El perfil de los arrestados en los disturbios: adolescentes, varones, de familias estructuradas y arrastrados por TikTok
Cinco de los 89 adolescentes detenidos tras los disturbios ingresan cautelarmente en centros de régimen cerrado, otros 72 quedan en libertad vigilada
La Vanguardia, , 04-11-2026La mayoría entraron en el juzgado de menores con la cabeza gacha, acompañados de unos padres que no sabían dónde mirar. Chavales que nunca habían tenido problemas con la policía se sentaban ahora frente a un juez. Tras ver varios vídeos en TikTok, el 24 de octubre decidieron sumarse a los saqueos alentados por el fenómeno Blocus en Barcelona. Para muchos, casi todos varones, fue un juego, una diversión de fin de semana que, según sus palabras, “se les fue de las manos”. No midieron bien las consecuencias. Y estas llegaron en forma de detenciones, cacheos, horas de espera entre cuatro paredes y comparecencias ante fiscales y jueces que no se ahorraron las reprimendas. Tampoco a sus padres, obligados a escuchar, sonrojados por la vergüenza, lo que presuntamente habían hecho sus hijos y a asumir que les tocará rascarse el bolsillo para pagar los destrozos.
La fotografía de lo ocurrido aquella noche en Barcelona empieza a completarse. Cinco de los 89 adolescentes detenidos tras los disturbios han ingresado cautelarmente en centros de régimen cerrado, y otros 72 han quedado en libertad vigilada. Diez no llegaron a pasar a disposición judicial. La investigación se ha ampliado también a los jóvenes que administraban los grupos de mensajería desde los que se alentaron los saqueos. En ambos grupos sorprende la presencia de menores. Algunos apenas tienen 12 años. Niños y adolescentes que se dejaron arrastrar por unas convocatorias cuya finalidad era vandalizar, enfrentarse a la policía y saquear comercios. Una violencia que muchos de ellos parecían vivir como un divertimento. En algunos casos hubo chavales que se grababan para acreditar que eran participantes o testigos de los disturbios alentados por el FOMO (Fear of missing out), el miedo a perderse un episodio como ese.
Los primeros análisis dibujan una realidad que va más allá de las imágenes de escaparates destrozados, comercios saqueados y contenedores incendiados. Para la mayoría fue el primer enfrentamiento con los Mossos o la Guardia Urbana, el primer robo, la primera detención y la primera noche en comisaría.
Los policías, fiscales y jueces que han compartido horas con ellos coinciden en describir un patrón mayoritario. “Chavales normales a los que se les han quitado de golpe las ganas de repetir”. O eso esperan todos, especialmente sus familias, a las que la consellera de Interior, Núria Parlon, reclamó una mayor corresponsabilidad sobre lo que hacen sus hijos.
Que los saqueos debían tener consecuencias es un mensaje que las administraciones han repetido de manera insistente. La contundencia de la respuesta no se limita a las medidas judiciales. También pasa por exigir responsabilidades económicas por los daños. Y esa fue una de las cuestiones por las que preguntaron algunos padres durante las comparecencias de sus hijos.
Los Mossos d’Esquadra, la Policía Nacional y la Guardia Civil no tardaron en practicar las primeras detenciones de adolescentes a los que atribuyen la creación, administración y dinamización de los grupos desde los que se promovieron las convocatorias.
Su actividad no se limitó a recibir o reenviar mensajes. Algunos contribuyeron activamente a difundir las convocatorias, coordinar a los participantes e incluso compartir mapas con la ubicación de posibles objetivos.
Las últimas detenciones se produjeron el lunes en el Maresme y el Bages. Dos chicas de 14 y 17 años fueron arrestadas en una operación de los servicios de información de los Mossos y de la Policía Nacional coordinada por la
Fiscalía.
A diferencia del resto de investigados por su actividad en las redes, las dos adolescentes sí se conocían previamente. Son amigas y compartían la gestión de un canal de WhatsApp denominado Barcelona OFD (out of delivery, listo para reparto), una expresión con la que se indicaba que todo estaba preparado para la quedada.
Cuando supieron que la policía las estaba investigando, ambas borraron de sus teléfonos toda la información comprometedora. Pero ya era demasiado tarde. Los investigadores habían logrado reconstruir parte de su actividad.
Acompañadas de sus padres, las dos colaboraron. “Su detención no fue una sorpresa. Sabían que daríamos con ellas”, aseguran fuentes conocedoras del caso. Entregaron sus teléfonos y ordenadores. Los investigadores han confirmado que ninguna participó en los saqueos.
Cuando les preguntaron por qué lo habían hecho, las adolescentes explicaron que se habían dejado llevar. Que recibieron la información, se animaron a participar en la difusión de los mensajes y no fueron conscientes de las consecuencias. Ambas están escolarizadas y se les atribuye una presunta participación en delitos de desórdenes públicos agravados por pillaje.
No son las primeras investigadas por su actividad en los canales vinculados a Blocus. La noche del 29 de octubre, los Mossos detuvieron en Sant Sadurní d’Anoia a un chico de 17 años al que atribuyen una participación especialmente activa en uno de los grupos relacionados con los saqueos. El adolescente habría compartido enlaces de acceso, intervenido en las conversaciones y facilitado instrucciones a otros menores.
Los investigadores también le atribuyen mensajes en los que recomendaba adoptar precauciones para evitar las detenciones. “Actuar sin piedad”, llegó a escribir. Durante el registro de su domicilio se intervinieron dos catanas y un arma de fuego. El juez acordó su internamiento en régimen cerrado.
Los últimos arrestos han permitido poner nombre y apellidos a algunos de los presuntos responsables de la difusión de los llamamientos, pero no reconstruir una estructura organizada. Salvo las dos últimas adolescentes detenidas, el resto de los investigados no se conocían entre sí.
En paralelo, la justicia de menores ha ido examinando individualmente la situación de los adolescentes detenidos durante los disturbios del 24 de octubre. Solo uno de ellos está bajo la tutela de la Generalitat. El resto vive con su familia. De los 72 que quedaron en libertad vigilada, 32 tienen además prohibido acudir a manifestaciones.
La mayoría no había tenido ningún contacto previo con la delincuencia. Salvo siete, el resto carecía de antecedentes. Según los datos de los Mossos, un tercio son extranjeros y los otros dos tercios, españoles. Entre estos últimos hay una presencia importante de hijos de familias inmigrantes.
El paso por las dependencias policiales y los juzgados parece haber tenido un efecto disuasorio. Aunque no en todos los casos. Uno de los adolescentes que había quedado en libertad con orden de alejamiento de concentraciones fue detenido nuevamente en Mollet la noche del 31 de octubre por asaltar una tienda de la cadena Tedi.
El trabajo policial y judicial desarrollado durante la semana, los mensajes de advertencia lanzados desde las administraciones y los filtros de identificación desplegados en los accesos a Barcelona contribuyeron a evitar que la noche de Halloween se repitieran los episodios del sábado anterior.
Pero algunos lo intentaron. De madrugada, uno de los vigilantes de La Maquinista alertó de la presencia de una docena de menores encapuchados que merodeaban por las puertas de servicio de la tienda Apple del establecimiento. Todos huyeron al verse sorprendidos.
En la plaza de la estación de Cornellà, los agentes intervinieron sendas pistolas de balines a dos menores de 13 años que se dirigían a Barcelona. Cuando los policías les preguntaron adónde iban, ambos respondieron que solo querían “mirar”. Como ocurrió con otros menores de 14 años identificados aquella noche, fueron trasladados a comisaría, desde donde se avisó a sus padres para que acudieran a recogerlos.
La misma respuesta, “solo veníamos a mirar”, se repitió durante toda la noche entre muchos de los adolescentes interceptados por los policías.
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