La varicela «sentencia» a los Latin Kings
La Audiencia Nacional suspende el juicio contra 14 cabecillas de la banda
La Razón, 10-02-2007madrid – La Audiencia Provincial de Madrid ha suspendido el juicio previsto
para el próximo 14 de febrero contra 14 presuntos cabecillas de los Latin
Kings en España debido a que algunos de los acusados se encuentran en
prisión preventiva en Madrid III – Valdemoro – , un centro sometido en estos
días a una cuarentena al haberse detectado casos de varicela, según
informaron fuentes judiciales.
Los imputados, entre los que figura
el líder y fundador del clan Eric Javier, alias «Padrino», están acusados
de pertenencia a banda ilícita y de una variedad de actos violentos, por
los que el fiscal solicita un total de casi un siglo de prisión para los
procesados, todos ellos de nacionalidad ecuatoriana.
El escrito de
conclusiones provisionales del fiscal, al que tuvo acceso Europa Press,
expone con toda suerte de detalles la organización piramidal de la banda y
muestra cómo para pertenecer a la estructura los aspirantes están
obligados a «sufrir una agresión» de sus propios compañeros, «o bien
cometer un delito contra la integridad física de una persona».
Así, según relata el representante del Ministerio Fiscal, Eric Javier fundó
en febrero del 2000 la Sagrada Tribu América Spain (STAS) de la
Todopoderosa Nación de los Latin Kings – con un estremecedor «manifiesto»
fundacional – junto con el primer miembro de la banda, José Fabricio I. L,
que ejercía el cargo de «Príncipe». Tras estos dos personajes, la
siguiente líder es la acusada María T. O., la «Madrina», dirigente de la
sección femenina de los «Latin».
Poco a poco la banda
fue «evolucionando hacia una estructura fuertemente jerarquizada», y junto
al «Padrino» se creó la figura del «León Negro» – Javier Efraín B. C. – y
«León Dorado» – Pablo Antonio S. F. – que tenían como cometido proteger al
mismo.
En un escalón posterior, agrega el fiscal, se encuentran los
«sagrados», los «regionales del Reino», los «Supremas» y los «príncipes de
Corona». A continuación, los miembros se organizan a nivel territorial por
grupos denominados «capítulos» – tales como Galapagar y Collado Villalba – ,
dentro de los cuales hay toda una serie de cargos con denominaciones
monárquicas y funciones, entre ellas la formación de nuevos Latin Kings.
Madrid, Reino Inca
Este grupo se estructura
territorialmente en dos Reinos: Madrid, que es el Reino Inca, y Cataluña,
que es el Reino Hispano. Según el escrito jurídico, el objetivo de este
clan, más allá de fomentar los lazos de unión entre miembros de la misma
nación u origen étnico, es cometer infracciones penales contra la vida y
la integridad física de las personas.
«Se ordenaban agresiones
tanto a los miembros de las bandas rivales como a los propios miembros de
la organización por haber cometido lo que la banda entendía como faltas,
ya sea por su intento de abandonar la misma o, incluso, para poder acceder
a ella».
Todos estos objetivos vienen reflejados en el
«Manifiesto», norma por excelencia de la organización, en el que se recoge
la supremacía de la Nación y se designa a los «Ñetas» como enemigos
principales de la banda, a los cuales – dice literalmente – «no se les
dejará crecer, y deben reconocerlos, someterlos y tumbarlos con todo
rencor».
El punto frecuente de encuentro entre ambos grupos era
la zona de la calle Orense de Madrid, y a la altura del número 18 los
Latin Kings dejaban sus armas escondidas por si se producía algún
enfrentamiento con los «Ñetas». Así, la Policía Nacional incautó en los
bajos de Azca tres cuchillos y un punzón.
El modo de ingresar
en los Latin Kings – sigue el documento – tiene tres fases: observación,
«five life» y probatoria. Para superar esta última prueba los candidatos
debían o bien sufrir una agresión de los propios miembros de la banda, o
bien cometer un delito contra la integridad física de una persona,
previamente señalada por los directivos de la organización.
Una vez se había ingresado en la banda, era muy difícil salir de la
misma, ya que era preciso un permiso especial por parte de los dirigentes,
que generalmente se denegaba, o bien se condicionaba a elevadas cantidades
de dinero. Faltando estos requisitos, los miembros que quisieran abandonar
eran sometidos a un fuerte acoso, sufriendo amenazas o agresiones.
La forma de financiación del clan se realizaba a través de cuotas que
semanalmente tenían que entregar sus miembros en las reuniones de los
«capítulos», oscilando el precio entre un euro y medio y tres euros,
aunque en ocasiones se les exigían mayores pagos para comprar armas o para
pagar a los abogados que defendían a imputados pertenecientes a los
«Latin». «Si los miembros manifestaban no disponer de ese dinero, eran
incitados por sus superiores a cometer hurtos y robos», señalando los
lugares adecuados.
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