Los judíos abogan por el abandono progresivo de los símbolos religiosos en la vida pública

ABC, 28-11-2006

J. B.

MADRID. El velo, el crucifijo, el kipá… los símbolos religiosos tienen una relevante presencia en nuestro país, que pese a definirse mayoritariamente como católico, cuenta con una sensible presencia de otras confesiones cristianas, musulmanes y judíos. Todas ellas consideradas religiones «de notorio arraigo» y que tienen suscritos acuerdos de colaboración con el Estado español. Y una opinión al respecto.

Así, el presidente de las Comunidades Judías en España, Jacobo Israel Garzón, apuntaba en declaraciones a este diario que «deberíamos evitar los símbolos religiosos para mejorar la convivencia». En su opinión, «no pasa nada porque una persona lleve un crucifijo, pero éstos no son necesarios en un aula pública».

Para el rabino, «lo que deberíamos hacer entre todos es afrontar un progresivo abandono de la utilización pública de los símbolos religiosos, de cualquier confesión, a favor de su uso privado», si bien no es partidario de «revoluciones».

Entre todos estos usos, Jacobo Israel se declara «en contra del uso del velo islámico», por entender que sobrepasa el ámbito religioso para convertirse en una cuestión que no afecta a todos los fieles, sino sólo a las mujeres. Algo similar podría ocurrir con el uso de kipá, poco común en España y mucho más en Israel, Estados Unidos u Holanda.

Religión, hogar y culto

Para Jacobo Israel, junto a posibles debates sobre la laicidad o la presencia de símbolos religiosos en la vida pública, «debemos distanciarnos lo menos posible el uno del otro, y que la religión forme parte de nuestra persona, nuestro hogar y nuestros lugares de culto».

Desde la Conferencia Episcopal no se quiso valorar la polémica, si bien fuentes episcopales indicaron que la instrucción pastoral aprobada la semana pasada, y que será presentada mañana, aborda las dificultades de la libertad religiosa en España, haciendo especial hincapié en los intentos por desplazar la manifestación de la fe al ámbito de lo privado. En este sentido, los obispos hablan de una «oleada de laicismo».

Sí terció en el debate el padre Ángel García, presidente de Mensajeros de la Paz y que ayer partió hacia Irak, de donde traerá a varios niños y niñas, «cristianos y musulmanes», para ser operados de diversas dolencias, y que podrían ser recibidos por Benedicto XVI como símbolo de convivencia interreligiosa. En su opinión, «hay que usar más la palabra libertad. Si las mujeres quieren llevar velo, ¿por qué no? Otra cosa es que les obliguen a llevarlo, lo que no sería aceptable. Igual que no se le puede prohibir usar la prenda voluntariamente, las musulmanas han de tener el derecho a quitársela cuando quieran».

En todo caso, y más allá de la presencia pública de estos atuendos religiosos, lo que parece evidente es la dificultad de advertir si el uso del velo es una elección personal de cada mujer musulmana o si, por el contrario, resulta un símbolo de «sumisión» al hombre.

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