FUTBOL / Violencia en los estadios

Cuando sobran las gradas

El Mundo, 27-11-2006

RUBÉN AMON. Corresponsal

PARIS.-EL GOBIERNO FRANCÉS BARAJA EVITAR LA ENTRADA DEL PUBLICO A LOS PARTIDOS CADA VEZ QUE EXISTA RIESGO DE CHOQUES VIOLENTOS Los hinchas del Paris Saint – Germain tuvieron permiso para organizar ayer en Nantes una manifestación silenciosa en memoria del ultra que murió el jueves a manos de un policía en legítima defensa. Iban custodiados como los proscritos de un auto de fe, aunque la procesión blindada no les preservó de los insultos de algunos aficionados rivales. Nada importaba el resultado a domicilio. Importaban las medidas de seguridad – 300 agentes y 500 voluntarios – y las políticas que van a adoptarse para erradicar la violencia y el extremismo.


La última la propuso ayer en L’Equipe el presidente de la Federación Francesa de Fútbol, Fréderic Thiriez, partidario de conceder al árbitro plenos poderes para suspender un encuentro en caso de que se perciban manifestaciones xenófobas o cualquier otra expresión racista. «Si en un sector de las gradas se escuchan gritos de mono en alusión a un futbolista vendría a cuento suspender el encuentro. Sólo esta clase de gestos fuertes y concretos pueden evitar el desbordamiento», señalaba.


El fútbol se ha convertido en una cuestión de Estado y en un argumento de la campaña política que se avecina. No sólo porque el lema de la tolerancia cero refuerza el enfoque ejemplarizante de Nicolas Sarkozy, actual ministro de Interior. También porque la candidata socialista al Elíseo, Ségolène Royal, propone vaciar las gradas donde se agrupan las hinchadas beligerantes de los equipos franceses.


«Hace falta una media taxativa. El cierre de las tribunas que alojan a los hinchas indeseables se presenta como la mejor solución para acabar con el racismo, el antisemitismo, la violencia y muchas otras formas de incitación que no podemos tolerar en los estadios», señalaba madame Royal.


La diatriba política viene a cuento de los gravísimos incidentes que se produjeron al término del encuentro entre el París Saint – Germain y el Hapoel de Tel Aviv. Un grupo de violentos parisinos quiso vengar la derrota (2 – 4) a costa de reventar a un hincha rival que finalmente pudo «refugiarse» en la custodia de un policía que patrullaba vestido de paisano.


El agente trató de disuadir a los violentos con gases lacrimógenos, pero la avalancha de varias decenas de vándalos le constriñó a utilizar la pistola. Bastó un disparo para matar a uno de los ultras – tenía 24 años – y para herir a otro (26), aunque la Fiscalía de París considera probado que el policía intervino en legítima defensa cuando no le quedaba otro remedio.


Así consta en las declaraciones que hizo ayer Jean Claude Marin, autoridad judicial responsable del caso y depositario de una versión que ofrece pocas dudas: «Emplear el arma era una cuestión de supervivencia, considerando que el número de asaltantes, entre 80 y 100, representaban una amenaza para el policía y para la persona que él mismo custodiaba».


El agente en cuestión fue puesto ayer en libertad y ha obtenido implícitamente el apoyo del ministro Sarkozy, cuya indignación ante la reyerta fascista del jueves ha cobrado forma en una serie de medidas gubernamentales que pretenden desmantelar a los grupo violentos.


La más sorprendente consiste en la posibilidad de organizarse partidos sin público cuando haya riesgo de violencia, mientras la que más inmediata radica en escribir un elenco riguroso con los ultras más peligrosos de modo que ninguno de ellos pueda tener acceso a los estadios franceses. También va a regularizarse la venta de las entradas – sólo podrán venderse en asociaciones oficiales – y va a recomendarse a los jueces de la Liga profesional que sean particularmente contundentes y ejemplares cuando llegue el momento de sancionar las manifestaciones de racismo.

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