"La Crónica de Hoy". MÉXICO: "Remesas, el insoportable peso de la realidad"
Por: Marco A. Mares
Prensa Latinoamericana, 06-02-2007México es el principal receptor de remesas del mundo, seguido por India, Filipinas, China y Paquistán.
La noticia, sin duda, revela el fracaso de los últimos gobiernos mexicanos para generar empleos.
Según el Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (Fomin), México registró en el 2006 remesas por 25 mil millones de dólares.
La fotografía que sobre las remesas difunde el Fomin es
lamentable.
Deja ver sin retoques el descarnado rostro de la pobreza en México.
Permite ver las consecuencias de las crisis económicas recurrentes.
Pero también deja ver que la recuperación económica está costando sangre sudor y lágrimas.
Cualquiera podría decir —como de hecho lo repiten hasta el cansancio los dirigentes e integrantes de partidos de oposición dirigentes sindicales, entre otros actores políticos— que las remesas son la prueba evidente de que el modelo económico neoliberal ha fallado.
Más aún, el elevadísimo monto de las remesas puede servir de argumento para aquellos que claman por el cambio de
modelo.
La inocultable expulsión de millones de mexicanos que se ha registrado en los últimos lustros la han utilizado y siguen utilizando aquellos que se oponen y critican a la estabilidad macroeconómica alcanzada en los últimos años.
No ha servido, ni sirve de nada, sostienen.
Como si se tratara de una misma cosa, aseguran que las crisis económicas y los programas de estabilización económica son parte del fracaso de las políticas neoliberales.
Hay que recordarles que las crisis económicas en su mayoría fueron provocadas por los gobiernos populistas, que gastaron de más en aras del supuesto beneficio de los pobres que nunca se concretó.
Salvo la crisis financiera de 1994, en la que fueron corresponsables los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León, pues la soberbia de ambos permitió que México se hundiera por lo que todos conocimos como el error de diciembre, todas las crisis previas fueron por políticas populistas.
Hay quienes confunden la enfermedad con la medicina.
La enfermedad la provocaron las medidas populistas.
La medicina son los programas que se han aplicado para alcanzar la estabilidad macroeconómica.
Aunque hasta ahora el paciente —es decir, la economía mexicana— goza de estabilidad en sus principales indicadores, no tiene la fuerza suficiente para satisfacer sus necesidades en materia de empleos.
Después de varios años en los que ha observado cifras récord anuales, el año pasado México alcanzó otra elevadísima cifra que impone un nuevo récord en el monto de las divisas que envían los trabajadores mexicanos desde Estados Unidos a México.
Al difundir su más reciente análisis sobre el tema de las remesas el Fomin destaca que nadie debería de celebrar que
México es número uno en el mundo, como país receptor de remesas.
Y no debe estarlo porque el creciente monto de divisas que recibe por parte de los trabajadores migratorios revela que la economía mexicana no genera los empleos suficientes y que los salarios que se pagan en México están muy por debajo de los ingresos que necesitan para vivir las familias mexicanas.
Según la encuesta de Fomin, en el 2006, en comparación con el 2003, el envío de dólares creció un 80 por ciento.
El incremento se explica por el disparo de la migración.
El reporte destaca que el 53 por ciento de los mexicanos que emigraron a otro país lo hizo porque estaba desempleados y el resto porque su sueldo era muy bajo.
Las remesas son hoy la segunda fuente más importante de divisas de la economía nacional.
México, sin duda, cuenta con una extraordinaria estabilidad macroeconómica, pero nadie puede ni debe ocultar que hasta ahora ha fracaso en todos sus intentos por reactivar su aparato productivo.
México requiere de políticas que fomenten los sectores económicos que permitan una mayor generación de capital y de trabajo.
Cuando lo logre, y no antes, podrá cantar victoria. Hoy la
recuperación del empleo sigue siendo una asignatura
pendiente.
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