada la veintena de personas que afirma haber notado la falta de dinero cuando le fue devuelta la cartera por el policía que le cacheó, pero sólo acudió la mitad. El resto, según sus compañeros, alegó que seguía teniendo miedo, a pesar de que ayer mismo les recibió la mujer del embajador y el primer secretario de la legación diplomática, quienes les dieron su apoyo y les prometieron hacer gestiones desde la embajada.


Los establecimientos afectados son dos restaurantes, una tienda de té y un negocio de Internet, todos ellos situados en el barrio de Usera, un distrito que junto con Vallecas alberga la mayor concentración de orientales de todo Madrid, con locales donde la mayoría de la clientela es también china.


Los policías acudían a los establecimientos de noche y en fin de semana. El motivo parece ser que eran inspecciones ordinarias aunque, según la denuncia de los comerciantes, los agentes, cuando actuaban sólo los de paisano, se limitaban a pedir silencio a voces cuando eran requeridos para que se identificaran y explicaran el motivo de la inspección.


En una de las intervenciones sí les enseñaron sus placas profesionales de Policía, pero los chinos, tras advertir la desaparición de dinero una vez terminada la visita, llegaron a la conclusión de que eran delincuentes que utilizaban placas falsas. Los afectados vivían con esta duda hasta que el pasado 2 de marzo los policías de paisano, un hombre fuerte y alto de unos 40 años y otro joven de veintitantos, volvieron a actuar apoyados por agentes uniformados.


Estaban ya seguros de que sus «atracadores» eran policías y al día siguiente, 3 de marzo, cuatro de los chinos afectados acudieron a poner una denuncia a la misma comisaría del distrito de Usera. Dentro del edificio policial, un agente tomó nota del relato que hicieron los denunciantes. Al decirle que creían que eran policías los autores de los robos, el funcionario les comunicó que hay muchos delincuentes comunes que utilizan placas falsas de Policía, relativamente fáciles de conseguir. Pero se da la circunstancia de que una vez terminada la redacción de la denuncia, según lo publicado por los periódicos chinos y ratificado a M2, el grupo denunciante vio trabajando de paisano en el edificio a los dos hombres implicados en los hurtos.


Los chinos se marcharon de allí con la copia de su denuncia, un simple documento que sólo prueba lo que uno afirma, pero que para ellos era tan importante como una prueba incriminatoria. También la Policía debió pensar que la mera copia de la denuncia podría tener cierto valor porque lo cierto es que, según afirman los afectados, este documento les fue sustraído dos semanas más tarde, el pasado 16 de marzo, a las puertas de la comisaría, cuando protestaban por la detención de una compatriota que ha tenido un papel destacado en el desenmascaramiento de esta supuesta mafia policial.


Esta joven china, Meiyu Chen, es la dueña de la tienda de Internet que recibió la visita policial el pasado 2 de marzo, a las 10 de la noche. Además de pantallas de ordenador, este establecimiento tiene estanterías con películas DVD a la venta y en ese momento había dos clientes. Los agentes pidieron el pasaporte y el permiso de residencia a estas dos personas, pero una de ellas mostró una documentación que era una mera fotocopia del de su amigo o pariente. Este inmigrante, según denunció ayer, recibió dos bofetadas en la cara sin mediar palabra. Además le fueron sustraídos 200 euros que llevaba en la cartera. Otros clientes que jugaban al dominó chino al fondo del local fueron también registrados. Cuando los policías se marcharon, contaron el dinero y advirtieron que les habían aligerado las carteras: faltaban en total 600 euros.


Meiyu Chen fue quien animó a la comunidad a acudir al día siguiente a presentar la denuncia en comisaría. Esa fue la razón – venganza según dice ella – por la que recibió de nuevo la visita policial el día 16. Esa noche, sobre las 22.30 horas, se presentaron en el establecimiento cuatro coches patrulla con una docena de policías en total. Los agentes, de malos modos según los chinos, dijeron que iban a «buscar algo» y conminaron a todos los presentes a permanecer en silencio y a no hacer ni recibir llamadas telefónicas por el móvil.


Uno de los chinos presentes increpó a los agentes y les pidió explicaciones de su actitud, pero según su testimonio la respuesta que recibió es la siguiente: «Esto os pasa por denunciar».


El pasado 13 de febrero, a las 11.30 de la noche, un restaurante situado en la calle de Nicolás Sánchez, 61, recibió la primera visita de inspección. Los policías pidieron a los presentes que dejaran sus pertenencias sobre la mesa y se colocaran contra la pared. Registraron las carteras durante media hora y se marcharon. Tres chinos advirtieron después la sisa. A uno le faltaban 200 euros, otros 200 a otro y 150 a un tercero.


La noche siguiente, 14 de febrero, San Valentín, la intervención policial fue doble: un restaurante y un establecimiento de té de la calle de Isidra Jiménez. En el primero de los locales la visita, según los chinos, fue violenta, con golpes y empujones cuando los clientes pidieron a los policías, que iban sin uniforme, que se identificaran.


En el otro local la forma de actuar fue similar. Los agentes registraron el local y cachearon a los clientes durante más de media hora. Cuando abandonaron el establecimiento dos de los chinos vieron cómo el contenido de su cartera había menguado. A uno le faltaban 700 euros y a otro 200. Salieron a la calle corriendo a buscar a los policías, pero éstos habían ya desaparecido en la noche.


MEIYU CHEN, LA HEROINA CHINA DE USERA


Meiyu Chen, dueña de un negocio de Internet en el barrio de Usera, ha sido la impulsora de la denuncia a cara descubierta que ayer hicieron los chinos que afirman haber sufrido robos por parte de policías del distrito. Ella convenció, si no a todos, al menos a los que aparecen en la fotografía tomada a la puerta de su local.


Ayer, mientras jugaba con su hija pequeña entre las piernas, afirmaba sin temor que fue detenida el pasado día 16 de marzo y llevada a la comisaría de Usera sólo como venganza por haber presentado una denuncia en la misma dependencia policial dos semanas antes. En un principio, el motivo de la detención parece que fue resistencia a la autoridad, aunque luego la acusación se concretó en posesión de sustancias estupefacientes.


En un momento de la intervención policial en su local el 16 de marzo, cuando los agentes pidieron a los presentes que sacaran sus carteras con sus documentos, Meiyu gritó a sus compatriotas: «¡Cuidado, que roban el dinero!». Un policía la agarró del cuello y la puso contra la pared. Ella intentó desasirse, fue esposada y conducida a comisaría, donde pasó más 12 horas, desde las 11 de la noche hasta mediodía del día siguiente. Durante ese tiempo fue reconocida por un médico forense.


Le requisaron un pequeño bote con pastillas y la policía rellenó un papel con su declaración en la que ella afirmaba en su pobre español que se trataba de una «sustancia que la ponía contenta». Ayer, con intérprete, Meiyu aclaró a M2 que la sustancia en cuestión es un remedio de la medicina tradicional china.


¿POLICIA O ATRACADOR?


Con este contundente titular, salió a la calle el pasado día 20 de marzo ‘Zhong Guo Bao’, el de mayor tirada de los tres periódicos chinos semanales que se editan en Madrid, auténticos cordones umbilicales de la comunidad oriental con el mundo que les rodea. El subtítulo de portada explicaba: «Los policías del 091 del distrito de Usera de Madrid golpean y roban impunemente a los chinos». En la página 13, el periodista Haoyu Shen, recogiendo el testimonio de los afectados, hace un relato pormenorizado de los hechos. El periódico tiene su redacción en el número 1 de la calle Mayor, un viejo caserón con vistas a la Puerta del Sol. No es barato; cuesta 1,5 euros, pero para la comunidad de inmigrantes chinos eso es lo de menos, porque el periódico es su ángel guardián.

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