La motosierra pierde dientes

El miedo de los brasileños al drama argentino explica en buena medida la victoria de Lula: Milei es tóxico

La Vanguardia, Enric JulianaEnric Juliana/Madrid, 27-10-2026

Empecemos por lo inmediato. La victoria de Lula da Silva en Brasil es impresionante si tenemos en cuenta el conglomerado de poder al que se enfrentaba. Ha derrotado al algoritmo. Es impresionante que un hombre de 81 años haya podido darle la vuelta a la situación después de haber perdido la primera vuelta por dos millones de votos. ¿De dónde ha surgido esa fuerza? De abajo, de la gente. Mientras exista democracia, toda elección es un proceso abierto. Este fin de semana también lo hemos visto en Serbia, en el corazón de los Balcanes. La Lista de los Estudiantes, inédito frente de regeneración democrática, ha derrotado al hasta ahora presidente Aleksandar Vucic, dirigente nacionalista apoyado por Rusia y el movimiento MAGA de Estados Unidos. En el tablero europeo no todas las piezas caen por el mismo lado. Después de Hungría, Serbia.

“Es la economía, estúpido”, se puso de moda decir en los años noventa, repitiendo una frase, muy arrogante, acuñada por el equipo de Bill Clinton en las elecciones presidenciales norteamericanas de 1992. ¿Ha sido la economía el factor determinante en Brasil? Los poderes económicos remaban a favor de Flávio Bolsonaro, sin duda. La Bolsa de São Paulo se desmoronó ayer al conocer la victoria de Lula. Pero la causante principal de la derrota de Bolsonaro puede que haya sido la motosierra argentina, la amenaza de fuertes recortes sociales, el discurso que recurre a la exhibición de la crueldad para construir un bloque social mayoritario con las clases medias asustadas y los pobres que ya no creen en nada. El shock como promesa de redención. Argentina y Brasil son países vecinos. Se conocen, se miran, se escuchan y se detestan en la cancha de fútbol. Bolsonaro prometía seguir la senda de Javier Milei, sin tantos aspavientos, y Lula ha puesto el foco en la motosierra. Y también ha reivindicado el patriotismo brasileño frente a Estados Unidos. El propósito de Bolsonaro es sacar inmediatamente a Brasil del grupo de los BRIC, romper en China, Rusia, India y Sudáfrica, para ir a un total alineamiento con Estados Unidos. “No vamos a ser el patio trasero de Washington”, ha dicho el ganador.

Donald Trump ha perdido una partida importante una semana antes de las elecciones de mitad de mandato. También han salido derrotadas las poderosas iglesias evangélicas neopentecostales, muy implicadas en el combate político. Los datos indican que en la segunda vuelta Lula ha logrado atraer a un segmento de votantes evangélicos. La Iglesia católica no ha tomado partido de manera explícita, pero diversos obispos católicos han emitido mensajes muy críticos con Bolsonaro. Ha perdido la motosierra y el papa León XIV visitará Uruguay, Argentina y Perú en su primer viaje a Latinoamérica, que dará inicio el 4 de noviembre, un día después de las elecciones en Estados Unidos.

Milei es hoy el activo más tóxico de la extrema derecha internacional, un juguete roto del cual pronto querrán prescindir. Lo vimos la semana pasada durante su visita a España. Santiago Abascal no quiso coincidir con él y le ofreció como compensación una videollamada. Isabel Díaz Ayuso no resistió la tentación de poner otra piedra en el camino de Alberto Núñez Feijóo y le acabó recibiendo con alborozo en las instalaciones del Canal de Isabel II para evitar una escena incómoda en la Puerta del Sol.

España va tomando nota. Serbia, Brasil, hoy elecciones en Israel, y el próximo martes, Estados Unidos. ¿Es la economía? (Borremos la palabra “estúpido” en el interrogante, puesto que ya hay demasiados insultos en circulación).

La economía. Veamos cómo están las cifras básicas en España. Hace semanas que queríamos dedicar un Penínsulas a la base material de la sociedad española, con la indispensable colaboración del geógrafo Santiago Fernández Muñoz. Vamos a comentar hoy algunos datos básicos.

España es el país europeo que más crece en términos macroeconómicos. En cualquier nación de nuestro entorno, ese dato sería objeto de gran triunfalismo. En España ese triunfalismo no existe, porque una parte de la sociedad aún no se ha recuperado de los efectos negativos de la última crisis, porque a muchos jóvenes no les va bien, porque los cambios tecnológicos están introduciendo mucha incertidumbre en el empleo estable, y porque el actual discurso gubernamental no es hegemónico en los medios de comunicación convencionales y mucho menos en la galaxia digital. Según cuál sea el resultado de las elecciones del 29 de noviembre, es altamente probable que dentro de unos meses estemos hablando del “milagro económico español”. Estén atentos.

Según la Comisión Europea, España crecerá un 2,4% en 2026. Es decir, el doble que la media de la Unión Europea, cuatro veces más que Alemania (0,6%), el triple que Francia (0,8%) y casi cinco veces más que Italia (0,5%). En 2027 esa tendencia se mantendrá con alguna modulación. El paro ha bajado a las cifras anteriores al 2008. La deuda pública se halla por primera vez desde el 2019 por debajo del 100% del PIB, muy poco por debajo. Sigue siendo una deuda alta, pero Francia ha escalado al 120%, Italia supera el 134% y Grecia se halla en el 140% después de haber alcanzado el 209%. Emmanuel Macron y Giorgia Meloni tendrían hoy una gran alegría si alguien les comunicase que van a cerrar el año con un crecimiento del 2,4%. No habría suficiente Aperol en Italia para celebrarlo. Se agotaría el champagne en Francia.

Esa dinámica española obedece a un notorio incremento del consumo interno por el crecimiento demográfico (inmigración); es reflejo de los planes de recuperación acordados por la Unión Europea ante los graves riesgos económicos que planteaba la epidemia (de nuevo, España es el país que mejor ha aprovechado los fondos europeos), muestra una relativa contención de la factura energética con la ayuda de las renovables y se beneficia, una vez más, de la posición geográfica de la península Ibérica, en el extremo occidental y soleado de Europa, lejos de las fronteras con Rusia y de las turbulencias del Mediterráneo oriental y de Oriente Medio.

España es un país solar: sol y suelo. Sol y playas para atraer a turistas (récord de visitantes en 2025); tranquilidad para quienes pueden comprar una segunda residencia lejos de situaciones complicadas, así en Latinoamérica como en la Europa Oriental; grandes reservas de suelo en la España interior para la instalación de parques eólicos y fotovoltaicos, y ahora, centros de datos. España es un país solar muy abierto a los capitales extranjeros. La partitura del Plan de Estabilización de 1959 se mantiene casi intacta. (Ningún Penínsulas sin una mención al decisivo Plan de Estabilización). En pocas palabras, la economía española está resistiendo mucho mejor que los grandes países europeos las tensiones del nuevo contexto geopolítico y, sobre todo, el encarecimiento de la energía derivado primero de la guerra de Ucrania y después de la guerra de Irán.

Las guerras de Putin, Trump y Netanyahu han alterado los equilibrios geopolíticos, y la primera consecuencia es el aumento sostenido de los precios de la energía. Ya ocurrió tras la invasión rusa de Ucrania y está volviendo a ocurrir con la guerra de Irán, un conflicto que ha trastocado por completo el tráfico de hidrocarburos por el estrecho de Ormuz, obligando a desviar por el cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica) buena parte de la ruta comercial que conectaba Extremo Oriente con Europa a través del canal de Suez. El efecto no es menor. El último dato de inflación en España es del 4,9%, un nivel que no se alcanzaba desde febrero de 2023, en plena crisis energética tras la invasión de Ucrania.

El encarecimiento de la gasolina, el diésel y el gas explica este rápido repunte de los precios y, aunque es previsible que se modere algo en los próximos meses, la inflación cerrará el año en torno al 4,5%. Es probable que la subida de los carburantes se traslade al resto de la cesta de la compra, especialmente a los alimentos, que ya subieron un 2,7% interanual en septiembre, cuatro décimas más que en agosto. La subida de las pensiones se decidirá después de las elecciones, cuando se publique el dato de inflación de noviembre. Previsiblemente, se situará en torno al 3,6%.

La inflación mata a los gobiernos. La decisión de Pedro Sánchez de adelantar las elecciones está motivada, entre otros factores, por la subida de los precios; no lo duden. La grave crisis de Ceuta hizo pensar a mucha gente que no tenía otra opción que agotar el mandato. Sánchez sabía lo que tenía por delante: más desgaste, más causas judiciales y un invierno con inflación. Optó por cortar en seco cuando comprobó que ni siquiera disponía de mayoría parlamentaria para aprobar un decreto de medidas de urgencia sobre los desahucios, que apoyaba el Partido Nacionalista Vasco, pero no Junts. En Barcelona nació el actual ciclo político en el 2018. En Barcelona ha concluido. Y en Barcelona puede decantarse el 29 – N. En Barcelona pasan cosas de cierta importancia y no todas en la misma dirección, como hemos podido comprobar este fin de semana.

Viene un invierno complicado, con horizontes inciertos, según cual sea el resultado de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. El mundo se ha complicado con costes y consecuencias muy visibles. El enfado que ha provocado a lo largo del año la subida de los carburantes se ha apaciguado con subvenciones públicas que hasta el momento han costado unos 12.000 millones de euros a las arcas del Estado, unas siete décimas del PIB, una cifra que incluye también las rebajas en la electricidad y el gas y otras ayudas sectoriales. 12.000 millones de euros. ¿Quién dijo que no importa el crecimiento del PIB?

Llega el invierno y, aunque las previsiones apuntan a que no será especialmente duro, también se dispara el coste del gas. Los precios mayoristas del gas se han triplicado en 2026 por el conflicto en Oriente Medio. El cierre del estrecho de Ormuz y los bombardeos iraníes de las plantas de gas de Qatar han complicado el suministro de gas natural licuado, y los precios se han acelerado desde mediados de agosto. En estos momentos, el precio de referencia del gas metano (84 euros/MWh) multiplica por cuatro los veinte euros de finales del 2021, dos meses antes de que comenzase la invasión rusa de Ucrania.

La subida del gas no solo encarece la factura de los hogares, sino que se traslada también al precio de la electricidad. Por el momento, el Gobierno no ha pedido a Bruselas la reactivación de la ‘excepción ibérica’ del 2022/2023, tope al precio del gas empleado para la generación de electricidad, con el diferencial a cargo del Estado, y ha optado por actuar sobre los precios regulados y la fiscalidad. Con todo, el precio de la electricidad ha subido con fuerza en los últimos meses. España sigue arrastrando la resaca del apagón de finales de abril del 2025.

Resaca que se resume en un dato: las renovables representan ya alrededor del 72% de la potencia de generación instalada en España, pero su peso en la generación de electricidad ha disminuido. En septiembre aportaron el 51% de la generación, frente al 53,3% de septiembre de 2025. No es que se produzca menos electricidad renovable, que creció un 5,7% en septiembre, sino que la generación total, principalmente con gas, creció más. Hay más cautelas. Red Eléctrica no quiere arriesgar. España conserva, de momento, su ventaja en los precios mayoristas de la electricidad frente a sus principales socios europeos. Entre octubre de 2025 y septiembre de 2026, el precio español promedió 73,29 €/MWh, frente a 104,05 en Alemania, 76,51 en Francia y 137,6 en Italia: alrededor de un 30% menos que en Alemania, un 4% menos que en Francia y un 47% menos que en Italia.

¿Es la economía la que lo decide todo en este tiempo con tantos miedos acumulados? No, no con el arrogante tono clintoniano. El crecimiento macroeconómico ya no garantiza un fuerte consenso social, pero evita dramas mayores. Atención a las próximas semanas en España. Atención a la calle. Atención a las sorpresas. Brasil le dice a la derecha española que se aleje de la motosierra. Y le dice a Sánchez que la pasión no se improvisa.

Brasil y Serbia también nos dicen que la última palabra la tienen los ciudadanos.

(Este nuevo capítulo de Penínsulas ha contado con la colaboración de Santiago Fernández Muñoz, geógrafo, experto en geopolítica y políticas públicas, socio de SILO).

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)