El club del reloj

La Vanguardia, Josep Maria Ruiz Simon, 03-11-2026

Vox ha anunciado que su campaña girará en torno a tres ejes programáticos: la prioridad nacional, la desregularización y la remigración. Esta tríada funesta evoca una historia. Empieza con la fundación, en 1974, en Francia, del Club de l’Horloge. Sus fundadores son antiguos alumnos de la Escuela Nacional de la Administración, la célebre ENA, creada por De Gaulle y enterrada por Macron, tópicamente descrita como la cantera de la clase dirigente del Hexágono. Y lo que singulariza este laboratorio de ideas son sus vínculos con el Grupo de Investigación sobre Civilización Europea (Grece, por sus siglas en francés). Desde 1968, el Grece trabajaba para reavivar el pensamiento de la ultraderecha rememorando las teorías de la “Revolución Conservadora”, la etiqueta que Armin Mohler había usado en la segunda posguerra mundial para blanquear los nexos de autores como Carl Schmitt o Ernst Jünger con el nazismo. Alain de Benoist, su cara más visible, solía citar a Gramsci para argumentar que la conquista de la hegemonía cultural debía preceder el asalto al poder. Los fundadores del Club de l’Horloge tienen prisa y piensan que no basta con reactivar teorías y ya ha llegado el momento de articular las reflexiones doctrinales con propuestas políticas concretas.

Su secretario general, Jean – Yves Le Gallou, no tardó en promover la confluencia de la agenda de la extrema derecha con la del liberalismo reinventado o neoliberalismo de la Sociedad de Mont Pelerin de Hayek y Friedman, donde se daba por obsoleto el viejo principio liberal de la libre circulación de personas. El libro La préférence nationale (1984), que publicó como presidente de la comisión del club sobre la inmigración y donde fomentaba un “liberalismo nacional”, puso en circulación el concepto de prioridad nacional, ahora esgrimido por Vox, relacionándolo con la crisis del Estado de bienestar y la necesidad de recortarlo. El nacional – liberalismo a la carta no es un invento de la élite tecnológica desregulacionista afín al movimiento MAGA.

Tras publicar La préférence nationale , Le Gallou, que militaba en el centro de Giscard, ingresó en el Frente Nacional de Jean – Marie Le Pen, el antecesor de la actual Reunificación Nacional, que asumió el concepto como imagen de marca. Ahora ya no está, pero sigue haciendo propaganda desde otras plataformas ultras para mover aún más la famosa ventana de Overton, con el objetivo de hacer asumibles o populares ideas consideradas de entrada inaceptables. Este año ha publicado otro libro con un título que también resuena en el programa de Vox: Remigración. La remigración, es decir, la deportación de los inmigrantes no europeos y de sus descendentes, es el lema de moda entre los movimientos identitarios. Y Le Gallou iba a dirigir el foro sobre este tema del pasado sábado en Le Plessis – Robinson, prohibido tras el ataque racista en Trappes. El desplazamiento hacia la derecha del marco de la ventana parece cada vez más acelerado.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)