Nuevas movilizaciones piden justicia para Babacar Welle y acabar con el racismo institucional

Varias movilizaciones exigen justicia para Babacar Welle y acabar con el racismo institucional. Aseguran que hay que «romper el silencio ante la impunidad» y seguir luchando para que casos como el sucedido en Hondarribia hace un mes, o el de Elhadji Ndiaye en Iruñea hace diez años, no se repitan.

Gara, Agustin Goikoetxea, 25-10-2026

Bajo el lema ‘Babacar, hermano, no te olvidamos ni te olvidaremos’, el movimiento antirracista de Euskal Herria se ha manifestado este domingo en Bilbo, Donostia, Gasteiz e Iruñea para mantener viva la memoria de Babacar Welle, denunciar las violencias racistas y reclamar una sociedad en la que ninguna vida sea considerada prescindible.

En la capital vizcaina, en la plaza Circular, un centenar de personas se ha concentrado para reclamar justicia para el vecino de Hondarribia al que agentes de la Policía Municipal abatieron a tiros el pasado 28 de septiembre después de que sufriera una crisis de salud mental. En el transcurso de la protesta, las y los manifestantes han coreado consignas como «basta ya de racismo policial», «inor ez da ilegala», «queremos justicia para Babacar», «Babacar gogoan zaitugu» y «las vidas negras también importan», entre otras.

Los reunidos han demandado insistentemente justicia, en la que incluyen que la familia de Welle pueda despedirle en Senegal, «con el entierro digno que merece». Para ello, continúan recogiendo donaciones para costear la repatriación de su cuerpo, y también para financiar la defensa legal del caso. Con tal objetivo, han animado a sumarse a esta iniciativa.

«Vamos a honrarle, vamos a acompañar a su familia y vamos a seguir luchando. Que sepan quiénes han hecho de esta muerte un negocio de silencio y de excusas que nos tendrán enfrente», les han advertido.

En el comunicado que han leído, han destacado que Welle no es ni la primera ni la única persona negra muerta a raíz de la intervención policial en Euskal Herria, recordando que hace diez años, en la comisaría de la Policía española de Iruñea, perdió la vida Elhadji Ndiaye. «No es casualidad que cuando una persona negra entra en contacto con la policía, da igual si es municipal, Ertzaintza o Nacional, acabe violentada o asesinada», atribuyéndola al racismo policial.

Llenos de rabia y conteniendo las lágrimas, los antirracistas han denunciado la «total impunidad» con la que actúan las fuerzas policiales ante las personas racializadas.

«La policía, con total impunidad, nos ha arrebatado a Babacar, una vida que no se puede recuperar. Y aprovechándose precisamente de esa impunidad, intentarán convencernos de que estaba loco, de que era peligroso, de que no había otra opción que dispararle, tres veces, de que estaba en el lugar equivocado. La policía, el Estado y los medios de comunicación intentarán convertir este asesinato racista en una muerte inevitable», han señalado.

«Deshumanización»

Han incidido en que la «deshumanización» de los cuerpos negros es un mecanismo del racismo estructural. «Primero se construye una amenaza y después se justifica la violencia ejercida contra ella. Se señala a la víctima, se cuestiona su comportamiento y se inventan razones para explicar por qué no merecía protección. Así, el racismo institucional no solo actúa mediante la fuerza, sino también mediante los relatos que legitiman esa fuerza y las estructuras que garantizan su impunidad. Y así, una vez más, el asesinato de una persona negra corre el riesgo de convertirse en una muerte más, en una cifra, en un caso que se pretende cerrar sin asumir responsabilidades», han expuesto.

No obvian que Welle podía estar atravesando una crisis de salud mental, que debería haber sido tratado como lo que entienden que es una cuestión de atención sanitaria y no una amenaza. En este punto, han recordado el caso de Ander Sáenz Tortajada, quien murió tras una actuación violenta de la Policía Local de Santurtzi.

«Cuando la salud mental se responde con pistolas, el mensaje es claro: quien sufre no tiene lugar en esta sociedad. Y si encima es negro, ese mensaje se grita», han lamentado.

Estas justificaciones y deshumanización son posibles, han subrayado, «son posibles porque existe un entramado de discursos de odio supremacistas blancos, nazis y racistas que campan a sus anchas en medios de comunicación, en redes sociales y en tribunas políticas. Ese ecosistema prepara el terreno antes de cada muerte. Construye al hombre negro como amenaza, a la persona migrante como problema y a la persona neurodivergente como peligro, de modo que cuando llega el disparo la sociedad ya tiene lista la excusa».

A ese discurso, han añadido, le acompañan «políticas racistas que justifican la segregación de las personas negras, desde las leyes de extranjería que fabrican irregularidad hasta los obstáculos para acceder a la vivienda, al empadronamiento o a la atención sanitaria».

«Mientras se multiplican los discursos de odio, también se endurecen las medidas y las leyes que aumentan la precariedad y la violencia institucional. Esta contradicción no es casualidad. Dibuja una frontera entre quienes tienen derecho a ser protegidos y quienes pueden ser abandonados, entre las vidas que merecen ser salvadas y aquellas cuya pérdida se normaliza, se justifica o incluso se celebra», han enfatizado.

Para el movimiento antirracista de Euskal Herria, cuando la protección se somete a criterios de racialización o capacitismo, deja de ser un derecho y se convierte en una herramienta de dominación.

«La política de protección del Estado racista necesita establecer estas distinciones y decidir qué cuerpos merecen cuidado, qué vidas se consideran valiosas y cuáles pueden quedar expuestas a la violencia sin que nadie rinda cuentas. No queremos una protección que seleccione qué vidas merecen ser salvadas. No queremos una humanidad dividida entre cuerpos protegibles y cuerpos sacrificables», han indicado.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)