Azuzar el miedo y suscitar odio para captar votos

Gara, Ion Salgado, 04-11-2026

Este miércoles los candidatos de PP y de Vox se han acercado a Arana, un barrio obrero de Gasteiz que presenta un sinfin de problemas. Carece de ambulatorio y tampoco hay centros educativos. El antiguo colegio Ignacio Aldecoa cerró sus puertas hace años, y permanece vacío, con los patios reconvertidos en aparcamiento.

Se trata de una zona envejecida, con casi un tercio de la población mayor de 65 años –según datos del INE–, y muchas familias hacen malabarismos para llegar fin de mes. La renta personal, según el Eustat, no llega a 20.000 euros. Lejos de la media de la capital alavesa, que supera los 27.000 euros. Pero a la derecha española no le preocupan estas cuestiones. Tampoco que haya familias viviendo en lonjas porque no pueden pagar un piso en alquiler. No hablan de ellas en sus notas de prensa ni en los vídeos difundidos en redes sociales.

PP y Vox han visitado el barrio para lanzar sus proclamas contra el Centro de Acogida de Protección Internacional (CAPI) previsto en la antigua Clínica Arana. No hay reparos en vincular delincuencia e inmigración para azuzar el miedo y captar votos. «Pedimos apoyo para frenar la inmigración irregular, para reforzar el control de nuestras fronteras y expulsar a los delincuentes», apunta Iñaki Oyarzábal, que prometió el cierre del centro, destinado a personas refugiadas, si Alberto Núñez Feijóo llega a La Moncloa.

Un órdago electoral al que también se suma Jonathan Romero. Incide en que «hay que cerrar los centros de menas –acrónimo empleado para referirse de forma despectiva a los menores migrantes no acompañados–, que son un foco de delincuencia, y hay que evitar que este macrocentro abra sus puertas».

El cabeza de lista de Vox, único juntero de la formación ultra en Cámara foral, no ha dejado de pasar la oportunidad para hablar de las personas que viven en las fábricas abandonadas de Urssa y Ega, proponiendo su «remigración». Un concepto acuñado en los años 80 por un miembro del Frente Nacional francés al que se han sumado diferentes partidos de extrema derecha europea, desde la AfD alemana hasta los neonazis españoles de Núcleo Nacional.

El PP también ha echado mano de Urssa y Ega, con un acto in situ en el que ha participado este miércoles el alcalde de Badalona, Xabier García Albiol. Este ha diferenciado entre ‘buenos’ y ‘malos’, al hablar de personas que «vienen a trabajar» y quienes «acaban en muchos casos colapsando los servicios sociales». Se ha jactado de «poner control» en las fronteras, y ha sumado un componente más a la ecuación electoral de la derecha española: la ocupación de viviendas. Ha prometido una «ley antiokupaciones». Una norma populista que no han llevado a cabo ni el Gobierno de Aznar ni el de Rajoy.

La estrategia del PP no es nueva. Ya la empleó Javier Maroto en 2014, al acusar a las personas procedentes del norte de África de «vivir de las ayudas sociales». Incluso apadrinó una recogida de firmas para cambiar las condiciones de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), ignorando que había sido precisamente su propio el que había acordado la ley con el PSE.

El PP ganó las elecciones, pero no obtuvo el apoyo de ningún otro grupo en el Consistorio. Maroto perdió la Alcaldía de Gasteiz, después se quedó fuera del Congreso al no lograr el escaño por Araba, y finalmente se mudó a Madrid para poder hacerse con una asiento en el Senado por designación de las Juntas de Castilla y León.

Pese a ello, la derecha no tira la toalla, y sigue removiendo las aguas para tratar de pescar en río revuelto. Apelan a cuestiones viscerales, poniendo el foco en las personas más desfavorecidas, para entrar en barrios humildes. ¿El principal problema de un vecino o de una vecina de Arana es realmente la apertura del CAPI? ¿O lo es la falta de infraestructuras sanitarias y educativas?

El sociólogo estadounidense Noam Chomsky afirmó que «cuanto más puedas aumentar el miedo a las drogas, al crimen, a las madres que reciben asistencia social, a los inmigrantes y a los extranjeros, más podrás controlar a la gente». Una versión actualizada y moderada de una cita atribuida al empresario Jay Gould, que en el siglo XIX dijo sin tapujos: «Puedo contratar a la mitad de la clase trabajadora para matar a la otra mitad».

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