Vivir y morir sin techo
Al menos 19 de las 77 personas sin hogar muertas en 2006 lo fueron a causa de la violencia directa, y el 71% falleció en espacios públicos
La Verdad, 03-01-2007Nochevieja y año nuevo no son una fiesta para las personas sin hogar, perseguidas por el aliento helado del invierno y desplazadas de su espacio cotidiano – la calle, su casa a cielo abierto – por las multitudes festivas. Para los 30.000 hombres y mujeres sin techo en España, la calle es siempre fría, pero más en estas fechas de alegrías ajenas en las que se hace más palpable su exclusión social y, en el fragor de los excesos alcohólicos, aumenta el riesgo de que sean víctimas de agresiones y humillaciones.
Precisamente la violencia es el motivo principal de su presencia en los medios de comunicación, donde su diaria lucha por la supervivencia apenas tiene cabida más allá de jornadas de sensibilización como el anual Día de los Sintecho. Como acaba de constatar el barcelonés Centro de Acogida Assís (CAA) al analizar 120 noticias sobre el colectivo publicadas en 47 medios en los once primeros meses de 2006, más de la tercera parte de las informaciones (44) se circunscriben al ámbito de la violencia directa contra personas sin hogar.
El estudio del CAA, un avance del informe definitivo que hará público en este nuevo año, cifra en 77 los sintecho muertos en toda España en esos once meses. El 71% falleció en espacios públicos, y al menos 19 lo hicieron por agresión externa o tras una pelea con otra persona sin hogar. El perfil de las víctimas es el de un hombre (95%) de edad media (47,3 años de promedio), y resulta significativo el porcentaje de extranjeros (25%), que seguramente es mayor, ya que se desconoce el origen del 43%. Las comunidades donde se registraron más muertes fueron la valenciana y Andalucía (14), Galicia (12) y Cataluña (10). En Cantabria y Ceuta y Melilla no hubo constancia noticiosa de ninguna.
Punta del iceberg
Los propios responsables de Assís aclaran, en todo caso, que se trata sólo de la punta del iceberg, y no dudan en apuntar que la cifra real de fallecidos podría duplicar la citada. Por una parte, muchos episodios de violencia son «vividos de forma anónima»; por otra, el centro de acogida recibe en su día a día confirmación de otras agresiones, algunas con desenlace mortal, que no llegan a publicarse.
Las otras violencias
A esa violencia directa reflejada en 19 vidas perdidas, precisa el CAA, hay que añadir otras violencias que define como de orden «estructural y cultural». Entre ellas señala las barreras sociales para acceder a la alimentación, la vivienda y el empleo; las insuficientes políticas de apoyo y los estereotipos que complican su inclusión. Todo ello se combina para componer el telón de fondo de pobreza, marginación y exclusión que se dibuja tras otras muertes por malnutrición, enfermedades crónicas y hábitos tóxicos. La implacable ley de la calle.
Como remacha el Centro de Acogida Asís, la violencia directa contra las personas sin hogar no es sino «el resultado visible de la violencia estructural y cultural que sufren». El viejo estereotipo del vagabundo alcohólico y desastrado sólo responde hoy a una ínfima parte del colectivo, pero esa imagen minoritaria sigue alimentando el estigma de la marginación que los propios sintecho perciben en el viandante que mira para otro lado o incluso cambia de acera. Y la importante presencia de inmigrantes no sólo desencadena todas las fobias de los grupos ultraderechistas y neonazis, sino que causa tensiones y roces dentro del propio colectivo.
A la postre, los sintecho son los convidados de piedra del Estado de Bienestar, que tiene ahí una de sus grandes asignaturas pendientes para este 2007. Desde el CAA se ve con claridad que las actuales políticas sociales no son suficientes, y se aboga por la creación de un observatorio estatal sobre personas sin hogar que haga un seguimiento de la violencia que sufren, ofrezca mecanismos para que sea denunciada y perseguida y promueva campañas de concienciación para prevenirla. También sugiere adecuar la asistencia a la variada tipología del colectivo y facilitar la coordinación y esfuerzo conjunto de las organizaciones que trabajan con los sintecho a través de una red estatal.
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