Dos ejemplos
Otra tragedia migratoria y otro apagón
Canarias 7, , 03-11-2026Somos un espacio minúsculo en la inmensidad del océano y eso no lo puede cambiar el ser humano. Pero somos parte de un país y de la Unión Europea y el hecho de la lejanía y la insularidad no deberían suponer un castigo adicional en forma de olvido institucional o desidia. Pero es lo que hay. Vamos con dos ejemplos de este mismo lunes:
Otra tragedia en la ruta atlántica. Siete personas fallecidas en la travesía de una embarcación neumática que partió desde las costas de Marruecos o del Sáhara Occidental que todavía no son lo mismo. Es lo que se deduce del hecho de su interceptación cerca de Lanzarote, adonde fueron llevados los integrantes de la embarcación. Desde hace meses las organizaciones no gubernamentales que atienden a los migrantes y las instituciones canarias alertaron de la entrada en escena de ese tipo de lanchas neumáticas de gran capacidad, un tipo de transporte que no era habitual; de hecho, se las veía en el tránsito entre el Norte de África y las costas de la península o incluso partiendo desde Argelia hacia Italia. Se pidió entonces al Gobierno de España que tomase cartas en el asunto alertando a las autoridades marroquíes, pues detrás de ese cambio estaban las mafias de la migración, a las que les da igual si mueren siete o setenta, porque lo único que les mueve es que cada viajero pague el coste del ‘billete’ de ida. Una lancha neumática de grandes dimensiones, el motor que precisa y el combustible no se mueven con facilidad, y menos aún en un país como Marruecos, donde todo está bajo vigilancia. ¿Alguien sabe si España movió un dedo? Las instituciones canarias, por lo que sabemos, siguen esperando respuesta. Y el recuento de cadáveres continúa.
Un apagón en La Palma. En realidad, uno más… Llueve y se queda la isla sin luz. Es verdad que llovió bastante, pero no fue el diluvio universal. Lo cierto es que las carencias del sistema energético canario, condicionado por la insularidad pero, sobre todo, por la obsolescencia de los equipos y las trabas para su renovación, llevan años sobre la mesa. ¿Llegan las soluciones? A trancas y barrancas, con demasiada lentitud y sin atender a los operadores, que son los que conocen a la perfección lo que hace falta. Se da incluso la paradoja de que hay empresas dispuestas a arriesgar su capital en forma de inversiones de renovación y no lo pueden hacer porque en Madrid no quieren entender y, sobre todo, no quieren hacer. ¿Es de recibo que la legislatura estatal acabe con este asunto sin solución? Pues no, pero ya se sabe: estamos tan lejos que no se nos escucha. Peor aún: no se nos entiende. O no se nos quiere entender.
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