«Nos han robado la alegría de la Nochevieja»

Un testigo que temió por su vida asegura que «la explosión estremeció la

La Razón, 01-01-2007

Madrid – «Era horrible, el humo, los cristales, todos corriendo», lloraba
Raiza mientras un ATS de Cruz Roja la envolvía en una manta. Acababa de
llegar a la T – 3, evacuada en un autobús del Samur y aún escuchaba el
retumbar de los cascotes. «Veníamos de Mérida e íbamos a Burdeos cuando
estalló la bomba. La explosión estremeció toda la terminal», relata y
denuncia que, mientras corrían, tropezaron con una de las puertas de
salida, que estaba cerrada.
   Abrazados como Raiza y su familia estaba
también José Arequipa y los siete miembros de la suya. Su vuelo,
procedente de Ecuador, acababa de descargar sus maletas cuando el personal
del aeropuerto les impidió la salida. «Diez minutos después explotaron los
cristales y salimos corriendo hacia las pistas, el humo nos asfixiaba»,
cuenta, aún sin dar crédito a lo sucedido. «Mi cuñado estaba esperándonos
en el garaje», exclamaba alarmado.
   Sin haber sufrido la
explosión pero igual de perdidos estaban Gorka, María, Borja y Adrián.
Regresaban de Punta Cana cuando les retuvieron en el control de pasaportes
durante media hora antes de enviarlos a las pistas. Todavía no habían
cogido su equipaje y venían con pantalones cortos y ropa de verano por lo
que casi se quedaron helados esperando para volver a la terminal. «Estamos
sin maletas, sin información, sin nada», se quejaban.
   En
la T – 4, atrapado en la sala de equipajes con sus hijos pequeños, Eduardo
comenzaba a desesperarse. «Veníamos a acompañar a una persona que se iba
cuando ha explotado la bomba y nos quedamos…. impresionados – explica –
después nos sacaron a las pistas y ahora estamos esperando para poder
salir de aquí, irnos a casa».
   «Esto parece un campamento
de guerra», contaba una de las pasajeras por su móvil. Pasadas varias
horas, comenzaron los motines. «Esta señora se ha colado; o le dice que
vaya a la cola o vengo aquí con mis dos carritos de maletas», amenazaba
una mujer que, junto con otros pasajeros, protestaba ante un agente de la
Guardia Civil por el «cuele» de una señora mayor.
   En
la T – 1, un joven de aspecto tranquilo procedente de la rT – 4 comentaba que
él estaba intentado gestionar «un billete para Barcelona porque he perdido
el vuelo y de repente la terminal ha reventado, y como es de cristal ha
sido tremendo, la gente corría, no sabíamos si salir o no, y nos han
llevado a las pistas».
   Más intranquilos, un matrimonio
ucraniano residente en Oviedo observaba atónito. «Menos mal que hemos
decidido tomarnos algo en la estación de tren al llegar de Oviedo y venir
más tarde, si no, nos coge en la terminal», afirmaba el marido, mientras
ella lamentaba que «nos han quitado toda la alegría de la Nochevieja».
   Un trabajador de Aena aseguraba que «cuando he visto venir una nube de humo
y cristales me he escondido debajo del mostrador. He visto a una de mis
compañeras esconderse en el baño. Yo he tratado de hacer lo mismo, pero ya
estaba abarrotado. Temíamos que después del humo y los cristales llegaran
las llamas. En algunos momentos he temido por mi vida. He pasado miedo,
pero he tenido mucha suerte. Mi puesto está junto a la entrada del
párking, pero hoy me cambiaron de sitio».
   Una mujer que
esperaba en su coche fuera de la terminal señalaba que «ha sonado la
explosión y los cristales de la puerta se han venido abajo. También han
estallado las ventanillas de algunos taxis».
   A las diez de la
noche, la familia López Sabater, de doce miembros, que a las cuatro de la
mañana había salido de Murcia, seguía atrapada en la nueva terminal.
«Estamos con bebés y con ancianos y nadie nos hace ni caso, no nos dan
agua, ni pañales, ni comida, nos tienen dejados, olvidados», se quejaban,
mientras esperaban noticias sobre su vuelo a Pisa.
   

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