La comunidad musulmana reivindica la construcción de un cementerio islámico

el código religioso del colectivo no acepta enterramientos en los nichos cristianos

Diario de noticias de Gipuzkoa, 03-12-2006

El nuevo reglamento de sanidad mortuaria de Euskadi dio luz verde hace dos años a los cementerios de otras religiones El nuevo reglamento de sanidad mortuaria de Euskadi dio luz verde hace dos años a los cementerios de otras religiones

Una joven reza ante una tumba del cementerio de Polloe.Foto: karlos corbella


jorge napal

Donostia. Cuando un musulmán muere en Gipuzkoa, está creando un serio problema a sus allegados e, indirectamente, a la Administración. La Sharia , o ley islámica, no permite su enterramiento en ningún panteón o nicho cristiano, por lo que la alternativa para que “Alá le reciba en su jardín y le conceda paz eterna” suele ser la repatriación del cadáver al país de origen, con la consiguiente carga económica para familias con economías, de por sí, diezmadas.

Gipuzkoa, con algo más de 3.000 fieles – sin contar las personas que puedan estar en situación irregular – es el territorio con menor presencia de musulmanes en la CAV, donde se registran más de 10.000.

La configuración del colectivo musulmán en territorio guipuzcoano es muy dispersa, lo que en buena medida explica el escaso movimiento asociativo. La religión es el eje vertebrador, que gira en torno a las mezquitas en Eibar, Zumarraga, Errenteria y Azpeita.

Es en este escenario donde vuelve a reactivarse la vieja reivindicación para la creación de un camposanto que permita enterrar a los fieles de Mahoma siguiendo el rito islámico. “No nos podemos engañar. Se está configurando una sociedad con una importante presencia de musulmanes. ¿Qué debemos hacer cuando fallezcan? ¿Dónde los enterramos?”. Saber Aroz es miembro de Assabil, el centro sociocultural islámico más pujante del País Vasco, ubicado en Bilbao.

El joven se muestra convencido de que las distintas administraciones, ayuntamientos, diputaciones y consejerías del Gobierno Vasco no hacen “todo lo que está en su mano”.

camposanto a medio camino Desde que esta asociación irrumpió hace cuatro años, sus miembros han mantenido contactos con distintas instituciones a las que han trasladado la preocupación de ver cómo se multiplican los problemas cuando muere un familiar.

“Lo ideal sería conceder un terreno para construir un cementerio para toda la comunidad, un camposanto situado a medio camino entre Bilbao, San Sebastián y Vitoria”, detalla Aroz.

No han mantenido un encuentro oficial con el Gobierno Vasco porque entienden que se trata de una cuestión municipal. “El Ayuntamiento de Bilbao nos dijo que se iba a gestionar la reclamación, pero no sabemos nada más. Seguimos esperando”, relatan desde Assabil.

Por el momento, el municipio que más cerca ha estado de materializar este viejo anhelo ha sido Vitoria. Fue en marzo de 1998 cuando el Ayuntamiento de la capital alavesa decidió reservar para tal fin una parcela situada junto al cementerio de El Salvador.

La decisión la adoptó el gabinete de Cuerda en base a un acuerdo suscrito en 1992 entre el Gobierno de Madrid y la comunidad islámica, por la que los ayuntamientos tienen obligación de reservar una parte de los cementerios para los enterramientos musulmanes.

freno normativo El mayor freno por aquel entonces tenía un nombre: el reglamento de sanidad mortuoria de Euskadi, que databa de 1974, y no permitía este tipo de enterramientos.

La ley cambió el 19 de octubre de 2004 y, en virtud de la nueva norma, el equipo de gobierno local realizó las gestiones económicas y administrativas necesarias para que se acometiera en la construcción de la citada necrópolis.

La iniciativa legislativa sugería que el cementerio se hiciera en coordinación con Eudel y el Gobierno Vasco para evitar actuaciones aisladas del resto de los consistorios de la CAV. “Pues bien, seguimos esperando, aquí no ha cambiado nada”, asegura el musulmán Othman Gómez Cortázar, miembro del mismo centro sociocultural islámico Assabil.

“No se trata de ningún capricho. Entendemos esta vida como un tránsito hacia otra mejor, y hay que hacerlo de una manera digna”, explica Othman.

El rito funerario musulmán nada tiene que ver con un entierro cristiano. Al cuerpo se le debe limpiar y perfumar, cubrirlo con una tela natural de lino o algodón para acabar enterrándolo en contacto con la tierra – sin ataúd ni monumentos ostentosos – y enquiblado , es decir, mirando a la Meca. No hacerlo, es desobedecer un mandato directo de Alá.

Saaber se muestra conciliador. “Nosotros envolvemos el cuerpo en una sábana, pero bueno, eso no sería prioritario, se podrían hacer excepciones”, acepta.

Dada la imposibilidad de realizar hasta la fecha este tipo de enterramientos en Euskadi, es habitual la repatriación del cadáver al país de origen, que es muy costosa, por lo que muchos fieles de Mahoma han optado por contratar un seguro.

Existen cementerios musulmanes en localidades del Estado como Zaragoza, Barcelona, Valencia, Madrid y varias ciudades de Andalucía, aunque normalmente el espacio reservado es limitado y existen muchas dificultades para enterrarlos en estos lugares.

Algunos miembros del colectivo observan que otras alternativas, como la incineración, no son más que “una baza” que aprovechan las compañías de seguros para desarrollar “todo un negocio a costa de la muerte, lo que desde el punto de vista de nuestra Sharia es ilegal: nadie tiene por qué pagar para que se le entierre, es un derecho de todo musulmán”, reflexionan.

Saaber observa que la comunidad musulmana pasa por un buen momento, que poco a poco va aumentando la oferta cultural y se va abriendo restaurantes y carnicerías, “pero todo se hace con muy poco apoyo de las instituciones públicas”.

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