50 ANIVERSARIO EL PAÍS SEMANAL

Portadas que son hijas de su tiempo

El País, Patricia Gosálvez, 25-10-2026

Todo en aquella portada resulta hoy incómodo. Las letras azul claro sobre el fondo naranja pican en los ojos. En la foto, una mujer y un hombre con una inquietante tira negra sobre los ojos. Y luego está el titular: ‘¿Deben casarse los subnormales?’. Y el subtítulo, casi peor: ‘España tiembla ante el problema’. Para rizar el rizo de lo chocante, el otro titular de portada no puede ser más moderno: ‘David Bowie, la estrella que cayó del cielo’.Crecer es cambiar, cantaba el chico del rayo en Changes. En medio siglo, El País Semanal ha cambiado con los tiempos, incluso ha ayudado a cambiarlos. Pero hay algunas portadas que han envejecido peor. Aquella del 7 de agosto de 1977 se lleva la palma. Y, sin embargo, no hay que juzgar tan rápido.En el texto de ‘¿Deben casarse los subnormales?’, una de las fuentes citadas es la asociación de familias Afanias, que sigue existiendo. Enviada la portada y los pdf del artículo que la sustenta, reacciona David López, actual responsable de Accesibilidad e Inclusión: “Entonces la óptica médica consideraba a las personas con discapacidad intelectual como sujetos pasivos; no eran sujetos de derecho, sino de protección. Yo llegué en los noventa a la asociación y aún prevalecía en España un modelo de cuidados así, de jaula de oro, que separaba a la persona con discapacidad de la sociedad y a la sociedad de ella. Se empezaba a hablar de integración… Que en 1977 un reportaje pusiese el foco en el derecho a la sexualidad e incluso tocase los derechos reproductivos suponía abrir un debate que aún décadas después nadie quiere tener. Me parece un enfoque muy innovador para ese momento”. España ha vivido una revolución de los derechos, dice el experto, en la que ha sido clave la participación activa de las personas con discapacidad intelectual. “Las palabras —subnormales, retrasados, deficientes, oligofrénicos— son las que había, las que usaba todo el mundo”, dice López, recordando que no fue hasta 2006 cuando se extendió entre la sociedad y la literatura médica el término actual que pone por delante a la persona. Lo mismo pasaba con otras minorías que hoy no denominaríamos así en titulares como ‘Los locos, en la calle’ o ‘Los viejos pueden empezar a vivir’.El ejemplar de 1986 ‘Pequeños’ lo ilustra la foto de dos hombres con acondroplasia vestidos de toreros. Uno de ellos, fumando. ¿Por qué lo titulamos así? La respuesta está en el arranque del texto: “¡Solo se acuerdan de nosotros para hacer reír!”, exclama José Burgos, “(…) prefiero que nos llamen pequeños. Enano es una palabra que no me gusta. Se utiliza con cierto desprecio”. El protagonista elige el adjetivo y el artículo da voz, con costumbrismo y humanidad, a un grupo dedicado al espectáculo que relata sus penurias (las burlas en el colegio, el maltrato médico, la injusticia social), pero también sus alegrías, esperanzas y amores. El autor del texto y las magníficas fotografías son de Benito Román, que tras recibir el Premio Nacional de Fotografía Piedad Isla en 2024 realizó al año siguiente una exposición en la que completó el título del reportaje: Pequeños, más allá de su estatura: historias de dignidad y valor. “En su momento hice el artículo y las fotos con mucho respeto, y el título en absoluto pretendía ser una mofa, pero creo que ahora convenía contextualizarlo para que se entendiese mejor”, explica por teléfono.En la portada titulada simplemente ‘Gitanos’, de 1989, una mujer con delantal posa frente a una chabola con dos niños con la cara sucia, el pelo a trasquilones y la ropa llena de manchas. “Hoy saldrían gitanos universitarios o políticos, porque ahora estamos presentes en todos los ámbitos, pero para ese momento me parece una imagen acertada”, dice Fabián Sánchez, presidente de la asociación Presencia Gitana. En el reportaje, donde los habitantes de los poblados hablan de identidad y derechos, aparece su antecesor en el cargo, Manuel Martín Ramírez, que hoy explica por teléfono: “EL PAÍS siempre ha tenido una sensibilidad especial con el pueblo gitano y ha contado con nosotros, yo publiqué varios textos, recuerdo la pieza ‘Reflexiones gitanas a la Constitución”. Más allá de la foto de portada, dice Sánchez, “el gran acierto del reportaje fue su autor: José María Velázquez – Gaztelu, periodista, poeta, flamencólogo y ganador del Premio Hidalgo “por su rescate, testimonio y enaltecimiento de los valores del pueblo gitano”. “A pesar de ser payo, es uno de los nuestros”, resume Sánchez, “y ese respeto mutuo se nota en el texto”.La relación de la sociedad con el cuerpo, especialmente con el femenino, también ha cambiado. Con España de lleno en el destape, otra portada de 1977 llama la atención, de nuevo con un titular parco, ‘Bustomanía’. La imagen mola: sobre una camiseta medio transparente bajo la que se adivinan unos pechos pequeños y algo desparejos, hay un dibujo decimonónico de una mujer apretándose un corsé. Lo llamativo está dentro. Ilustrando una especie de ensayo antropológico humorístico, titulado ‘Una a cada lado’, van fotos ni más ni menos que de 40 pares de tetas con sus correspondientes pezones que harían estallar el filtro de Meta. Todas son jóvenes, blancas y heteronormativamente atractivas. El propio texto admitía: “Se van a enfadar las feministas”.En aquella época el cuerpo femenino aparece animando portadas que nada tienen que ver con el tema. ‘América, la alegre manía de votar’, se titulaba un número de 1976 en el que, sobre la foto de un mitin político, se insertó otra de Raquel Welch con un biquini de barras y estrellas, sujetando un petardo gigante entre las manos. La revista incluía varios reportajes sobre los comicios; ninguno sobre la actriz.Nada pasa de moda tan rápido como un chiste, porque el humor es inseparable del espíritu de su tiempo y de los límites que marca la corrección política del momento. Con la publicidad subliminal en su apogeo se publicó una portada en la que una mujer de rasgos nórdicos se llevaba a la boca entreabierta una jarra de cerveza. El titular era una broma: ‘Rubia y fría’. Dentro no había más suecas, sino un reportaje económico sobre el aumento del consumo de cerveza de cuando la Mahou Cinco Estrellas costaba 17 pesetas la lata.Ahora que el cuerpo no se juzga, hay chascarrillos que pierden la gracia, véase el titular de 2000 de un Especial Bolsos en el que aparece un modelo desnudo con uno minúsculo tapándole los genitales. El titular: ‘Cuestión de tamaño’. En 1986, impreso sobre la holgada túnica de Montserrat Caballé titulamos ‘La ópera, el espectáculo a lo grande’. El ideal femenino del momento lo reflejaba sin tapujos una portada de 1991 anunciando la ‘Dieta 2000: El plan de EL PAÍS para adelgazar definitivamente’. La imagen de portada es un fotomontaje de dos mujeres solapadas: detrás, la silueta de una chica con un pliegue de carne donde arquea la espalda; delante, una mujer con cintura de avispa y tres tallas menos.Recorriendo la hemeroteca, algunas temáticas van perdiendo fuelle a lo largo de las décadas. Decaen las portadas sobre toreros y los especiales invernales sobre abrigos de pieles. También el uso de imágenes de niños racializados para ilustrar un poco cualquier tema, una guerra, un viaje, o el perfil de un famoso, como el de 1985 de Julio Iglesias en las Bahamas con un bebé local en los brazos.El sexo, sin embargo, siempre ha sido clave. Entre las portadas sobre sexualidad que hemos publicado se ve cómo avanza la sociedad. Desde muy pronto se dio voz a gais, lesbianas y transexuales, aunque, por cantidad, arrasa la mirada masculina heterosexual en titulares como ‘El placer masculino, lo que las mujeres quieren saber acerca de los hombres’ (1978), ‘Sex appeal, quien lo tiene y quien no’ (con una chica comiéndose un helado), ‘Sexo en las playas’ (con dos culos femeninos sobre tablas de surf), ‘Cuando el hombre falla’ (1993) o ‘La bomba sexual’ (de 1998, sobre las esperanzas de la píldora contra la impotencia). Y, por fin, ya en 2002: ‘Las chicas mandan, ellas saben lo que quieren y lo piden’.Especial pantalones. Especial camisetas. O corbatas. O sombreros. En los setenta, la moda era un inventario de cosas. A veces se titulaba con intención, aunque regular: ‘Las chicas progres de Europa prefieren vestirse de harapos’ (sobre la moda retro), ‘Ropa supercómoda para gente joven’, ‘Con faldas y a lo loco’. Las fotos recuerdan a la venta por catálogo hasta que en los ochenta empiezan a aparecer conceptos detrás de los estilismos (como el delicioso ‘Moda B.U.P’, o la andrógina portada ‘Solo para hombres’, en las que dos gemelas de 1,80 metros posan con prendas masculinas en una barbería o unos billares). En la loquísima ‘Coqueterías’, un gato de angora lleva un chal de seda de Yves Saint Laurent con broche de pedrería. Otras chirrían más en los ojos actuales: en ‘Cuellos y puños’, la modelo parece una conejita de Playboy porque es lo único que lleva, aparte de un puro gigante junto a los labios, otra vez, entreabiertos. En ‘Hombre, despacho, estilo’, un señor elegante dicta con actitud vehemente a una apocada secretaria. Los noventa fueron ya el territorio de las supermodelos y los fotógrafos estrella, y los editoriales empezaron a tener consistentemente el glamur de las revistas de moda.“Lo más interesante de aquellas primeras portadas en El País Semanal es que hablan de moda incluso cuando todavía no sabíamos muy bien cómo hacerlo. Hoy las leemos como documentos de su tiempo, incluidos sus pasajes más sonrojantes. En aquellos años, la moda ya era una forma de narrar cambios sociales, aunque todavía se presentara un poco como un inventario. El lenguaje para contarla de forma más compleja llegó después, con la llegada a España de las grandes cabeceras internacionales, la profesionalización de la industria global y la incorporación de lectores más enterados”, dice Eugenia de la Torriente, que fue redactora jefa de El País Semanal y directora adjunta de EL PAÍS. Entró en la revista en 2000 como editora de moda. Aunque ya era el siglo XXI, todavía impresionaba ver a una mujer jovencísima defendiendo con arrojo y argumentos la importancia de los contenidos de estilo en reuniones donde la mayoría eran hombres mucho mayores y algo reticentes a que aquello fuese para tanto. “Para entonces la moda se había convertido en fenómeno global. El reto era contarla con el mismo rigor que cualquier otra expresión cultural, entendiendo que no habla solo de estética, sino también de industria, economía, sociedad… La fuerza de un suplemento generalista era conectar la moda con la actualidad y con lectores que quizá nunca comprarían una revista especializada. En ese contexto, la moda no era una sección decorativa, era otra manera de interpretar la época”, explica De la Torriente.Cumplidos los 50, el ímpetu de la revista está en seguir innovando, aunque a veces cueste más. No es solo por el corsé de la corrección política actual y por el peso de ser ya una institución. En muchas de las portadas antiguas se nota que los famosos no tenían tanto agente poniendo trabas, que la imagen de los políticos no estaba tan maquillada… Hay portadas muy divertidas en las que personajes ilustres se prestan a disfrazarse y candidatos políticos a ser retratados cortándose el pelo. El acceso a figuras de todo tipo era más relajado e íntimo. Ahí está el rey Felipe con 16 años posando en su cuartito del college canadiense en el que cursó COU en 1984. Sale con sus amigos, en misa, en clase, en el comedor… Todas, fotos propias hechas por el diario.

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