"La Opinión". MÉXICO: "Una frontera militarizada"
Mientras se debate el proyecto de construir un muro fronterizo, la presencia militar a o largo de esa región es ya una realidad
Prensa Latinoamericana, 12-02-2007Eileen Truax
Enviada especial
12 de febrero de 2007
EAGLE PASS, Texas.— Víctor y Ruth son ciudadanos estadounidenses. Ambos viajan en el mismo vehículo, que forma parte de la caravana de la Marcha Migrante. Al llegar a un retén de la Patrulla Fronteriza, el agente pregunta a ambos si son ciudadanos estadounidenses, y los dos responden que sí. A Víctor, quien es de origen mexicano, le pide un documento que lo compruebe. Víctor entrega su licencia de conducir; el agente la desliza por una computadora y le pregunta el apellido de soltera de su mamá.
A Ruth, de origen anglosajón, no le piden nada.
“Es tan ofensivo, tan doloroso, tan anticonstitucional”, protesta Ruth unos días más tarde. “Me sentí muy apenada al ver el trato que le dieron a Víctor sólo porque ‘parece’ mexicano. Los dos hemos vivido el mismo tiempo en este lugar. Me sentí muy avergonzada de mi país”.
Unas horas antes Ruth y otros integrantes de la Marcha Migrante habían presenciado una conferencia impartida por Randy Hill, director de la Patrulla Fronteriza en el sector Del Río, Texas. De acuerdo con Hill, los agentes de esta organización no se basan en ningún tipo de perfil para realizar las detenciones y se encuentran entrenados para no violar los derechos de las personas cuando hacen una revisión.
“Eso es basura”, afirma Ruth. “Están siendo racistas durante las inspecciones, que no deberían de existir en primer lugar. No entiendo por qué tengo que ser constantemente revisada en mi país”.
Esta mezcla de indignación y sorpresa es compartida por quienes van en la Marcha Migrante y han sentido de primera mano la militarización de la frontera.
“Es diferente hablar de militarización cuando estás en San Diego y la ves desde allá, que cuando vienes a Texas, hablas con la gente y te encuentras con un agente de la Patrulla Fronteriza a la mitad de la noche”, señala Enrique Morones, director de la organización Ángeles de la Frontera, quien encabeza la marcha.
La anécdota es verídica. El grupo pasó la noche del jueves en el poblado de Mission, un punto a orillas del Río Grande en la frontera entre Texas, en Estados Unidos, y Tamaulipas, en México. En un parque de ese lugar, los integrantes de la caravana durmieron al aire libre, en casas de campaña. Por la noche varias personas escucharon pasos junto al lugar donde acampaban y con sorpresa descubrieron a agentes de la Patrulla Fronteriza.
“De noche, todos vestidos de negro, junto a donde estábamos nosotros”, recuerda Francisco, quien viajó desde Sacramento, California, para hacer el recorrido con la marcha. “¿Qué tienen que hacer en un parque público, de noche, con uniforme de combate? En ese momento entendí de qué se trata esto”.
Para Francisco la discusión del muro en la frontera, tema que ha sido una constante en las visitas que ha realizado la caravana a las ciudades fronterizas, no debería ser el centro de la atención. “Eso es algo que es un proyecto, que puede construirse o no; pero la militarización de la frontera ya es una realidad, lo estamos viendo cada día”.
Así ha sido al menos en los últimos 10 días. En Arizona, cuando a medianoche la Patrulla Fronteriza detiene los autos para revisar cada parte de ellos, incluso una hielera. O cuando por la autopista 10, en plena hora pico, circulan enormes tráileres llevando helicópteros militares hacia la frontera. O como en la franja fronteriza entre Columbus, Nuevo México, y Palomas, Chihuahua, donde además de los retenes que ya son habituales, se ven entre las montañas los vehículos verde militar de parte de los seis mil elementos de la Guardia Nacional desplegados en la frontera a partir de 2006.
Una de las anécdotas más comentadas en la Marcha Migrante tuvo lugar en Roma, un pequeño poblado fronterizo de Texas. Al hacer una escala en un mirador desde donde se aprecia la belleza del Río Grande, la caravana se topó de frente con un grupo de vehículos: los verde con blanco, de la Patrulla Fronteriza; los verde militar, de la Guardia Nacional. Entre estos últimos iba incluido un pequeño camión con una caseta montada en una grúa.
Y en la caseta, apuntando hacia la frontera, una cámara de vigilancia de amplio espectro recuerda a los que pasan por ahí que sí, que estamos vigilados, que el Ejército está ahí.
Francisco está convencido de esto. “Y el que lo dude, que le pregunte al agente de la Patrulla Fronteriza, qué hacía un rifle M16, de uso exclusivo del Ejército, en el asiento delantero de su auto”.
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