El velo en los centros académicos

Diario de Navarra, 12-02-2007

Wahiba Boustta, Shimaa Sayed y Mariam Aznabet, estudiantes musulmanas en Pamplona, cuentan con satisfacción en las páginas de Diario de Navarra (9 de febrero) que no tienen especiales impedimentos para llevar el velo en su vida ordinaria, incluida la presencia en la Universidad. Bueno, en este país estamos acostumbrados. Basta con darse una vuelta por Ceuta o Melilla ahora como hace un siglo.
Las influencias entre la Península y el Norte de África han sido recíprocas, hasta el punto de que en la actual uniformidad del Ejército español se mantienen símbolos y prendas heredados de los antiguos Tabores de Regulares o de la Mehala; incluso desfilan al son de la chirimía y con un paso más cadencioso. El vestido es expresión en parte de la personalidad y cultura de cada cual y todas las personas son dignas de respeto.

No obstante estas jóvenes se permiten censurar con acritud la decisión francesa de no permitir el uso del velo en sus centros de estudios. Seamos precisos: la ley francesa no permite en esos recintos la exhibición ostentosa de símbolos religiosos de creencia alguna. Afecta a todo aquel que pise las aulas lo mismo sea cristiano, musulmán, judío o sintoísta. No es, por tanto, un ley antimusulmana. Francia constituye un ejemplo formidable de Estado democrático respetuosísimo de los derechos individuales. Y tienen plena capacidad de legislar sobre los signos religiosos en sus centros de estudios. Puede que la ley esté equivocada (¿y cuántas otras no?) pero quien estudie en Francia ha de acatarla. Por cierto, en las universidades de Egipto o Marruecos las alumnas occidentales que deseen cursar carrera, ¿están obligadas a llevar velo? Porque tan impositivo es quitarlo como ponerlo por narices.

Estimadas jóvenes, mis abuelas vistieron de riguroso luto de los pies al moño desde que enviudaron. No espero lo mismo por parte de mi esposa. Cambian las costumbres y usos culturales. Si alguna de ustedes libérrimamente decide un día despojarse del velo descubrirá que el mundo no se resquebraja bajo sus pies. Sus países de origen nos piden a los occidentales tolerancia y respeto. Efectivamente, se los debemos. En justa reciprocidad, ¿podemos pedirles a ustedes que modernicen sus atavismos? ¿qué tal a cambio un poco de transigencia y comprensión? Personalmente no me molesta el velo físico sino otro más espeso: el de la cerrazón mental y la intransigencia.

José Vicente Escofet Aguirre

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