¡Aguanta, Baltasar!

Las Provincias, 02-01-2007

JOSÉ MARÍA CRUZ ROMÁN/

Aguanta y no te desalientes. Puede que seas el dardo disparado de una raza que se hunde entre aguas pantanosas.


Creciste allá, bajo la arboleda ensombrecida. Has hecho un viaje largo y miserable, palpitando en el cayuco. Luego te cargaron como mercancía de reparto. Y el paquete de tus hambres y tus huesos vino a caer en Valencia.


Te tocó elevar aquí tu estatura de gigante. Estás pasmado e incierto, amigo Baltasar. ¿Y quién te pondría ese nombre? Es el mismo del monarca de Babilonia, el rey vicioso, inculpado y destruido en una noche de terror inmenso.


Pero también es el nombre del rey moreno, que se acerca ya hacia esta tierra donde trajinas sin provecho, comes el pan de Cáritas y duermes bajo los arcos de un puente moderno y civilizado.


Aquí llega el rey Baltasar. Mírale acercarse. Entrará como un héroe de negra piel y ancha sonrisa. Baltasar, el de tu nombre, tuvo que ser éste.


Algún misionero con la cruz al pecho te haría llamar así. O quizá ese bautismo debió surgir como cosa de las monjas que enseñan a lavarse y dan de comer a las criaturas de tu aldea. Este Baltasar que llega con otros dos monarcas más, actuará aquí, para siempre y desde siempre, como repartidor excelso de alegrías y regalos.


Los pueblos de nuestras tierras han erigido altares y han tallado esculturas en honor de los tres reyes magos.


Una filigrana de agujas que apuntan al cielo, cubre su capilla en la catedral de Colonia. Y por esta España a la que has llegado, hay en Soria un precioso y viejo arco románico en el que están los tres monarcas, dormidos bajo el embozo para que al soñar les dicten los ángeles el camino por donde regresar con su caravana.


¡Aguanta un poco, Baltasar emigrante! Has llegado hasta nuestra tierra y vienes de la tuya por redimir allá, bajo el desierto más grande del mundo.


En tu pueblo los hombres se mueren demasiado pronto. Sólo tres de cada cien llegan a cumplir 65 años.


Subsahariano, altísimo y triste, lánguido varón de zancadas inútiles: ¡Aguanta y resiste! Porque el rey Baltasar no tiene derecho a venir y marcharse sin tenderte la mano.

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