«Las imitaciones son muy fáciles de conseguir, las venden mayoristas»
Ubu es un senegalés que lleva once años en España. Empezó vendiendo copias
La Razón, 07-12-2006Madrid – Ubu llegó a España en el 95, con 26 años. Es senegalés. Ahora con
37 mira atrás y afirma que su trayecto vital es sintomático del incierto
destino de los subsaharianos que emigran en masa a occidente.Once años
después de su llegada, sin dinero ni amigos, ha conseguido establecerse en
la construcción, un empleo que le permite vivir, aunque sin lujos. Sus
inicios, sin embargo, fueron de vendedor ilegal y callejero, una ocupación
que daba, según dice, «para sobrevivir y ya está». «La venta no está
organizada ni dirigida por nadie», comenta, «cuando llegué aquí sólo
conocía a una persona, un familiar, y fue el el que me metió en el
asunto». Ubu vendía bolsos y gafas, principalmente. «Los comprábamos sin
ningún problema en un almacén mayorista que había en Tirso de Molina»,
explica en un español perfectamente fluido, «Comprábamos algo a siete
euros y lo intentábamos vender a diez, por ejemplo».
Lo
que siguió fue un periplo de venta callejera, problemas leves con la
Policía – «de vez en cuando nos encontraban y se lo quedaban todo y ya
está» – e incursiones fuera de la capital. De hecho, era habitual
desplazarse hasta la costa durante la temporada vacacional. Él trabajó en
playas de Valencia e Ibiza. «Los abastecedores, en estos casos, no eran
almacenes, sino comerciantes que se desplazaban ellos mismos con fugonetas
repletas de material y nos lo vendían». Luego, a pasear por la playa
esperando que alguien se interesase por la mercancía.
«También
estuve una temporada vendiendo en el metro, en Plaza de Castilla,
vendiendo camisas». Recuerda aquella época como algo lejano, pero reconoce
que su ocupación actual en la construcción tampoco es Jauja. Lógicamente,
lo prefiere, al fin y al cabo es una ocupación legal, pero se queja de que
«jamás nos hagan un contrato fijo, siempre estamos de manera temporal, y
así es muy difícil progresar». De hecho, él considera que en todo este
tiempo de esfuerzo ha conseguido que su vida «mejore un poco, pero no ha
sido un cambio excesivo con respecto a como estaba en mi país».
Promesas incumplidas
«Me fui de Senegal porque tuve un
accidente de moto que me dejó en el dique seco durante un tiempo. Estaba
en el paro y decidí irme a ver mundo en lugar de tratar de ir a la
universidad. Mi padre no estaba de acuerdo». Ahora, relata, la situación
ha cambiado allí. «Prácticamente, el país entero quiere irse, sobre todo
los jóvenes». Él vuelve de vez en cuando, para visitar a familiares y
amigos, y la narración de su tiempo en España no es la del mundo idílico
que todos esperan. «Yo también esperaba otra cosa. Si volviese a aquella
época no lo haría de nuevo. Se lo digo a los chavales de allí, pero, como
es lógico, no me hacen ni caso». Europa sigue siendo un foco demasiado
apetecible, aunque a la mayoría tan solo les espere, con suerte, una
ristra de años haciendo guardia en la calle con un puñado de bolsos en la
mano.
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