La veinteañera exculpada de crear una ‘academia de la yihad’: “Aún me pregunto por qué me detuvo la Policía”
La Audiencia Nacional acordó el archivo de la causa contra ella, que llegó a ingresar en prisión, y su hermana al concluir que no había pruebas de que difundieran el ideario del Estado Islámico
El País, , 02-11-2026Acude a la entrevista vestida con un pantalón vaquero y un jersey amplio. Maquillada y con un piercing en la nariz, cubre la cabeza con un hiyab negro, el velo que deja solo a la vista el óvalo del rostro. A sus 22 años, Yasmine —nombre ficticio que pide que se use para preservar su verdadera identidad— tiene el aspecto de las jóvenes musulmanas que siguen los preceptos del Islam sobre la vestimenta, pero no el de una yihadista. Y, sin embargo, en mayo de 2025 la Policía Nacional la detuvo en Alcorcón (Madrid, 173.600 habitantes) junto a su hermana más pequeña, acusadas de crear en redes sociales una “academia de la yihad dirigida a mujeres” con canales en WhatsApp y Telegram con la que supuestamente “inoculaban la ideología proyihadista del Estado Islámico hacia otras fieles musulmanas”. Pasó 56 días en prisión provisional. El pasado 15 de octubre, 17 meses después de su arresto, el juez de la Audiencia Nacional Antonio Piña acordó el sobreseimiento provisional de las acusaciones contra ella y el archivo de la causa al concluir que ni difundían el ideario terrorista ni se estaban capacitando para cometer atentados. “Aún me pregunto por qué me detuvo la Policía”, afirma solo unos días después de que el magistrado haya eliminado de su horizonte vital una posible acusación por adoctrinar a otras personas, castigada con hasta cinco años de cárcel.
Yasmine recuerda que el 23 de mayo del año pasado aún estaba durmiendo cuando llamaron a la puerta de la casa en la que vive junto a sus padres y sus tres hermanos. “Mi madre entró en mi habitación, me despertó y me dijo: ‘Oye, hay una señora que quiere tu móvil’. Se lo di”, rememora la joven. Poco después, “una veintena” de policías entraron en el domicilio y comenzaron un registro en el que se llevaron libros religiosos, ordenadores, tarjetas de memoria y cámaras digitales. “Les pregunté por qué se estaban llevando mi Corán”, recuerda. Junto a ello, rebuscaron entre su ropa y encontraron un niqab (el velo que cubre el rostro dejando solo visibles los ojos), que también intervinieron. “Nunca usaba niqab en la calle, solo alguna vez en la mezquita y para hacerme fotos o en redes sociales. No me gustaba ni me gusta que se me reconozca cuando divulgo el islam. Prefiero que se me escuche por lo que digo, que se me lea por lo que puedo llegar a transmitir, no por mi físico”, añade.
Yihadismo
Fotograma extraído del vídeo distribuido por la Policía Nacional tras la detención de Yasmine en Alcorcón (Madrid) en mayo de 2025, en el que se ve a esta custodiada por dos agentes.
POLICÍA NACIONAL
De su casa salió esposada, flanqueada por dos policías y con la cabeza cubierta, en una imagen que fue difundida por el Ministerio del Interior cuando informó de su arresto. “A día de hoy aún no he leído las noticias de mi detención porque me imagino que solo contaron sandeces sobre mí. Sí he visto aquella foto porque me la ha enseñado todo el mundo. ‘¿Eres tú?’, me preguntan”, señala. De allí, a los calabozos de la policía, donde le interrogaron sobre sus libros o por qué había peregrinado a Arabia Saudí un mes antes. “Me hacían preguntas absurdas: que si tenía pareja y si tenía intención de casarme con él; que por qué leía libros islámicos como si fueran los únicos que tenía en mi casa. Les decía que tenía los que me permiten aprender cosas que considero importantes de mi religión. No entendía de lo que se me acusaba”, rememora. Tres días más tarde fue trasladada a la Audiencia Nacional a declarar. “En el camino me dijeron que estuviera tranquila, que seguro que el juez me iba a dejar volver a mi casa y, sin embargo, me mandó a prisión. Cuando me despedí de mi hermana, que quedó en libertad, lloré por primera vez”, asegura, a la vez que recuerda con “rabia” que hubo algunos policías uniformados que la custodiaban que se mofaron por ello.
Ingresó en la prisión de Estremera (Madrid) y, desde el inicio, fue incluida en el Fichero de Internos de Especial Seguimiento (FIES) por su condición de acusada de terrorismo, lo que limitaba el tiempo que podía salir al patio y las personas con las que se relacionaba. “Al principio me pusieron a otra presa de acompañamiento, por si intentaba suicidarme, pero le pedí al director de la cárcel que, por favor, me dejaran sola en celda, que no lo iba a intentar. No me apetecía hablar con nadie ni dar explicaciones de por qué estaba ahí. Esos días le seguí dando vueltas a por qué estaba allí, pero sigo sin saberlo exactamente”, añade. Cuando casi llevaba dos meses en prisión, el juez ordenó su puesta en libertad: “Creo que se empezó a dar cuenta de que, realmente, no había nada contra mí”.
Yasmine oculta su rostro tras una copia del auto del juez de la Audiencia Nacional Antonio Piña que acordó el pasado 15 de octubre el archivo de su causa.
Jaime Villanueva
La Policía, que estuvo investigándola dos años antes de detenerla, aseguraba en sus informes que presuntamente consumía “una ingente cantidad de contenido audiovisual y documental” del movimiento salafista, corriente ultraconservadora del islam; que participaba en canales de difusión en Telegram con contenido de la misma doctrina, con algunos de cuyos miembros tenía “vinculación y contacto directo”, y que había creado una “academia online” que la había convertido en “un referente religioso al que acuden mujeres para acercarse al islam”.
Pregunta: ¿Es usted salafista?
Respuesta: ¡Si no sabía lo que era! Estaba en grupos de Telegram suyos para ver qué decían, qué opinaban, informarme. [Su abogado, Mounir Elyemlahy, interviene para insistir en que, además, “la práctica del salafismo no es delito”]. ¿Sigo los preceptos del Islam? Sí, como tantísimas otras personas.
P: ¿Visionaba vídeos yihadistas?
R: Las veces que he visto algo así, de lejos, directamente no he entrado. Sé que cosas están mal.
P: ¿Adoctrinaba a otras chicas?
R: Todos los viernes íbamos varias a la mezquita y cada una se preparaba un tema sobre el islam para exponer. No siempre daba yo las clases e, incluso, a veces simplemente charlábamos de nuestras cosas. Las musulmanas necesitamos un círculo de apoyo, alguien para poder decirle: ‘Chicas, a mí me está pasando esto con el hiyab’, y las demás te cuentan su experiencia.
El informe policial incorporado al sumario también destaca como supuestas evidencias de su radicalismo una imagen en la que aparecían dos grandes cuchillos y un martillo junto al mensaje “pues ya nos vamos, ja, ja, ja”, encontrada en su móvil; otra de una joven con pasamontañas, pistola y la bandera del ISIS o un vídeo en el que se la ve practicar boxeo en el gimnasio de la mezquita con otras jóvenes. Cuando se le comenta, se ríe y saca el teléfono móvil para enseñarme esta última grabación en la que, efectivamente, se ve a cámara rápida a varias jóvenes con niqab en un gimnasio dando patadas y puñetazos todas a la vez a un saco de pugilato. “Pero si estábamos de broma. ¿Quién puede pensar que esto es material terrorista?“, insiste.
Tras quedar en libertad, Yasmine asegura que se alejó de las redes sociales por consejo de su abogado. También retomó los estudios de bachillerato, inició un grado superior de formación profesional del ámbito sanitario y, durante un tiempo, trabajó de dependienta. Sin embargo, su vida tardó en volver a ser la de antes. “Cuando salí de prisión, estaba paranoica. Iba por la calle y pensaba que todo el mundo sabía que me habían acusado de yihadista. Me fijaba en sus gestos y me convencía de que lo sabían”, afirma de una situación que considera ya superada. También su entorno parece haber dejado atrás el arresto. “Todos tenían clarísimo que era algo surrealista que me acusaran de terrorismo”, afirma, antes de reconocer que dos personas sí se alejaron de ella. Uno, el que entonces era su novio: “A veces no ves cómo es una persona realmente hasta que lo estás pasando mal”.
—¿Guarda rencor por todo ello a la Policía?
—Ninguno… Bueno, depende del día.
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