«Vine a Ceuta porque mi vida estaba en peligro en Marruecos por ser gay»
Anass, Marouane, Inara, Aisha y Maryam, migrantes LGTBI que cruzaron la frontera en la avalancha de julio y han pedido asilo, denuncian que ahora se enfrentan a agresiones en la ciudad autónoma
Diario Vasco, , 26-10-2026La llegada masiva de migrantes a Ceuta el pasado 30 de julio puso a la ciudad autónoma ante una situación excepcional. Pero, más allá de las cifras, hay una realidad que corre el riesgo de quedar en segundo plano: la de quienes, después de cruzar la frontera, siguen sin encontrar un lugar seguro. Es el caso de las personas LGTBI que huyeron de Marruecos para escapar de la persecución de un país en el que los «actos homosexuales» están castigados con penas de entre seis meses y tres años de prisión, además de multas.
No hay cifras oficiales sobre cuántas personas LGTBI llegaron a Ceuta. «Los colectivos LGTBI manejamos como dato de estimación que el 10% de la población se identifica como LGTBI. Así que podemos hacer ese cálculo: el 10% de las personas que hay en Ceuta puede ser LGTBI», asegura Gonzalo Serrano, presidente de la Fundación Arcoiris, que está en contacto con algunos jóvenes que se encuentran en la ciudad autónoma para incluirlos en la red de apoyo que tienen en Andalucía. La activista trans marroquí Tima Agueddour asegura que ha tenido contacto con hasta 176 personas LGTBI que están en Ceuta, aunque no puede asegurar que esa sea la cifra exacta de quienes se encuentran en la ciudad. «Hay muchos que tienen miedo de decir que son del colectivo», afirma la activista, que colabora con la asociación MENAT, en una conversación con SIX.
Entre estas 176 personas se encuentran Anass, Marouane, Inara, Aisha y Maryam. Cinco personas del colectivo que llegaron a Ceuta desde Marruecos aquel 30 de julio en el que 141 personas se quedaron por el camino. Estos cinco testimonios, con historias reales y nombres ficticios para preservar su seguridad, no se conocen entre sí, pero tienen algo que los une: el sueño de poder ser ellos mismos, vivir en libertad y no tener que esconderse. Algo que, por el momento, no han conseguido. Todos ellos denuncian agresiones constantes por pertenecer al colectivo y expresan el deseo de llegar a la península para poder comenzar de cero tras salir de su país, perseguidos debido a su orientación sexual o identidad de género, como es el caso de Inara.
«No podía ser quién soy en Marruecos», asegura Inara en marroquí mediante la traducción de Agueddour sobre los motivos que la llevaron a cruzar la frontera. Esta mujer trans ya ha podido solicitar la protección internacional y se encuentra en el Centro San Antonio. «En el día a día tengo miedo de salir a comprar porque estamos perseguidos, sufrimos agresiones, insultos tránsfobos y amenazas de muerte», relata.
Inara vive en el Centro San Antonio, pero no tener un alojamiento es algo habitual. La activista marroquí asegura que tienen conocimiento de que 13 personas del colectivo están en este mismo centro, mientras que nueve se quedan en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) y otros 86 siguen en la calle. Este último es el caso de Anass, Aisha y Maryam. El primero, además de su orientación sexual, cuenta con otro hándicap: sufre ataques de epilepsia. «Me sucede siempre que sufro ansiedad o le doy demasiadas vueltas a las cosas», relata este joven gay vía WhatsApp con ayuda del traductor de Google. Esta situación ya ha llevado a Anass al hospital, algo que ha podido comprobar este medio a través del informe médico.
Anass pasa el día en la calle, aunque suele visitar, junto a un grupo de gente, a una mujer que le da ropa y algo de comida. «Siempre que está en Ceuta nos deja dormir en un garaje», confiesa este joven, que come gracias a la ayuda de esta mujer y a otras personas que ofrecen comidas gratuitas a los migrantes. «Suele ser una al día. Es un acto de caridad», señala Anass, que no tiene dinero en su día a día.
Este chico huyó de su país escapando de una difícil situación familiar y personal. «Desde mi infancia, he sufrido en mi pequeño pueblo a causa de mi orientación sexual: algo que no elegí, sino que más bien me eligió a mí», comienza a contar su historia, a la que pronto llegan los «ataques en múltiples ocasiones» por su familia y vecinos a pesar de que «nunca he hecho daño a nadie ni me he impuesto a nadie». Anass confiesa que estaba «harto de la situación» y que soñaba, desde hace mucho tiempo, con ir a un lugar donde la gente le respete. «Quiero vivir en plena libertad y vivir para mí mismo, en lugar de hacerlo para complacer a quienes me rodean», dice.
En Marruecos se encontraba totalmente solo. No tiene hermanos, su padre falleció, mientras que su madre padece problemas de salud mental y es su tía quien se encarga de todo lo relacionado con ella. «Y eso no es todo; esto es solo una pequeña parte», cuenta. Una de las agresiones más duras que sufrió en Marruecos fue al utilizar una aplicación para hombres gais. En una ocasión entabló conversación con alguien de la plataforma, sin saber que en realidad era de su propio barrio. «Él me reconoció y se confabuló con otros hombres de la zona para tenderme una emboscada, golpearme y arruinar mi reputación en toda la ciudad. Por desgracia, eso fue exactamente lo que sucedió; jamás olvidaré aquella noche mientras viva», relata.
Anass viene de un pequeño pueblo, donde todos se conocen. Cada vez que salía a la calle, según cuenta, se enfrentaba al acoso y al lenguaje abusivo. «Algunas personas intentaban obligarme a hacer cosas en contra de mi voluntad», dice mientras recuerda el miedo que tenía a salir de noche cuando trabajaba en un restaurante. «Lo más increíble es que, aunque pensaras en acudir a la policía, ellos son aún más descarados que esos mismos individuos. Absolutamente ningún derecho ni piedad», apunta.
Una situación que no ha mejorado en Ceuta. «Aquí en Ceuta fui objeto de acoso y palizas, pero a manos de migrantes», señala el joven, quien reconoce que su sueño es «vivir libre de acoso, vivir como una persona libre y, sobre todo, sentirme verdaderamente humano». Además, sueña con tener un trabajo que transforme su situación y mejore sus circunstancias. «Pero me temo que este sueño no se hará realidad», afirma tras «meses de sufrimiento» y sin saber qué vendrá.
Sin embargo, en las últimas horas Anass ha recuperado la ilusión: el joven, con quien este medio tiene relación casi diaria, ha podido solicitar el asilo. Algo que no es nada fácil en este momento de la crisis.
«El procedimiento de asilo está funcionando por listas, según el centro en el que esté», dice Meriem Liazid, de Liazid Abogados. La abogada, que trabaja en Ceuta, asegura que las listas para la solicitud de asilo llegan hasta febrero tras un cambio de sistema. «Los sábados y domingos podíamos incluir a cualquier persona vulnerable que nosotros identificáramos. Pero, desde hace aproximadamente un mes, ya no podemos. Ahora van todos juntos porque ahora todo el mundo es vulnerable», anuncia.
No obstante, Anass ha podido conseguirlo debido a su extrema vulnerabilidad y gracias a «una mujer que se puso en contacto con una organización» en su nombre. «A pesar de la presión laboral, intentaron ayudarme porque vieron mis difíciles circunstancias», cuenta. La primera organización, de la que no sabe el nombre, lo llevó hasta Legal Support, quienes han podido formalizar esta solicitud de asilo.
Marouane huyó de Marruecos porque «su vida y su salud mental estaban en peligro por ser gay». «Desde pequeño supe que era diferente y viví con mucho miedo y vergüenza. En mi familia y en mi barrio, si saben que eres gay te insultan, te rechazan y te pueden denunciar a la policía», asegura este joven de 22 años, que siempre ha vivido «escondido y con mucha ansiedad» por no poder ser él mismo. Tanto es así que se fue de casa sin contar a nadie su verdadera orientación sexual. «A mi familia no le dije que soy gay, porque tenía mucho miedo. Les dije que me iba a buscar trabajo y una vida mejor. Si les digo la verdad me pueden hacer daño», expone.
Ese fue el principal motivo que llevó a Marouane a lanzarse a las aguas aquel 30 de julio. «Llegué nadando. Fue muy peligroso», recuerda sobre aquel día. El día en el que pensaba que su vida iba a cambiar y que en España estaría a salvo. «Llegué a Ceuta buscando protección, pensando que en Europa estaría seguro», asegura sobre una realidad que aún no ha conocido. El joven cuenta que varias personas conocen su orientación sexual y se dedican a insultarlo y humillarlo delante de todos a diario. «Me han pegado varias veces solo por ser gay. Me quitan el dinero, el móvil y la ropa. Me roban. Lo hacen porque saben que estoy solo y que no tengo a nadie», relata.
Marouane, que estuvo viviendo en las calles de Ceuta hasta hace menos de una semana, asegura que esta situación le está afectando psicológicamente. «No duermo bien. Tengo miedo, ansiedad y mucha tristeza. No tengo casa. Duermo en la calle y tengo miedo todo el tiempo, también de noche. No me siento seguro en ningún sitio», aseguraba antes de encontrar una plaza en un campamento, aunque no donde él hubiera deseado.
Marouane manifestó desde el primer momento a este medio su ilusión de entrar en el Centro San Antonio, donde conoce a otros chicos gais marroquíes. «Yo quiero unirme a ellos porque me siento más seguro con ellos y me entienden. Pero me dicen que está lleno y que no hay sitio para mí ahora».
El joven asegura que su problema es con otros migrantes marroquíes y, en algunas ocasiones, con la propia gente ceutí. «Algunas personas marroquíes que están aquí en Ceuta me insultan y me roban porque saben que soy gay y estoy solo. Y también algunas personas de aquí me insultan en la calle por lo mismo. Me siento inseguro con todos porque nadie me protege», dice.
Sin embargo, Marouane sabe que no puede volver a Marruecos. «Me pueden meter en la cárcel por ser homosexual. Mi familia me va a rechazar y mi vida corre peligro», hace hincapié el joven marroquí: el único de los testimonios recogidos por este medio que aún no ha podido solicitar el asilo. «Tengo cita con la policía en diciembre», asegura con esperanza de que su situación cambie. «Por todo esto pido protección internacional y asilo en España. Solo quiero vivir en paz, ser yo mismo y que no me hagan daño. Necesito un lugar seguro donde vivir y ayuda psicológica», expone.
Tima Agueddour asegura que las agresiones se agravan en el caso de las mujeres trans. «En los espacios de mujeres no pueden entrar mujeres trans. Dicen que ‘solo coño’», denuncia. Además, pone de manifiesto que han obligado a hombres trans vestir con ropa de mujer para «no asustar a las mujeres». «Los chicos gays y las chicas trans no tienen espacio dónde ir. Los chicos trans entran en espacios de mujeres, donde están obligados a ser normativos», asegura.
Aisha y Maryam son una pareja de mujeres marroquíes que vive en Ceuta tras huir de su país por sufrir «amenazas de muerte de su familia y entorno». Actualmente duermen en la calle, «en algunos parques», mientras sufren robos y violencia diarias. «Sufrimos mucho, hace poco tiempo sufrimos un robo con violencia», aseguran.
Aisha fue obligada a casarse en Marruecos con un hombre que, además de su marido, era su agresor. Esta condición de víctima de violencia de género hizo que se le asignara una plaza en un centro específico, pero la medida la incluía solo a ella, excluyendo a su pareja. Ante esta situación, Aisha rechazó la plaza. «Solo queremos vivir en paz en pareja, sin violencia, sin agresiones», desean.
Meriem Liazid denuncia que «los solicitantes se han dado cuenta de que pertenecer al colectivo es un plus para poder solicitar asilo e irse a la Península». Un problema, según la abogada, que tienen que solucionar para que «no paguen justos por pecadores». «Ya han salido noticias de que el 70% de los solicitantes están diciendo que son homosexuales», asegura. Una situación que la activista trans marroquí niega que esté sucediendo.
La letrada, que muestra su preocupación por la «instrumentalización del colectivo LGTBI», pide un análisis riguroso de la situación. «Los policías de la OAR –Oficina de Asilo y Refugio, órgano dependiente del Ministerio del Interior– están preparadísimos para detectar cuándo es verdad y cuándo es mentira», indica sobre estos profesionales encargados de hacer las entrevistas.
La abogada añade que la situación del colectivo LGTBI en la ciudad autónoma es «delicada» por la ausencia de espacios habitacionales específicos. «Hay personas en casas que están sufriendo mucha discriminación, porque muchos no pueden ocultar su orientación sexual», indica Liazid sobre quienes han llegado desde Marruecos, un país donde, según compara la letrada, la situación del colectivo LGTBI guarda semejanzas con la España de la época de Franco. «El colectivo está muy discriminado. Apenas tienen derechos, así que pueden hacer con ellos lo que quieran», explica sobre una dinámica que, a su juicio, se ha trasladado en parte a Ceuta.
Liazid, en comunicación con personas del colectivo LGTBI que han llegado a Ceuta desde Marruecos, narra el caso de un joven que optó por regresar a su país de origen ante las condiciones de la ruta: «No aguantaba más. Había sufrido palizas y, en una casa, sus propios compañeros lo maltrataron. Me dio mucha pena porque era una situación muy, muy delicada», expone.
Otro problema que pone esta profesional sobre la mesa son las pocas opciones de subsistir que tienen las personas del colectivo LGTBI actualmente en Ceuta. «Muchas veces no pueden hacer otra cosa que recurrir a la prostitución porque no encuentran trabajo ni tienen nada para comer. Y, si no pueden acceder a los recursos de acogida, eso es lo que les queda. Eso es lo que estamos creando aquí», concluye Liazid.
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