Delincuentes de aquí (o de allí)

Las redes ya no se conforman con la nacionalidad de los detenidos: quieren conocer el origen de sus padres y, si hace falta, de sus abuelos

El País, Rebeca Carranco, 03-11-2026

“La de Girona que habla castellano”. Cuando supe que esa era una manera que había encontrado un compañero de universidad para definirme me hizo gracia. Hasta entonces, jamás había pensado en ello. La vida en un pueblo de Girona era completamente bilingüe. En la escuela se hablaba y usaba el catalán, y en casa y en el barrio, en las afueras, donde se acumulaba la inmigración andaluza, el castellano. Era lo normal y a nadie en mi entorno le parecía raro. No fue hasta cambiar de aires y aterrizar en la capital que descubrí que para algunas personas suponía una paradoja. La de Girona que habla castellano, un raro espécimen.

Cuando empecé a ejercer de periodista encontré nuevas señales de esa supuesta diferencia que nunca he sentido. “¿Carranco? ¿De dónde viene?”, preguntó más de un alcalde, al que no le cuadraba mi acento catalán de payés (no se ofendan, es con cariño) con mi apellido. También me cogió por sorpresa, y me divirtió, comprobar que un compañero de trabajo se refería a mí como la “andaluza”, por el origen de mis padres, a los que probablemente les desconcertaría tanto como a mí la definición (ella llegó a Cataluña con dos años y él, con 16).

Si dedico un rato a pensar, seguramente encuentre más ejemplos que he olvidado, ignorado y jamás tenido en cuenta de mi pretendida falta de pedigrí. Como catalana, con una identidad múltiple y no excluyente (aún no sé qué resortes se activan en mi interior para echarme a llorar cada vez que suena la Salve rociera), me da igual. En mi núcleo familiar se habla catalán y me preocupa seriamente que, a pesar de eso, mi hija me devuelva castellano la mayoría de las veces. Una lengua igual de mía, que utilizo a diario, especialmente cuando me enfado.

Pero siempre hay quien necesita encontrar la diferencia. Algunas (pocas) veces por simple curiosidad; otras, en su versión más perversa, para atribuir a los orígenes una predisposición a delinquir. “Ya que maneja tan buena información, podría indagar el porcentaje de detenidos con uno o dos padres de origen extranjero (no nacido en España)”, inquiere un perfil en X, en respuesta a una información sobre los detenidos del fenómeno Blocus. La pregunta se ha repetido estos días en las redes sociales: no importa el dato general (el 64% de los arrestados por los disturbios en Barcelona son españoles). Lo que importan son los ancestros.

Si alguien duda, que busque en redes “nacionalizados” y compruebe cómo se utiliza para cuestionar la españolidad de algunos detenidos. Ya no basta con conocer la nacionalidad de los arrestados por la policía, un dato que algunos cuerpos, como la Ertzaintza, facilitan. Para muchos perfiles en X esa información resulta insuficiente: la clave es saber de dónde son sus padres y, si hace falta, sus abuelos, sus tíos o sus primos. Lo mismo, o peor, ocurre en el mundo terrenal. “Los saqueadores y los encapuchados no son nuestros hijos, nuestros hijos van a los parques”, aseguró el diputado de Vox Sergio Macián en una comisión parlamentaria sobre el fenómeno Blocus. “Magrebís que tienen DNI hay un montón. De esos españoles, ¿cuántos son españoles de origen y cuántos son extranjeros?. El PSOE se ha dedicado a nacionalizar a muchos de ellos”, insistió.

“¿Quién hay detrás? Tú y todos los que habéis aplaudido la invasión y reproducción de gente con esta cultura del crimen”, escribe un perfil anónimo muy popular en X. Responde a un mensaje en el que la consejera del Interior catalana, Núria Parlon, habla del perfil de jóvenes que salieron a saquear Barcelona bajo la etiqueta Blocus. El comentario apunta al prejuicio de siempre: señalar al inmigrante. No es nada nuevo. El antropólogo Manuel Delgado recordaba en RAC1 aquellos carteles de los años ochenta que rezaban: “La delincuencia habla en castellano”. El racismo es insaciable. No tardarán en pedir un árbol genealógico para distinguir entre “los de aquí” y los “de allí”.

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