El departamento de empatía reglamentaria
Ignoramos los sentimientos de un futbolista como Lamine. Y, sin embargo, un comentarista de la Cope aprovechó la celebración de un gol del azulgrana para levantar acta de una supuesta insuficiencia moral
El País, , 05-11-2026Acababa de marcar Lamine Yamal un gol de bandera contra el Aston Villa cuando en la Cadena COPE se escucharon las siguientes palabras, cito textual: “No hubiese estado mal que Lamine Yamal, al marcar el gol, se acordara en algo del jugador del Tenerife, pero bueno: debe estar a sus cosas”. Lo que siguió al comentario de Pedro Martín fue uno de esos silencios tan cortos como profundos, apenas dos segundos donde el desconcierto y la estupefacción dan paso a la narración normal de un partido de fútbol, entre otras cosas porque la radio sigue siendo radio, también en la casa de los obispos.
Nadie sabe lo que ocurre en la cabeza de Lamine Yamal, entre otras cosas porque muchas veces ni siquiera sabemos lo que ocurre dentro de las nuestras. No sabemos cómo recibió la noticia del fallecimiento de Jesús de Miguel, ni cómo le afectó, si es que le afectó. Tampoco si existía algún vínculo entre ambos. Lo ignoramos nosotros y, presumiblemente, también el comentarista en cuestión. Y, sin embargo, nada de esto le impidió aprovechar la celebración de un gol para levantar acta de una supuesta insuficiencia moral. El procedimiento no es nuevo. Basta con recordar uno de los peros que se le ponían a Vinicius cuando decidió denunciar los insultos racistas que recibía en nuestros estadios: que solo hablaba de lo suyo.
Un nostálgico de las botas negras y los tacos de tornillo señalaría que ya nada es lo que era, tampoco la sensibilidad de nuestros futbolistas, convertida en una especie de obligación administrativa. Y hasta los nostálgicos, como los relojes parados, aciertan dos veces al día. Paso a paso, que es como se van moviendo los marcos en Galicia sin consentimiento, se ha llegado a un punto en el que ya no respondemos solo por nuestros actos: también debemos dar explicaciones por lo que dejamos de hacer. Y es así cómo cualquier gesto público, incluida la celebración de un gol o la propina que dejemos en un restaurante, puede convertirse en un examen de conciencia ante un tribunal cuyos miembros se nombran a sí mismos. Ni siquiera necesitan conocer al acusado o averiguar sus motivaciones. Les basta con detectar una omisión, por pequeña que parezca, para dictar su sentencia.
Lo más revelador del comentario de Pedro Martín no es el reproche inicial, sino la coletilla: “Debe estar a sus cosas”. Son solo cinco palabras, pero suficientes para despachar una insinuación bastante menos inocente de lo que aparenta, un poco como cuando nuestras abuelas decían aquello de “tú sabrás lo que haces”. Estar a sus cosas, en este contexto, equivale a sugerir que Lamine Yamal está demasiado ocupado consigo mismo como para percatarse del sufrimiento ajeno, del luto colectivo del fútbol español. Así, con la misma despreocupación que se comenta un fuera de juego o el bigotillo que se ha dejado el futbolista, se pone en duda la sensibilidad de alguien cuyos sentimientos desconocemos. Y todo ello, naturalmente, en nombre de la empatía. ¡Qué sería del mundo sin mi empatía!
Se me ocurre una solución para quienes sospechan que nuestros futbolistas —o más en concreto, Lamine Yamal— andan escasos de empatía. Antes de cada partido, junto con las instrucciones tácticas, algún miembro del cuerpo técnico podría entregarles una lista con los acontecimientos que conviene recordar en caso de batir la meta contraria, todo bien explicado y con sus correspondientes dedicatorias y gestos de solidaridad. Que no tengan que improvisar sus sentimientos en mitad de la celebración, pues bastante difícil debe ser eso de marcar un gol como para andar pensando en si aprobarás, después, el correspondiente examen de conciencia.
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