La llama de la protesta prende en Europa, con beneficiarios inciertos

Cuando hay contenedores ardiendo simultáneamente en París, Milán y Barcelona, resulta evidente que algo se está cocinando en Europa. Pero es difícil dimensionarlo. Las movilizaciones beben de un malestar compartido y justificado, pero no es fácil anticipar quién va a acabar sacando partido.

Gara, Beñat Zaldua , 26-10-2026

¿De dónde surgen y a quién benefician? El suroeste europeo está inflamado, las protestas se reproducen de París a Atenas, de Madrid a Milán, de Lisboa a Tirana y de Bruselas a Barcelona, pero hay dos preguntas básicas que cuesta mucho contestar, sobre todo la segunda. ¿Cómo emerge esta ola de movilizaciones en lugares dispares y a quién refuerzan en unos tiempos ya de por sí convulsos?

Los titulares se los está llevando el Estado francés, tras la espectacular y caótica jornada del 17 de octubre. Este sábado, la réplica ha sido más tranquila, pero numéricamente espectacular. Centenares de miles de personas salieron a la calle pese al inédito despliegue de miles de policías y a las medidas del Gobierno francés contra el derecho a manifestarse. Se camina hacia una huelga general para el 5 de noviembre.

Pero fuera del Hexágono también hay ambiente. En Italia, el pulso contra el Gobierno de Giorgia Meloni ha sido doble. Por un lado, los jóvenes han salido a la calle con fuerza en el norte, especialmente en Milán, donde el sábado volvieron a celebrarse manifestaciones masivas fuertemente custodiadas por la Policía el fin de semana anterior también hubo disturbios importantes. Por otro lado, los transportistas han protestado en el sur por la carestía de los combustibles. Ha habido muchas carreteras cortadas y problemas de suministro; aviones en tierra y estanterías de supermercados vacías, una imagen que todo gobernante quiere evitar, más en temporada electoral. Italia celebrará comicios el año que viene y a Meloni le ha salido competencia por la derecha: el exmilitar Roberto Vannacci.

Roma ha conseguido calmar el frente sur a base de dinero, pero el conflicto está abierto con la juventud. Hay una huelga general convocada para el 20 de noviembre.

En Portugal, la Policía desalojó la noche del sábado al domingo los campamentos a favor del derecho a la vivienda de Lisboa y Porto, réplicas de la de Madrid, que sigue en pie.

Barcelona, siempre dispuesta a arder periódicamente, vivió un atardecer de disturbios el sábado, al acabar una convocatoria de origen incierto y todavía sin aclarar. Las redes sociales no crean una movilización por combustión espontánea. La huelga general, en el Estado español, será el 11 de noviembre.

En las dos últimas semanas también ha habido movilizaciones potentes contra la carestía de la vida y la falta de expectativas vitales, al menos, en Bélgica, Grecia, Albania y Serbia. La mancha de aceite se extiende por todo el sur de Europa y sube por el este.

¿Quién capitaliza?

Las movilizaciones se están dando en países gobernados tanto por la extrema derecha, como por la derecha y la socialdemocracia, lo que dificulta la búsqueda de beneficiarios.

En el Estado español, resulta evidente que la potente movilización por la vivienda favorece, paradójicamente, al PSOE, al resituar el marco del debate público en coordenadas favorables. El estallido de Barcelona, sin reivindicación concreta, es harina de otro costal.

En Italia, el bloqueo de los transportistas podía hacerle un agujero a Meloni, mientras que Milán puede facilitarle mostrar su cara más intransigente y frenar la amenaza de Vannacci. Y en el Estado francés, parece que el consenso se inclina por señalar a Marine Le Pen como principal beneficiaria, aunque bien articulada, podría también aupar a Jean-Luc Mélenchon a la segunda vuelta. Imposible saberlo.

¿Una mano negra?

A medio plazo, y más allá de los marcos electorales, el análisis se diluye en diversos escenarios. Todo depende de quién y cómo decodifique las imágenes que está emitiendo Europa. Porque uno puede entenderlas como el esperanzador y más que legítimo despertar de una juventud a la que le están robando el futuro, o como un caos ingobernable en el que debe imponerse el orden a base de mano dura.

Son lecturas en disputa, pero que la crisis está aquí es innegable. La pregunta es si se va a salir de ella abriendo el juego y parando los pies a un sistema que cada vez deja a más gente detrás, o como en 2008, a base de sufrimiento y desmantelando lo que queda de estado de bienestar.

También circulan las hipótesis sobre intervenciones extranjeras, de EEUU a Rusia, ambas interesadas en el debilitamiento de la Unión Europea. La guerra híbrida es el concepto de moda y no estaría de más que se aclarase el origen de convocatorias como la de Barcelona. Sería naïf ignorar la posible concurrencia de este factor, pero como excusa exculpatoria para las élites europeas no tiene un pase. Ellas han alimentado el malestar y las frustraciones que ahora estallan.

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