El Sáhara, un conflicto oneroso
Deia, , 06-11-2026En la actualidad, es lamentable comprobar como tras décadas de resoluciones, acuerdos y compromisos hay contenciosos que no han sabido resolverse pese a la lógica del derecho internacional, como ocurre con el Sáhara y Palestina. No porque en ninguno de los dos casos sea imposible llegar a una solución, sino porque en ellos se han impuesto los intereses políticos, ideológicos y religiosos más inmovilistas que los han convertido prácticamente en irresolubles, provocando en consecuencia un ingente dolor e infinitos sufrimientos. ¡Bienvenida sea la irracionalidad humana! Cuando se podían haber evitado, al menos, moderado, tanto padecimiento inútil y víctimas. Es actualidad el Sáhara Occidental y los debates que se están produciendo en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidos acerca de su devenir. Esta tierra ignorada.
Dejando a un lado la vergonzosa actuación de España en el [no] proceso de descolonización del territorio, es más sangrante el hecho de que un organismo internacional como la ONU haya sido incapaz de encararlo con garantías y no lo haya podido solventar. Habría hecho falta firmeza, coherencia y determinación, lo que habría limitado el alcance de tanta penuria, injusticia y desolación. Pero siempre han faltado tales ingredientes, mientras se dejaba en la estacada a este pequeño pueblo resiliente. A estas alturas, por desgracia, la posibilidad de que se pueda alcanzar alguna clase de compromiso para que los saharauis puedan resolver su futuro es prácticamente imposible, gracias a los movimientos y maquiavélica estrategia que ha seguido Marruecos en los últimos años, salvo que se dé un vuelco muy inesperado en la política internacional. El renovado interés sobre este territorio ha sido una mera casualidad, a tenor del complejo panorama internacional que vivimos, y ha venido a coincidir con fin de la misión de la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental). Este hecho ha generado un debate sobre la continuidad o clausura de la misión, lo que, en este último lugar, daría lugar a que las tesis marroquíes se impusiesen. En suma, se validaría que el país que ha sometido por la fuerza a otro pueblo sea quien decida sobre su futuro… resulta descorazonador.
Cuando la ONU aprobó la creación de la Minurso en 1991, hace 35 años, tenía un fin muy específico: preparar el escenario para un referéndum de autodeterminación. Sin embargo, Rabat ha hecho lo imposible e indecible para que éste no tuviera lugar, favoreciendo que sus labores de verificación fuesen estériles. Pero incluso en el caso de haber podido producirse, Marruecos ha buscado jugar siempre con ventaja, transfiriendo población marroquí a este territorio para desequilibrar el peso demográfico a su favor. Por si no fuera suficiente, el reino alauí ha sabido granjearse simpatías en países relevantes, entre ellos Estados Unidos, y representar el papel de una monarquía moderna (que no democrática) cuyo encarnizado enemigo es el islamismo radical. Todos ellos han sido factores que han jugado en su beneficio, contemporizando, lo que ha llevado al fracaso de la Minurso y la parálisis de cualquier proceso que pudiera darse para conocer la verdadera voluntad de los saharauis. El referéndum debió haberse celebrado décadas atrás, ahora, en cambio, es más complicado por la posición de control y fuerza que ocupa Marruecos en el territorio. Hay casi más población saharaui exiliada en los campamentos de refugiados de Argelia que en el propio Sáhara…
Ahora bien, gracias a la Administración Trump, que ha asumido el plan del gobierno marroquí de convertir el Sáhara en una provincia autónoma, invalidando así la vía de la independencia, Rabat no sólo ha conseguido un aval importante, sino un gobierno aliado que sólo se fija en el negocio, sin pensar en las consecuencias de sus acciones, por imprudentes e ilógicas que sean, pues para nada tiene en cuenta a sus gentes. De hecho, la postura estadounidense de abandonar el propósito de un referéndum traiciona los principios que constituyen el fundamento de los Estados Unidos: el derecho de los pueblos a decidir en libertad. Sin embargo, cuando todo parecía favorable a Rabat, inesperadamente, Moscú, pese a la nueva buena sintonía con Washington, ha decidido vetar la resolución estadounidense. Y el embajador ruso, Vasili Nebenzia, presentaba a su vez otra iniciativa para que la Minurso siguiera cumpliendo el mismo rol que hasta ahora (de verificación, aunque con funciones muy restringidas). Los estadounidenses, molestos por la decisión rusa de no avalar su iniciativa, han respondido vetándola a su vez. De no encontrarse una vía para el acuerdo, y no lo parece, vistas las posturas tan encontradas, la misión de paz se desmantelará sin que nadie ni nada la sustituya. El peligro de que esto suceda es que la tensión entre Marruecos y Argelia, donde tiene sus bases principales el Frente Polisario, pueda derivar en una escalada bélica entre ambos, visto también el fracaso de las conversaciones sostenidas entre representantes del reino alauí y el Polisario en Madrid.
De momento, el gran perjudicado, a corto plazo, es Marruecos que confiaba que este tema se pudiera zanjar fácilmente en un contexto que le era favorable, sin entender que la política internacional es un perverso tablero de ajedrez de intereses cruzados. El Kremlin ha visto su oportunidad para demostrar que sigue siendo una potencia mundial con la que se debe seguir contando, pese a ese cenagal en el que se ha metido ella solita (Ucrania).
En todo caso, esto es un interín, una oportunidad para los saharauis inesperada, porque de haber logrado Rabat su propósito habría sido un golpe tremendo para sus intereses. Aun así, esto significa únicamente que se mantiene abierto un leve resquicio y que no se les ha cerrado del todo la puerta de la independencia, pero sin el respaldo de la ONU y una misión internacional de paz, sus opciones de un cambio de perspectivas son escasas. No debería ser así; no debería primar nunca la ambición sobre la dignidad de los pueblos.
Doctor en Historia Contemporánea
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