El Circo Trump ha llegado a la ciudad

El presidente de EE UU celebra Halloween con una lujosa fiesta-safari y cierra una campaña donde ha llamado «gordo» a un espectador y ha alabado al senador Jon Husted por su «trasero duro como el infierno»

Diario Vasco, Miguel Pérez, 01-11-2026

Las encuestas no son las mejores para el Partido Republicano en vísperas de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. Los datos de la inflación tampoco. La mayoría de los electores irá el 3 de noviembre a las urnas con el incremento de los precios en la cabeza y los expertos vaticinan que será el factor de mayor peso para decidir qué formación ganará en la Cámara de Representantes y el Senado. Un ciudadano lamentaba incluso este sábado que los caramelos de Halloween se habían convertido en prohibitivos y que el tradicional desafío entre «dulce o truco» sería este año menos generoso que nunca.

Todo eso sucede en EE UU. Pero no en Mundo Trump. Aquí todo es color, derroche y felicidad extrema. El presidente republicano apostó el sábado por repartir caramelos a los niños en la Casa Blanca ante 6.000 invitados y celebrar posteriormente una fastuosa fiesta del día de los difuntos en su mansión de Mar – a – Lago, en Florida, ajeno a los temores de los candidatos y de la cúpula de su partido ante unos comicios institucionales en los que pueden ceder el control a los demócratas. Al evento acudieron cientos de personas: desde magnates y ejecutivos de grandes corporaciones a artistas, agentes inmobiliarios y socios de su club de golf que pagan 200.000 dólares al año por tener acceso al resort.

Quizá por las semanas que ha pasado a la caza del voto, el líder republicano eligió los safaris como temática central de la recepción. Abundaron los vestidos y chaquetas que simulaban la piel de guepardos y tigres, los trajes indígenas (de lujo, claro, nada de hojas de higuera), sombreros de cazador y bastantes invitados en riguroso esmoquin. Sin embargo, al final todos acabaron asimilándose a las paredes de un abigarrado salón de baile decorado con estampados, vegetación selvática e incluso un pequeño corral con un poni y una cebra. La luz predominante: verde tropical. Jungla Trump.

El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, dio la sensación de disfrutar rodeado de gente disfrazada de aves exóticas o reyes africanos, pese a que el último estudio demoscópico de Real Clear Politics le arroja a las fieras. El análisis calcula que la ventaja final de los demócratas en esta institución será de 8,4 puntos por delante de los republicanos. Peor se lo pone Polymarket, que predice solo un 6% de probabilidades de que los conservadores ganen en la Cámara.

Sin embargo, las encuestas se quedaron fuera de la selva del presidente. En Mar – a – Lago el lujo imperó. Nadie reparó en el mensaje que los demócratas han repetido en la recta final de la campaña. Denuncian que el mandato de Trump le está enriqueciendo a él y a un grupo de empresarios y políticos afines mientras el americano de a pie no llega a fin de mes. Le sucede como el año pasado, en el que celebró un Halloween basado en los felices años 20 justo unas horas antes de que el Gobierno agotara los fondos del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP), los cupones de comida destinados a 42 millones de estadounidenses en estado de necesidad.

En Mar – a – Lago, el fiscal general, Todd Blanche, se paseó vestido de astronauta. El secretario de Estado, Marco Rubio, se sentó en la misma mesa que el anfitrión. El vicepresidente, JD Vance, abandonó pronto la reunión. Vestido como el personaje de Albus Dumbledore, viajó rápidamente a Washington donde su familia le esperaba para celebrar un Halloween dedicado a Harry Potter. ¿Y el presidente? ¿De qué se disfrazó? Pues como él mismo dijo a los periodistas mientras se desabrochaba la chaqueta y dejaba su corbata roja agitarse al viento: «He venido vestido de Donald Trump». El líder republicano explicó que solo había dispuesto de «diez minutos» y «no tuve tiempo de arreglarme». En cambio, señaló a sus invitados: «Son los peces gordos de Wall Street. Son ricos. Han pasado nueve horas preparándose. Han invertido mucho tiempo y dinero».

Habrá quienes se pregunten si el presidente trabaja para el enemigo a la vista de esta fiesta y de cómo el electorado se queja amargamente en las encuestas de que los precios de los alimentos, la gasolina, los fertilizantes y los servicios públicos ahogan las economías domésticas. Tampoco nadie se explica que la Casa Blanca permitiera a la Policía de inmigración difundir el mensaje «¡Feliz Halloween de parte de tus amigos del ICE!», acompañado de un vídeo en el que varios agentes detienen a Freddy Krueger y Predator. Seguro que les ha encantado a los inmigrantes a quienes Trump ha pedido el voto, y a los candidatos republicanos de Florida que ven despeñarse sus probabilidades de éxito en las comunidades cubana y venezolana.

La celebración de Halloween supone el broche a una larga gira de actos que Trump ha realizado en las últimas semanas en un intento de levantar las encuestas a favor de los republicanos. A pesar de que hace unos días pensaba cancelarlos, el magnate viajó este domingo a Iowa y Kansas para ofrecer sus dos últimos mítines. Estaban en juego dos Estados republicanos que el 3 de noviembre pueden cambiar de color político. Los discursos incorporan además un factor emocional al tratarse de los últimos mítines en los que Trump se juega algo y habla en nombre propio, ya que la Constitución prohíbe que se presenta a la reelección,

Los comicios de medio mandato ofrecen a los estadounidenses la posibilidad de opinar sobre el presidente, las políticas del Gobierno e, incluso, sobre el estado de la economía y la prosperidad del país. Con todos sus esfuerzos, el inquilino del Despacho Oval no ha conseguido revertir el convencimiento de los electores de que la inflación está ligada estrechamente a decisiones suyas, como iniciar una guerra con Irán o jugar con los aranceles. Las encuestas de los últimos diez días son bastante negativas. Lo mismo que sucede en Europa, los universitarios apenas creen que encontrarán un empleo relacionado con su carrera y las familias temen que sus hijos vivirán bastante peor que ellas. Los demócratas lo saben y se han gastado 500 millones de dólares en anuncios sobre la asequibilidad y la carestía de la vida.

Dentro del Partido Republicano, bastantes voces consideran que la poderosa actividad de Trump en campaña ha sido más negativa que positiva. Y algunos medios se han preguntado por el motivo de sus numerosos desfases públicos, como las alabanzas al culo del senador conservador por Ohio Jon Husted.«No suelo hacer esto con los hombres, pero lo miré de arriba abajo. Le miré el trasero», confesó en un mitin para pasmo de su equipo. Y a los pocos días, en otro evento: «Su trasero era fuerte como el infierno».

El magnate ha hecho un despliegue considerable para extender su presencia a lo largo y ancho del país: 28 mítines en un mes. Algunos días ha repetido dos y tres en lugares diferentes para regresar de noche a su residencia en Florida o en Washington. Ha elegido primordialmente enclaves donde obtuvo buenos resultados en las elecciones pasadas y a veces ha enviado a su vicepresidente, JD Vance, a ciudades difíciles para allanarle el camino. Los expertos afirman que es una manera de curarse en salud y evitar auditorios semivacios o contestaciones indeseadas delante de las cámaras. No obstante, su repercusión mediática ha disminuido en las elecciones intermedias. Incluso Fox News ha dejado de retransmitir algunos de sus discursos y, cuando los emite, solo lo hace a trozos.

Cuando Trump hace escala es como si el circo hubiera llegado a la ciudad. Hay dos elementos fijos en sus actos: entra en el escenario a los sones de ‘God Bless the USA’, de Lee Greenwodd, y se va con ‘YMCA’, de Village People. En medio, puede pasar cualquier cosa. Los analistas afirman que sus alocuciones han ganado en agresividad, extravagancia y humor grueso, quizá de manera voluntaria para electrizar a sus segudirores. De ahí a las escenas surrealistas solo existe un paso.

En Ohio, los agentes de seguridad expulsaron del recinto a un joven que vestía una camiseta reivindicando la publicación completa de los famosos ‘papeles de Epstein’. El presidente lo observó desde el estrado: «Miren, ahí se va de vuelta a casa con mamá. Es un gordo. Tiene que hacer dieta cuanto antes». En Tennessee se dirigió hacia el público y les dijo que barajaba poner su nombre a un océano. Los espectadores aplaudieron. »Es sorprendente. Puedo decir la cosa más estúpida y ustedes me aplaudirán», replicó sonriendo. Y volvieron a aplaudirle. En otra ciudad dijo que en una obra sin vallar «solo un hispano podría sobrevivir a la caída» y de vez en cuando se confunde y llama «estrecho de Hormonas» al de Ormuz.

Los periodistas de ‘The New York Times’ han hecho un curioso experimento y sometido a la IA sus discursos actuales y los que pronunció en las campañas presidenciales de hace dos y diez años. El resultado no puede ser más esclarecedor: hoy pronuncia 15 palabrotas por cada 10.000 palabras (en 2024 eran 14, y en 2016 no pasaba de la media docena) y divaga casi tres veces más que en su primer asalto a la Casa Blanca. Quizá por ese tipo de cosas, candidatos republicanos como Byron Donalds han preferido eliminar cualquier referencia a Trump de su web mientras otros políticos como el gobernador Gregg Abbott se mantuvo lejos de él durante su visita a Texas.

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