Acoso escolar en Gipuzkoa: la Fiscalía abre un 68% más de expedientes en un año
Advierte de que el 'bullying' se cronifica y sigue causando un profundo sufrimiento a las víctimas, pese a los protocolos y medidas desplegados para combatirlo
Diario Vasco, , 06-11-2026El infierno del acoso escolar no da tregua en Gipuzkoa. La Fiscalía de Menores abrió 42 expedientes de reforma por hechos relacionados con el ‘bullying’ en 2025, un 68% más que el año anterior, cuando se registraron 25. Se trata de procedimientos en curso ante indicios de infracciones penales cometidas por menores de entre 14 y 17 años, algunos de cuyos comportamientos llegan a alcanzar cotas de crueldad difíciles de imaginar.
La sensibilidad social hacia este problema ha aumentado en los últimos años y las instituciones, la inspección educativa y los propios centros escolares han intensificado sus esfuerzos para combatirlo. Sin embargo, pese a todos estos avances, «el acoso escolar continúa siendo una realidad que causa mucho sufrimiento y a la que todavía no estamos sabiendo dar una respuesta adecuada», advierte a este periódico la Fiscalía de Menores de Gipuzkoa.
El territorio no es una isla. Ese mismo hostigamiento, tanto presencial como a través de las redes sociales, sigue lejos de remitir y «se cronifica» en el conjunto del Estado. Durante el curso 2025 – 2026 ha vuelto a aumentar y ya afecta a más del 14% del alumnado, según alertan los propios alumnos en el VIII Informe ‘La opinión de los/as estudiantes’, elaborado conjuntamente por las fundaciones Mutua Madrileña y ANAR.
Más de uno de cada cuatro menores que lo sufren asegura, además, que la situación se prolonga durante más de un año. El aspecto físico, la cultura, la raza y la religión figuran entre los principales motivos de burla, hostigamiento y agresión hacia las víctimas. «Puto negro, vete a tu país, este no es tu país, moro gay. Si Vox gana tú te vas de este país porque eres un inmigrante». En estos términos se expresaba el año pasado un menor de 14 años de un centro guipuzcoano que acosaba a su víctima, un caso que acabó llegando a la Fiscalía del territorio. «Que un discurso de odio cale en niños tan jóvenes es muy preocupante», advierte.
La preocupación por esta problemática ha alcanzado también a las más altas instancias del Ministerio Público. La Unidad de Menores de la Fiscalía General del Estado, encargada de coordinar y supervisar la actuación de las secciones territoriales y de unificar criterios, prevé incorporar el acoso escolar a las materias objeto de seguimiento específico.
Hasta ahora, esta atención especial se centraba en asuntos de extraordinaria gravedad, como los homicidios y las agresiones sexuales. La decisión supone un reconocimiento de la dimensión y la persistencia de un fenómeno que sigue planteando importantes dificultades para su prevención y erradicación.
Aunque no todos los expedientes de reforma que llegan a manos de la Fiscalía de Menores de Gipuzkoa terminan en una vista oral, el hecho de que sean objeto de investigación revela que lo ocurrido va mucho más allá de una chiquillada. «Tenemos la sensación de que es una realidad que siempre está ahí, un problema que no disminuye. Desde nuestra experiencia, y después de muchos años haciendo seguimiento de estos asuntos, creemos que es un problema que debería resolverse fundamentalmente en el ámbito de los centros escolares, aunque sabemos que no es fácil», reconocen las fuentes consultadas.
La Fiscalía alerta de esta realidad con motivo del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, que se celebró ayer bajo el lema ‘La seguridad y el bienestar de todos los estudiantes: de la promesa a la práctica’.
La clave está precisamente en conseguir que toda la batería de medidas adoptadas en los últimos años, desde los protocolos hasta los mediadores y las comisiones de seguimiento, consiga poner freno a un fenómeno que sigue adoptando muchas caras y evoluciona al compás de la propia sociedad. Los centros educativos y la Ertzaintza alertan estos días sobre el auge de cuentas anónimas en redes sociales como TikTok o Instagram, conocidas en los entornos escolares como ‘curis’.
Se trata de perfiles creados por alumnos de forma anónima para recrear escenas cotidianas del centro a través de dibujos, ilustraciones o cómics. Una nueva moda que demuestra que existen diversas maneras de traspasar la línea roja, cuando la broma deja de serlo para convertirse en un instrumento de ciberacoso. Asturias anunció ayer que estudiará estas supuestas sátiras sobre la vida escolar para determinar si derivan en acoso selectivo y humillación pública.
La Fiscalía de Menores de Gipuzkoa señala que el primer paso es detectar este tipo de situaciones cuanto antes. En ocasiones, todo comienza con un sutil aislamiento de la víctima, con pequeños empujones en el recreo, la exclusión del compañero o compañera de los grupos de WhatsApp o la negativa a hacer los trabajos de clase con él o ella. «No queremos decir que los protocolos actuales sean insuficientes, pero lo cierto es que en la práctica resulta muy complicado detectar a tiempo lo que está ocurriendo».
Entre otros motivos, apuntan las fuentes consultadas, porque quienes acosan no siempre responden al estereotipo que puede manejar una parte importante de la sociedad. «A veces, los acosadores son alumnos con excelentes resultados académicos, deportistas, educados y que no generan ningún problema en el aula. Eso mismo hace que determinadas situaciones sean difíciles de identificar».
Cuando se logra hacerlo, frecuentemente se descubre la corta edad de los autores. Durante el año pasado se archivaron en Gipuzkoa 89 diligencias preliminares por hechos cometidos por menores de 14 años, una edad en la que son penalmente inimputables, lo que significa que no pueden ser juzgados ni sancionados por el Código Penal, sin importar la gravedad de los hechos. Entre las investigaciones de la Fiscalía que finalmente se cerraron los casos más graves estaban relacionados precisamente con delitos de acoso escolar y contra la libertad sexual.
Existe un problema añadido a la hora de sanar las heridas. Las víctimas de ‘bullying’ «tardan mucho en contar a sus padres» el infierno que están viviendo. Tampoco suelen comunicarlo al centro educativo. Hay una razón importante: temen que, si dan rienda suelta a su calvario, la situación empeore y el acoso se multiplique.
Mientras tanto, el tiempo sigue su curso y comienzan a aparecer las náuseas, los primeros mareos y otros síntomas físicos. «Muchas veces son los padres quienes sospechan cuando el menor comienza a decir que no quiere ir al colegio o empieza a somatizar lo que está viviendo», señalan desde la Fiscalía.
En ocasiones, ni siquiera el cambio de colegio acaba con el problema. Especialmente cuando el nuevo centro escolar se encuentra en el mismo municipio o en una localidad cercana a aquella en la que se produjeron los hechos. «El menor llega al nuevo centro con el estigma de haber sufrido acoso escolar. Se corre la voz y vuelve a encontrarse con dificultades. Es una forma de revictimización».
Salvando las distancias, se trata de una dinámica que recuerda a lo que ocurría hace décadas con las víctimas de violencia de género, que muchas veces optaban por guardar silencio por temor al reproche social, señalan desde el Ministerio Público.
Por todo ello, el impacto en la salud mental de las víctimas puede ser muy profundo. La Fiscalía de Menores mantiene contacto con la Unidad de Psiquiatría Infantojuvenil del Hospital Universitario Donostia, a la que acude periódicamente para visitar a los menores ingresados. En algunos casos, detrás de los intentos autolíticos aparecen situaciones de acoso escolar que, según advierten, «llevan arrastrándose largo tiempo de un centro educativo a otro».
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