Bolivianos

Los 250.000 bolivianos que viven en España han recibido la fría noticia de la necesidad de visado a partir del 1 de abril de 2007. La medida, que se justifica como argumento de la integración, es en realidad una barrera, una barrera más al duro peaje de la vida de los inmigrantes bolivianos en el contexto de las políticas migratorias europeas a merced de los intereses del mercado y lejos de consideraciones humanitarias.

Diario Sur, 06-02-2007

CON la sensación de frustración del personaje del film ‘Bolivia’ de Adrián Caetano (2001), que lucha contra la intolerancia en una sociedad argentina, que le es hostil, porque se cree superior, los 250.000 bolivianos que viven en España recibieron la fría noticia de la necesidad de visado a partir del 1 de abril de 2007.

El mismo contexto de la película, ‘Quiero vivir’, de la francesa Muriel Brenner (2005), que muestra la vida de los jóvenes del Alto boliviano, que tienen que superar la exclusión social, el alcoholismo, los embarazos no deseados y el desempleo, a lo que se suma ahora el trago amargo de viajar a Europa.

Desde el primer anuncio de la necesidad de visado hasta su reciente concreción se ha producido una amplia migración especialmente femenina, sin la debida planificación y expuesta a múltiples abusos de sus protagonistas. Un número de personas que se suman a las que viven en España y a las más de 350.000 personas bolivianas que viven en Europa, muchas de éllas sin documentación legal por haber sobrepasado los tres meses permitidos como turistas. La psicosis generada por la noticia del Consejo de Ministros Europeo de exigir visado dentro de seis meses ha provocado un sin número de viajes desesperados por llegar a un destino incierto, sin medir los riesgos personales o morales de esa incertidumbre.

Las agencias de viajes se han movido sin escrúpulos vendiendo un pasaje que antes costaba dos mil dólares en seis mil. Los viajeros han sido víctimas también de intermediarios, prestamistas y usureros que ofrecían cartas de invitación con expresiones como «te garantizamos la entrada» y «si no te dejan pasar te devolvemos tu dinero». La verdad es que mucha gente que antes se endeudaba por dos mil dólares y en medio año podían pagar su deuda, ahora necesitan trabajar año y medio para saldarla.

Por otro lado, la situación del país con la subida hace un año del MAS (Movimiento Al Socialismo) al gobierno y Evo Morales, que albergaba esperanzas de cambios sociales para sectores mayoritarios de la población, se ha ido tornando confusa, con evidentes claroscuros e incertidumbres, debido a la confrontación y el distanciamiento de aquellos sectores pioneros del cambio como los comités cívicos, sindicatos o empresarios. El miedo al otro se ha ido aposentando en estos sectores en un principio propensos al diálogo y a la ‘integración’. Los dos puntos en los que los desencuentros han sido más significativos han sido las Autonomías Departamentales y la Asamblea Constituyente, órgano para la elaboración de una nueva constitución del Estado. La verdad es que los cooperantes que viven en Bolivia y miran el periplo de este año del gobierno del MAS, consideran los cambios estructurales más necesarios que nunca, por urgentes, especialmente en políticas que beneficien a los sectores menos favorecidos, como los campesinos y zonas de la periferia urbana.

Así pues, las culturas andina y amazónica dadas a la armonía y la complementaridad, vuelven a estar amenazadas por la ley del péndulo que históricamente ha beneficiado a unos pocos en detrimento de las mayorías y que alguna manera vuelve a empujar hoy a muchas personas al inevitable viaje migratorio.

Cada día llegan más bolivianos a las organizaciones prosociales a buscar trabajo. Para las mujeres es más fácil conseguirlo, pero no para los hombres, que si llegan a conseguirlo, en la mayoría de los casos, es de forma precaria, de temporeros o en la economía sumergida.

El visado es necesario para los que vienen como turistas por tres meses, porque las personas que buscan la residencia, los trabajadores y los estudiantes siempre lo han necesitado. La medida, que se justifica como argumento de la integración, es en realidad una barrera, una barrera más al duro peaje de la vida de los inmigrantes bolivianos en el contexto de las políticas migratorias europeas a merced de los intereses del mercado y lejos de consideraciones humanitarias.

Mientras todos los pasajes de avión han sido comprados hasta abril, llegar a España se ha convertido en una verdadera lotería, porque cada día hay más devoluciones, al menos de un diez por ciento de pasajeros bolivianos que llegan a Barajas, de forma discrecional, es decir, al arbitrio del personal de fronteras. Por eso, desde las instancias sociales se ve necesario, en situaciones críticas como esta, hablar con las autoridades bolivianas, asociaciones de inmigrantes y sindicatos de trabajadores para alumbrar un convenio de migración en condiciones dignas que comprenda, entre otras cosas, el venir a trabajar con papeles, seguridad social o el uso del permiso de conducir.



Luis Pernía Ibáñez (Plataforma de solidaridad con los inmigrantes)

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