Pastores
LA VENTANA PEDRO CHARRO AYESTARÁN
Diario de Navarra, 02-10-2006SE ha celebrado en Teruel un congreso de pastores. En la radio, oigo entrevistar a uno de ellos que recuerda las canciones que cantaba su padre, también pastor. Ahora, dice, los pastores ya no cantan. No sabe por qué. Y su padre, dice el entrevistador, ¿por qué cantaba? Porque era feliz, contesta el pastor rápidamente, como si fuera obvio.
Hoy, como se sabe, es imposible ser feliz, sobre todo ser feliz como lo era un pastor en Teruel, en los años 50, a quien bastaba una loncha de tocino, la bota y el cielo estrellado para romper a cantar. Por San Miguel pastores a la Bardena, dice el verso, a comer migas con sebo y dormir a la serena. Hoy día el que hace mucho dinero o bien compra un gran paquete de Endesa o de Iberdrola, o bien se embarca en un viaje espacial previo pago de una millonada. Tonterías. Si yo pudiera viajar de verdad, viajaría en el tiempo y no en el espacio, y mi lujo sería dejar este otoño laborioso y escolar colgado y bajar con un rebaño desde Urzainqui o Roncal hasta Carcastillo y entrar con el toque de trompeta en la Bardena, aun que sé que es un capricho de señorito. Hoy el congreso de pastores debate sobre las cañadas, las razas y el queso de oveja, sobre los lobos y sobre el papeleo que les irrita, pero sobre todo sobre el fin de la profesión pastoril y el impacto de la inmigración. Los pastores no quieren que sus hijos sean pastores, desde luego, sino funcionarios o administrativos de la caja de ahorros, que es la forma moderna de felicidad. Los nuevos pastores son rumanos, moldavos y sobre todo marroquíes, de donde vienen pastores expertos pero que no duran mucho, porque dan en cuanto pueden el salto a la ciudad.
Me pregunto por qué no se importan de la sabana africana. Hace unos días atravesé Castilla y vi junto al yermo desolado de Catalañazor un rebaño cansino conducido por un viejo pastor que se dirigía hacia el sur, hacia la nada. Lo estuve mirando un rato, por si le oía romper a cantar, hasta que se perdió a lo lejos, levantando polvo.
p.charro@diariodenavarra.es
(Puede haber caducado)