El control de la frontera es la pelea del ratón y el gato

Si los marroquíes aprendieran a manejar cayucos, la riada de inmigrantes sería imparable

La Vanguardia, 06-10-2006

JOSÉ BEJARANO – Sevilla
En el fenómeno de la inmigración, todos aprendemos de todos y cada cambio que se registra nos plantea un nuevo reto, es una nueva vuelta de tuerca. Lo decía hace unos días un capitán de la Guardia Civil especializado en inmigración ante la primera embarcación con inmigrantes localizada en Baleares. Antes arribó otra a Águilas (Murcia) y se detecta un rebrote del fenómeno en Andalucía. La lógica es siempre la misma, cuando se cierra una puerta, y parece que la vía de Canarias ya está controlada, otra se abre. Si los cayucos son capaces de realizar un trayecto de dos mil kilómetros entre Senegal y Tenerife, por qué no van a viajar las pateras menos de 300 que dista Baleares de Argelia en un Mediterráneo mucho menos agitado que el Atlántico. Ala Costa Azul son capaces de llegar si se lo proponen.

En inmigración todos aprenden de todos, pero hay limitaciones. Por ejemplo, los pescadores marroquíes y argelinos que trabajan en el Mediterráneo no tienen la tradición de largas travesías en pequeñas embarcaciones. El fenómeno del cayuco es específico del Atlántico, especialmente al sur de Mauritania. Los maestros en construirlos y pilotarlos son los senegaleses, acostumbrados de antiguo a hacerse a la mar con sus artes de pesca, un hornillo para la comida y pasar varios días sin regresar a tierra. No son pequeñas embarcaciones de seis u ocho metros de eslora, sino de catorce a veinte metros, hondas y muy marineras. En la costa mediterránea de Marruecos y Argelia los barcos accesibles para la emigración son pequeños y hechos por viejos carpinteros sin capacidad para producir pateras en cantidades suficientes. De hecho, las pateras han sido sustituidas en esta zona por lanchas neumáticas, más fáciles de esconder y transportar.

La principal pregunta de este momento es ¿por dónde van a venir ahora si, como parece, la amenaza de repatriación fulminante y la vigilancia costera cierran la vía de Canarias? A esa pregunta, que no tiene respuesta a este lado de la costa, ya están respondiendo con los hechos las organizaciones que trafican con inmigrantes: a las repatriaciones fulminantes contestan con pasajeros menores de edad y al control policial, con profusión de pateras pequeñas que se abren en abanico para sortear el acoso de las patrulleras. “Desde hace quince años, esto es siempre una pelea del ratón y el gato”, decía ayer un agente. “Ellos siempre encuentran la forma de darnos la vuelta”.

Incluso antes de cerrarse una vía ya han abierto otra. El síntoma más evidente de que la ruta de Canarias decae es que desde hace un par de semanas tantean el salto desde Marruecos y Argelia, con destino en la costa levantina. ¿Quiere esto decir que a partir de ahora irán a Almería, Murcia, Alicante o incluso Baleares? Es la ruta más probable, aunque en esta zona no parece que pueda alcanzar la dimensión de Canarias este verano por la sencilla razón de que no existen los cayucos y que los candidatos a emigrar tienen antes que superar la dureza de varios filtros: el Sahara y las policías de Marruecos y Argelia. Además, los trayectos son más cortos, pero los precios son superiores. De momento, los pasajeros que llegan por el Mediterráneo son marroquíes y argelinos, muchos menores de edad para eludir la repatriación. Pero la prueba de que los flujos buscan ya otros cauces es que esta semana ha habido un nuevo intento de salto de la frontera de Melilla. Como hace un año. Éstos eran subsaharianos y eso indicaría que el tapón en la costa occidental de África les empieza a empujar hacia el norte. Otro recurso que les queda es el de los buques pesqueros que abundan, medio en ruina, a lo largo de los puertos africanos. Y las bodegas de los mercantes que hacen cabotaje. Además, la dureza mostrada por Marruecos en el último año empieza a resquebrajarse. Prueba de ello es que varios fines de semana seguidos se han repetido las llegada de pateras a Almería y Granada. Tantean el grado de vigilancia en la costa española y el celo de los agentes marroquíes.

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