«Quiero trabajar de pintor»: las primeras palabras de un futuro por construir

Alumnos de la Universidad Paris Cité enseñan a jóvenes migrantes en la ULPGC herramientas para acceder al mercado laboral para ayudarles a romper con las barreras

Canarias 7, Sara Toj Las Palmas de Gran Canaria, 02-11-2026

En medio del ruido mediático y de los discursos de aquellos que quieren señalar como «un problema» a las personas que dejan atrás toda una vida para encontrar un futuro mejor, el aula 26 del Edificio de Humanidades de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria clama inclusión. Un grupo de seis alumnos de entre 18 y 20 años del grado de Lenguas Extranjeras Aplicadas de la Universidad Paris Cité, junto a sus profesores Cristian Valdez y Carlota Piedehierro, ha viajado estos días hasta la isla para participar en la XX Semana Universitaria para la Erradicación de la Pobreza que organiza el centro educativo. Así, a lo largo de estos días, el alumnado francés ha descubierto que su ayuda puede facilitarle la vida a chicos como ellos.

«Ahora dilo tú. ‘Quiero trabajar como pintor’», le dice Francisca Monteiro, alumna de la universidad parisina, de manera pausada y clara, a Fairu, un joven de 20 años que llegó a Canarias hace unos meses desde Mali, y que repite con timidez y diligencia la frase en español.
En esta tarde de octubre, a lo largo de una hora y media, los alumnos franceses enseñan a un grupo de 20 jóvenes migrantes solicitantes de protección internacional que reside en el Canarias 50, centro de acogida ubicado en La Isleta, a enfrentarse a una entrevista de trabajo. «Estoy muy feliz porque he aprendido a presentarme, a responder en una entrevista, y ahora ya sé palabras como ‘puntual’, ‘proactivo’ o ’resolutivo’», cuenta Fairu con una amplia sonrisa.

Tanto él como sus compañeros valoran mucho poder acudir a actividades de este estilo porque, así, son capaces de «entender muchas más cosas». Por ello, creen que con estas iniciativas pueden estar más cerca de lograr un puesto de trabajo como mecánico, albañil, soldador o conductor, algunas de las profesiones a las que quieren dedicarse en un futuro. Un futuro que les llevó a arriesgar su vida y que comienzan a ver un poco más cerca.

En una de las mesas del aula, Nelly Guehi y Jiazhen Wu, dos de las alumnas francesas, enseñan a un grupo de cuatro mujeres migrantes cómo pueden hablar sobre sus puntos fuertes. «Se me da bien tomar la iniciativa, trabajar en equipo», repite una de ellas mientras las demás observan con admiración. Dos de ellas son analfabetas, por lo que la tarea es más complicada, pero eso no les impide aprender.

De sonrisas va la tarde de este jueves que comparten los chicos y chicas. Francisca y Mariama, que llegó a las islas desde Gambia hace tan solo unos meses, se han conocido unas horas, pero ya comparten abrazos y lecciones para toda la vida. «Con ella ha sido complicado porque solo sabe hablar el dialecto que se habla donde ella vivía, pero le he podido enseñar algunas palabras en español e inglés», explica Francisca. Palabras tan sencillas como ‘gracias’, ‘hola’ y ‘adiós’ brotan con alegría desde los labios de Mariama. Algo tan simple que rompe con una barrera.
Las profesoras de la ULPGC que han impulsado esta iniciativa, Susan Cranfield y Goretti García, siguen con atención la lección. No esconden su emoción por ver este momento de fraternidad entre todos ellos. «Se les ve a todos súper felices durante las actividades… ¿Dónde encontramos eso en la sociedad de hoy en día?», se pregunta emocionada Susan.

Pero el aprendizaje no solo se lo han llevado los chicos y chicas que han recibido consejos para afrontar una entrevista de trabajo. Para los seis estudiantes franceses, el contacto directo con esta realidad ha supuesto una oportunidad para replantearse el papel que pueden y que quieren desempeñar en la sociedad. Con esta actividad, el profesorado ha querido que los chicos vean que hay otras alternativas, como el trabajo en las entidades del tercer sector para ayudar a personas como los jóvenes que han conocido a lo largo de esta semana. «Estamos muy emocionados porque esta iniciativa, que forma parte de sus prácticas, les está cambiando la perspectiva y pueden ver que son útiles para algo más», indica Cristian Valdez.

Además, durante esta semana, por las mañanas, el alumnado de París ha impartido clases de español a menores migrantes no acompañados, acercándose así a la docencia. «Para nosotras ha sido genial poder enseñarles algunas palabras, aunque sean básicas, pero es estupendo ver sus sonrisas cuando ya pueden comunicarse», explica Francisca Monteiro.

Detrás de estos encuentros está el empeño del Grupo de Cooperación al Desarrollo Unidos. ‘U-fit’ es su proyecto más especial en el que alumnado canario, de manera voluntaria este año son 12 estudiantes, enseña español a menores migrantes. Precisamente, los profesores Cristian Valdez y Carlota Piedehierro estuvieron en abril en la ULPGC conociendo de primera mano el proyecto. «Nos pareció una iniciativa muy enriquecedora, por lo que sabíamos que teníamos que volver», explica Piedehierro.
Los docentes franceses querían que su alumnado intercambiara experiencias con chicos de su edad que no han tenido la suerte de tener las oportunidades que ellos sí. Al conocer la realidad migratoria del archipiélago y la peligrosa travesía que emprenden miles de personas al año, quisieron trasladar a sus estudiantes la importancia de una realidad como esta. «Para ellos está siendo una experiencia increíble. Están muy preocupados por la situación que atraviesa el mundo, y con todo esto pueden ver que, aunque sea con un granito de arena, pueden cambiar algo», remarca Valdez.

Así, además del taller para preparar una entrevista de trabajo y de las clases de español, las actividades se han ido sucediendo a lo largo de estos días. Junto a la asociación ‘Oceans for life’ realizaron una recogida de basura en la playa de La Restinga, en Telde, y también se impartió un taller de danza en el que participó el alumnado del IES El Tablero, que este año fue reconocido por el Gobierno de Canarias con la Distinción por su compromiso con la realidad migratoria que vive el archipiélago.

La jornada finaliza con una merienda en la que todos intercambian bromas, vivencias y sonrisas. «Adiós, amiga,», se despide Mariama de Francisca, con la esperanza de, algún día, volverse a encontrar.

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