Lula cierra la puerta a la ultraderecha y vuelve a ganar en Brasil
Luiz Inácio Lula da Silva ha sido reelegido presidente de Brasil, después de remontar los resultados de la primera vuelta e imponerse a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta, volviendo a cerrar la puerta al avance de la ultraderecha. Será su cuarto mandato.
Gara, , 26-10-2026Lula mantiene fuera de Planalto al clan Bolsonaro. El veterano mandatario brasileño ha sido reelegido por un estrecho margen, renovando el mandato del histórico líder brasileño, que no tendrá una labor fácil en un país más que polarizado.
Con el 99,77% de los votos escrutados, Lula ha sumado el 51,76% (64.078.503), mientras que su oponente se ha hecho con el 48,24% (59.728.246) de los sufragios.
La noche electoral ha sido el más fiel reflejo de la fragmentación social y política que vive Brasil. Ambos se han ido alternando al frente del recuento hasta repartirse casi al 50% los más de 120 millones de brasileños que han acudido a votar. Ambos cuentan con muchos seguidores. Pero, sobre todo, ambos cuentan con muchísimos detractores y hoy ha ganado el que menos tiene.
Lula ha renovado el cargo y ha frenado el regreso de la ultraderecha al poder. Y lo ha hecho remontando. En la primera vuelta, celebrada el pasado 4 de octubre, Bolsonaro fue el candidato más votado con el 47 % de los sufragios, frente al 45 % que recibió Lula. E incluso algunos de los otros candidatos habían mostrado su apoyo al ultraderechista, pero el veterano mandatario ha logrado revertir las encuestas durante la campaña, entre otras cosas, con un debate televisivo para enmarcar.
Ha sido una noche de mucha tensión. El recuento se ha retrasado, ya que la campaña del presidente y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, ha perdido una extensión de dos horas ante incidentes registrados en el transporte de electores en diversas ciudades del país. Tras las dos horas de tiempo extra, el recuento se ha reanudado.
Polarización
Con una participación que se ha situado en un 78,84%, el resultado ha demostrado la polarización de una sociedad con una gran fractura identitaria y social. Con casi la mitad del país declarando su animadversión a uno de los candidatos, el margen para sumar nuevos apoyos es prácticamente inexistente. La posibilidad de una tercera vía había sido devorada antes de arrancar las elecciones, por lo que los indecisos, en caso de movilizarse, lo debían hacer por quien represente el mal menor. Y este ha sido Lula, que se ha puesto en cabeza con el recuento al 50%, para no abandonar ya ese lugar.
De hecho, la movilización del voto abstencionista ha podido resultar clave. Lula ha logrado en las últimas jornadas desplazar el debate desde la valoración de su gestión hacia las consecuencias de un eventual regreso del bolsonarismo al poder, a lo que se deben sumar unas últimas jornadas de mucha movilización popular.
Los 60 millones de votos que ha recibido el representante de la ultraderecha hacen prever que no será un mandato fácil para Lula, que ya en la última legislatura ha tenido que vérselas con un Congreso más escorado a la derecha. Aquí tendrá que volver a negociar con la bancada lobbista del ‘centrão’, un bloque de partidos conservadores y profundamente clientelares que se mueven por intereses como el del agronegocio, la seguridad, y el evangelismo, lo que en Brasil se conoce como la triple B: ‘Buey, Bala y Biblia’.
Pero lo hará con mandato renovado. Y con la ultraderecha fuera del poder.
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