Por un Estado laico con firmes convicciones religiosas
ABC, 01-10-2006FRANCISCO DE ANDRÉS
MADRID. «En la Francia de inicios del tercer milenio, el lugar que ocupa la religión es central». No es el cardenal de París, Jean – Marie Lustiger, quien hace esta audaz afirmación sino el ministro del Interior y favorito a la Presidencia de la República francesa, Nicolas Sarkozy. Su libro «La República, las religiones, la esperanza» acaba de ser publicado en español por la editorial Gota a Gota de la Fundación FAES, con prólogo de José María Aznar.
Lo insólito de la temática – la relación Iglesia – Estado, el diálogo con el islam y el papel de las religiones – se matiza por el hecho de que en Francia el cargo de ministro del Interior lleva aneja la cartera de Cultos. En su periodo 2002 – 2004 al frente de esa competencia, Nicolas Sarkozy acometió la polémica tarea de institucionalizar la relación del Estado francés con el islam, a través de la creación del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), impulsó la ley de prohibición del velo en las escuelas públicas e hizo frente a los primeros brotes de violencia racial en las barriadas, que dos años después conocerían sus momentos más sombríos
A través de la extensa entrevista con el dominico Philippe Verdin y con el profesor Thibaud Collin aparece la fibra del Sarkozy conocido, intuitivo y de retórica ágil y directa al mentón. Y, junto al hombre de acción, el político reflexivo, de convicciones sencillas y firmes.
Nicolas Sarkozy expresa lealtad al arraigado concepto francés de Estado laico, pero aboga por un desarrollo distinto al que Francia conoció en el pasado. «Al revés que cierto número de mis predecesores no he profesado una educada indiferencia respecto de las religiones», afirma el ministro del Interior francés. En un Estado europeo moderno, gestionar las religiones no puede limitarse a garantizar el orden público. La protección de la libertad religiosa procede de la honda convicción de que «para nuestra sociedad, las religiones constituyen un asunto de gran importancia, pues son portadoras de una esperanza».
Cuestión de valores
¿Qué puede separar a los jóvenes acomodados de la tentación de la droga, o a las legiones de desheredados de la violencia? Nicolas Sarkozy hace una lectura, polémica quizá pero coherente, de las raíces de los disturbios en los suburbios habitados por inmigrantes musulmanes. «En estos momentos en que están ausentes de nuestras barriadas los lugares de culto oficiales y públicos, se aprecia en qué medida ha podido ser la aportación espiritual un factor de apaciguamiento, y qué vacío dejó al desaparecer». En Francia en general, «y en mayor medida en las barriadas que concentran todas las desesperanzas, es preferible que los jóvenes tengan esperanza espiritual en vez de tener en la cabeza como única «religión» la violencia, la droga o el dinero».
El Estado debe garantizar el respeto y la promoción de todas las religiones que se practican en su territorio. En el caso de Francia y de la Unión Europea, debe mostrar una sensibilidad especial hacia el cristianismo «que no es sólo un culto sino también una cultura». Y, en las presentes circunstancias, tiene que prestar una atención especial a la integración de los nuevos ciudadanos europeos de religión musulmana para evitar la multiplicación de los ghettos y la deriva hacia la violencia integrista. Lo que no obsta para que el ministro del Interior francés reivindique medidas de fuerza, como «la expulsión manu militari de cualquier imán que apele al odio a los judíos».
Como es lógico, Sarkozy se extiende ante sus interlocutores en las razones que le llevaron a crear el Consejo Francés del Culto Musulmán, organismo que agrupa tanto a los movimientos moderados fieles a la República como a los radicales, de origen marroquí. El candidato conservador a la Presidencia francesa defiende la necesidad de contar «con un solo interlocutor», porque, a diferencia del catolicismo, «en el islam no hay clero ni jefatura religiosa», y es esencial desactivar los riesgos de radicalización de los cinco millones de musulmanes franceses. Aviso de navegantes para otras naciones europeas donde la población musulmana no deja de crecer.
¿Asimilación a la francesa o multiculturalismo anglosajón? Las dos fórmulas muestran goteras, pero Sarkozy se inclina por la integración que lleva a cabo la república gala, con decisiones tan polémicas como la ley de prohibición del velo musulmán en las escuelas públicas.
En este punto, Sarkozy no descubre ningún flanco débil. «En un diálogo televisado tuve ocasión de decir con franqueza a una mujer que se cubría con el velo: «Al entrar en una mezquita yo me quito los zapatos. Cuando entre usted en una escuela, quítese el velo». Esto es lo que ha de ser el islam de Francia». Se puede discutir la comparación, poner en tela de juicio lo oportuno, y específico de Francia, de la prohibición del velo islámico en los liceos, pero la lectura de las razones esgrimidas por uno de los protagonistas directos del problema es, por lo menos, estimulante ante la ausencia de debate en otros países europeos.
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