“Mamdani y El Sayed no existirían sin nuestro castigo a Harris”: el movimiento por Gaza transforma a los demócratas
La comunidad árabe de Michigan impulsó el voto “no comprometido” en el 2024 y dos años después trabaja para elegir al primer senador musulmán en la historia de Estados Unidos
La Vanguardia, , 27-10-2026El Partido Demócrata ignoró en el 2024 las demandas de la comunidad árabe – americana y de otros cientos de miles de estadounidenses que reclamaron el fin del apoyo moral, militar y económico a Israel en su masacre en Gaza. Dos años después, aquel desencanto, aunado en el movimiento de los “no comprometidos”, ha transformado desde dentro al partido y ha ganado elecciones primarias frente a los candidatos del establishment demócrata, dopados por las millonarias donaciones récord del grupo pro israelí AIPAC y otros comités de acción política (PAC).
El ejemplo del socialista Zohran Mamdani, que el año pasado se convirtió en el primer alcalde musulmán de la ciudad de Nueva York, se ha extendido alrededor del país y ha alcanzado lugares alejados del bastión progresista, como Michigan, donde Abdul El Sayed, de origen egipcio, aspira a convertirse la semana que viene en el primer senador musulmán en la historia de Estados Unidos. Les une algo más que la religión, que está más bien ausente en sus discursos: representan el hastío del pueblo ante un sistema y una clase política vendida a los grandes lobbies, e incapaz de abaratar el costo de la vida, la sanidad y la educación.
“No sé si el partido ha escuchado nuestras demandas, pero sí sé que los votantes demócratas han decidido que quieren un cambio profundo. Lo que hizo la comunidad árabe – estadounidense aquí, en Michigan, cuando dijimos que no apoyaríamos al candidato demócrata si no cambiaba su política, contribuyó directamente a ese cambio”, celebra Amer Zahr, comediante de origen palestino muy influyente en la ciudad de Dearborn, el suburbio de Detroit en el que se encuentra la mayor comunidad de origen árabe en el país y donde nació el movimiento de los “no comprometidos”.
“Creo que nuestro voto de castigo propició la transformación demócrata: si Kamala Harris hubiera ganado las presidenciales, no existirían políticamente Abdul El Sayed ni Zohran Mamdani, porque todo el mundo habría pensado que seguir haciendo lo de siempre era la fórmula de la victoria”, sentencia. Concuerda Zena Ozeir, presidenta de la Red Comunitaria Palestina de Dearborn: “El Partido Demócrata vetó la intervención de un palestino en su convención nacional. Harris tuvo la oportunidad de reconocer a nuestra comunidad, pero decidió no hacerlo”, argumenta, entrevistada en un café yemení en la capital árabe de EE.UU.
Donald Trump ganó las presidenciales de manera contundente, imponiéndose en los seis estados que se consideraban más disputados antes de los comicios. Uno de estos era Michigan, donde venció por 80.000 votos de diferencia. Zahr y Ozeir, que optaron por la candidata del Partido Verde, Jill Stein, fueron dos de las 100.000 personas que votaron por la opción “no comprometido” en las primarias demócratas del estado del Medio Oeste. El cálculo lleva a pensar que el movimiento por Gaza fue el causante de la victoria de Trump en Michigan, y una de las causas de su victoria en todo el país.
Al ser preguntado por ello, Zahr siente orgullo del poder demostrado por su comunidad, pero insiste en que el ascenso de Trump no es culpa de los árabes: “Fue el Partido Demócrata el que creó esa situación”, asegura, “decidió que nuestra sangre no valía nada y que no iba a cambiar su política” permisiva con Israel, que mató a sus familiares en Gaza, incluidos decenas de miles de niños.
“El coste de tener a Trump como presidente es muy alto. Su presidencia es terrible. Pero nuestros políticos deben rendir cuentas ante nosotros, no al revés”, añade Ozeir. “Creo que el genocidio sí influyó en los resultados electorales. Pero también pienso que los demócratas hicieron una campaña terrible. Esperaron hasta el último momento para que Joe Biden se retirara y no hubo unas verdaderas primarias”.
Dos años después, aquellos que impulsaron el voto de castigo contra la Administración Biden trabajan con la misma intensidad para lograr que El Sayed llegue al Capitolio. Sus campañas de movilización de voto, ya sea a través de las redes sociales o llamando puerta a puerta en sus vecindarios, fueron esenciales para la victoria del progresista en las primarias frente a Haley Stevens, la candidata preferida del establishment demócrata, por apenas un punto porcentual.
Stevens recibió la mayor financiación a un candidato en la historia del AIPAC, el principal lobby pro israelí en EE.UU., con la astronómica cifra de 30 millones de dólares, diez veces más del total recibido por El Sayed. Esta agrupación, que ha destinado más de 100 millones en este ciclo de midterms, también ha financiado la campaña del rival del demócrata, el republicano Mike Rogers, con otros 9 millones de dólares.
Zahr asegura que este gasto desmesurado es una evidencia de que los republicanos “han entrado en pánico: si tienes la verdad de tu lado, no necesitas gastar tantas decenas millones de dólares. Antes podía bastarles, pero el pueblo ha abierto los ojos”. En su opinión, también los recurrentes insultos xenófobos hacia El Sayed y otros candidatos árabes por parte de Trump y Rogers demuestran un intento “desesperado” por parte de los republicanos, que han calificado al demócrata de yihadista, lo han asociado con los Hermanos Musulmanes y han afirmado que quiere implantar la ley Sharia en EE.UU.
La noche del domingo, Trump volvió a escalar desde Port Huron, a una hora de Detroit, su retórica del miedo. Afirmó que El Sayed es un “yihadista”, que quiere “eliminar la Navidad”, que es un falso doctor y debería ser arrestado, y que “sería el único senador que tendría que pasar por un detector de metales” antes de entrar al Capitolio.
Este tipo de exageraciones, el discurso abiertamente xenófobo, impacta más allá de unos resultados electorales. Ozeir denuncia que “desde que Trump fue elegido, existe una sensación de miedo en la comunidad, tanto árabe como inmigrante”, lo cual hace que “la gente tenga ahora más miedo de expresar sus ideas, acudir a las protestas e implicarse en la política”.
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