Shabana Mahmood, una musulmana de padres paquistaníes, al frente de la mayor restricción migratoria en Reino Unido

La ministra del Interior desafía a la izquierda de su partido al abanderar la mayor ofensiva contra la inmigración irregular para frenar a la derecha: 10 años para lograr la residencia permanente en el país

El Mundo, Pablo Pardo, 04-11-2026

La ministra del Interior británica, Shabana Mahmood, sale de una reunión del Consejo de Ministros la pasada semana en Doening Street.NEIL HALLEfe

“Mi fe es el centro de mi vida y es lo que me dirige en mi servicio público, me dirige en cómo vivo mi vida y en cómo veo mi vida”. “No me gusta nada que huela a fundamentalismo, ya sea religioso, político o ideológico”. “Creo que la vida es una bendición, pero también una prueba”.

Siendo un tanto cínicos, podría pensarse que esas frases son de la Isabel Díaz Ayuso del Reino Unido. Pero no. Quien las ha pronunciado no es conservadora ni cristiana, sino musulmana, criada en el Reino Unido y en Arabia Saudí, e hija de paquistaníes. Es la ministra de Interior, Shabana Mahmood, uno de los cinco responsables de carteras ministeriales que han conservado con el actual primer ministro británico, Andy Burnham, el puesto que tenían con el predecesor de éste, Keir Starmer.

Con Burnham, esta abogada de 46 años se ha convertido en lo que Starmer quiso y no logró que fuera: el ariete del laborismo británico para tratar de ganar el debate sobre la inmigración ilegal. El anterior primer ministro perdió el cargo antes de que Mahmood pudiera desarrollar grandes iniciativas políticas. Y así es como este lunes la titular de Interior libró su mayor batalla hasta la fecha, al informar a la Cámara de los Comunes de la reforma del Reglamento desarrollado a partir de la ley Inmigración de 1971 que establece un periodo mínimo de cinco años además de otros requisitos para que un inmigrante pueda solicitar el permiso de residencia permanente en el Reino Unido. A partir de ahora, pasarán a ser 10 años. Y, en algunos casos de inmigrantes que entraron ilegalmente en el país y después solicitaron asilo, hasta 30 años.

Todos los cambios se aplican con carácter retroactivo. Es decir, quien llevara, por ejemplo, tres años como inmigrante y cumplieran los requisitos para adquirir la residencia, deberá esperar siete más, en lugar de los dos que le tocarían bajo el actual sistema.

Las nuevas condiciones
La medida ya había sido anunciada hace un año, con Starmer de primer ministro. Pero, con su comunicación a la Cámara, Mahmood la concreta. Aunque teóricamente el Parlamento podría bloquearla, las posibilidades de que eso suceda parecen remotas, porque Mahmood ha cedido lo suficiente para desactivar esa opción. Eso se ha traducido en la suavización de una serie de puntos. El más importante: el mantenimiento de los cinco años para alrededor de 280.000 inmigrantes y sus dependientes que trabajan en el sector de la salud y cuidados de personas dependientes, cobran más de 25.000 libras brutas anuales (30.000 euros) y llegaron al país después del Covid-19.

El cambio no es solo pragmatismo: muestra que el Reino Unido no puede funcionar sin inmigrantes sino, también, muestra de que la sociedad británica no puede funcionar sin inmigrantes. Esos trabajadores llegaron al Reino Unido o cambiaron de visa antes de mayo de 2025, cuando el sistema sanitario del país estaba al máximo de su capacidad por el efecto combinado de las secuelas de la pandemia del Covid-19 y del Brexit, que había forzado la emigración de profesionales de la salud de la Unión Europea.

El resultado es que gran parte del personal que trabaja en los hospitales y centros de salud del Reino Unido no es rubio ni de ojos azules. Y, como Mahmood se encargó de recordar a la oposición, gran parte de ese cuarto millón de personas a las que hay que añadir sus familias se presentó en las islas británicas o cambió su estatus migratorio cuando los tories estaban en el poder. A fin de cuentas, la gran oleada de inmigrantes que ha recibido el país recibe el nombre coloquial de ‘la ola de Boris’, en referencia al primer ministro que la diseñó: el conservador Boris Johnson.

Precisamente, la reforma va contra los conservadores y los ultranacionalistas de Reform-UK, el partido del ideólogo del Brexit, Nigel Farage, que les disputa la primacía de la derecha. Con ella, el primer ministro. Andy Burnham, quiere pulir sus credenciales entre los votantes de ingresos bajos y medios que han abandonado el laborismo en masa por su política en relación a la inmigración.

Los perdedores son los laboristas de izquierda, que no han ocultado su rechazo a la reforma. La viceprimera ministra, Angela Rayner, ha declarado en una ruptura con la línea oficial de su propio Gobierno que es España sería inimaginable pero que en el Reino Unido es totalmente normal que lo que Mahmood va a hacer es “antibritánico” (‘un-British’) y “un cambio de las reglas del juego”.

Para Mahmood, posiblemente, esas críticas son irrelevantes A fin de cuentas, ellas está acostumbrada, como dijo en el Parlamento hace un año, a que la llamen “puta paki” (“paki”, para referirse a los paquistaníes, es extremadamente ofensivo en el Reino Unido), así que tiene dificultades para aceptar lecciones morales a ese respecto. Su reforma es, también, un éxito para Burnham, que consolida su imagen de reformista y su estrategia de ganar votos a derecha e izquierda. En un país como el Reino Unido, en el que, según una encuesta de Ipsos, el 55% de la población opina que hay demasiados inmigrantes, ésa es una política que parece destinada a ganar.

Al final los extranjeros que viene a trabajar a España y a cotizar son los primeros que se oponen a la inmigración ilegal porque dicen que solo vienen a vivir del cuento y a que los subvencionen.

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