El precedente belga

Las Provincias, 28-11-2006

En las pasadas elecciones municipales de Bélgica, hace poco más de un mes, se dio un fenómeno curioso. Había gran expectación por ver la evolución, en la región de Flandes, del partido ultraderechista y xenófobo Vlaams Belang (Interés Flamenco), en cuyo ideario predominan propuestas contrarias a la presencia de inmigrantes en el país, a quienes responsabilizan del aumento de toda clase de problemas y de la pérdida de valores locales.


Unos pronosticaban que este partido, que ya era árbitro en el ayuntamiento de Amberes, subiría, y otros, que bajaría.


Pues bien, ocurrió un poco de ambas cosas. Subió un 5% en el cómputo colectivo de toda la región flamenca, aunque no logró ninguna alcaldía importante, y en cambio bajó bastante en Amberes, donde era el partido más votado y ahora se ha consolidado el gobierno del partido socialista, que hasta ese momento estaba en minoría.


Y ambas cosas, la subida general y la bajada en la capital, constituyen el fenómeno curioso que indicábamos, porque, según los expertos, se ha debido a los movimientos poblacionales de los últimos tiempos.


Desde hace dos años, en Bélgica tienen derecho a voto los inmigrantes no comunitarios, y estos predominan sobre todo en los grandes núcleos urbanos, donde, a su vez, se está produciendo una salida de parte de los habitantes digamos tradicionales o autóctonos, que se han ido a vivir a municipios del extrarradio. De esta manera tenemos que en Amberes ha habido un descenso de los potenciales votantes de Vlaams Belang, que han ido a engrosar las filas de sus posibles seguidores en otras poblaciones menores, ahora de carácter más residencial, y, a la vez, se ha dado un aumento de los potenciales votantes de otros partidos, especialmente de los de izquierdas.


Este curioso movimiento poblacional no es extraño entre nosotros, pues también aquí se registra un ahuecamiento de los centros de las grandes ciudades y una cierta huida de población de origen español en barrios periféricos, cada vez más habitados por personas recién llegadas de otros países. Los que salen se van a urbanizaciones de pueblos próximos, que crecen sin parar. O sea, que ex votantes de Valencia capital están censados ahora en Pobla de Vallbona, Chiva, Lliria o Rafelbunyol, y el hueco que han dejado lo van ocupando personas que aún no tienen derecho de voto, pero lo tendrán próximamente. Entre nosotros no hay, afortunadamente, partidos declaradamente xenófobos como el flamenco, pero, por si acaso, los políticos harían bien en trabajar con mucho conocimiento para que el paralelismo con la realidad flamenca nunca llegue a las tensiones de allí.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)