Una violencia que alimenta el miedo
El País, , 01-11-2026¿Cuánta madera, cuántos tornillos, cuántos árboles habrá que talar para protegerse de una amenaza digital etérea, evanescente, que ahora apunta aquí y después allá? ¿Será en Sants, en Vic, en Málaga, en La Coruña? Las imágenes de los violentos disturbios de París, y el vandalismo que se apoderó por sorpresa del centro de Barcelona el sábado 24, con 128 detenidos, 15 policías heridos y decenas de comercios saqueados, fueron un primer aviso de una nueva realidad que cuesta clasificar. Las convocatorias de Blocus son la forma que ha adoptado en las redes, pero desde el primer momento se ha visto que no era lo que parecía. Bajo la apariencia de una protesta estudiantil emerge un fenómeno extraño, fácilmente manipulable y un gran poder perturbador. En París los violentos actuaron bajo el paraguas de las movilizaciones estudiantiles. Pero ni en Barcelona ni en Bilbao había convocatorias de estudiantes. Y desde luego nada tenían que ver tampoco con las manifestaciones y las acampadas por el problema de la vivienda. Los organizadores utilizaban las protestas estudiantiles para captar adolescentes, pero luego, en los chats privados, llamaban directamente a saquear. Las imágenes de París dieron la vuelta al mundo. Pudimos seguir los altercados y los incendios en directo. El resultado del vandalismo fue que al día siguiente ya nadie hablaba de las reivindicaciones de los estudiantes y de los chalecos amarillos que se habían movilizado por todo el país. Ya no se hablaba del coste de la vida, del deterioro de los servicios públicos ni del precio de los carburantes, sino de violencia. Y las derechas no tardaron en relacionarla con la izquierda radical y en señalar a la inmigración. Lo mismo ocurrió tras los incidentes de Barcelona y Bilbao. El problema de la vivienda, que se había instalado en el centro del debate político, fue desplazado. Y ahora la conversación vuelve a centrarse en la seguridad y el orden público. Hay una decena de detenidos relacionados con la convocatoria del sábado, pero las redes se han llenado de nuevos llamamientos en diferentes ciudades. Los Mossos indican que no tienen una ideología ni una organización estable detrás. Eso lo hace más incomprensible. Y aumenta su poder perturbador. De entrada, obliga a tomar medidas preventivas y de protección que suponen un desgaste social notable. Se han movilizado grandes contingentes policiales, cientos de comercios han blindado sus accesos o han cerrado y las autoridades han aconsejado no acercarse a las zonas señaladas en las convocatorias. Pero el efecto va más allá. Los disturbios alimentan un miedo difuso. Contribuyen a crear un estado de alerta permanente que se suma a la incertidumbre que generan peligros reales, contingentes, como los del cambio climático o la desigualdad. El miedo es paralizante y si la conversación gira en torno a la violencia, ya no se hablará de cómo combatir las causas del malestar social. Y ahí están, con el bote de gasolina siempre preparado, aquellos que aprovechan cualquier oportunidad para sembrar odio y atizar las brasas del racismo y la xenofobia contra los inmigrantes. Y también quienes, con procedimientos de guerra híbrida, están interesados en desestabilizar a Europa.En las manifestaciones de los estudiantes franceses había muchas pancartas que recordaban las de Mayo del 68. Una de las que portaban los estudiantes de París decía: “El poder prepara la guerra, la juventud prepara el futuro”. Está claro que quienes convocan a saquear comercios y destrozar mobiliario urbano no preparan el futuro que reclaman los estudiantes. Es puro nihilismo.
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