Mororidad y patria

¿Cuántas generaciones de “nuevos” españoles tendrán que dar explicaciones por no encajar físicamente con lo que un patriotismo rancio y obsoleto considera que somos “nosotros”?

El País, Najat El Hachmi, 23-10-2026

Ojalá que los moros españoles pudiéramos vivir nuestras vida sin más, como simples seres humanos, sin la estrella amarilla de la mororidad, esa condición según la que somos culpables hasta cuando se demuestra lo contrario, hasta cuando estábamos a más de 600 kilómetros del delito cometido. Imagínate ser madre de un hijo que cumple con los rasgos raciales en los que se basa esa construcción y saber que la policía lo va a parar por la calle mucho más que a sus compañeros. Imagínate verlo crecer y darte cuenta de que la mororidad no solo no va a ser impugnada como sistema de discriminación, sino que encima se va a aplicar a quienes ya nacen españoles de hijos de españoles. Que no significa nada porque deberíamos ser tratados todos como personas independientemente de nuestra procedencia, de nuestra nacionalidad o nuestros rasgos físicos. Pero es que incluso para los que practican la persecución del moro por ser éste el extranjero, “el enemigo” perpetuo y principal, la alteridad demonizada, fantasma de guerras pasadas y pulsiones de Reconquista, incluso desde ese marco lo que se les ha hecho a Youssef Abraoui y Ahmed Benyahia es un crimen aberrante: difundir su imagen señalándolos como culpables del crimen atroz que acabó con la vida de una octogenaria en Burgos. Ojalá no ser siempre los primeros sospechosos de asesinatos de ancianas, de violaciones, de robos y agresiones. Incluso algunas webs que desmienten la noticia hablan de que no se trata de magrebíes sino de dos hombres “nacionalizados”. ¿Y eso qué más da? ¿por qué hay que hacer siquiera la distinción entre españoles cuando la nacionalidad se adquiere por nacimiento? ¿Cuántas generaciones de “nuevos” españoles tendrán que dar explicaciones por no encajar físicamente con lo que un patriotismo rancio y obsoleto considera que somos “nosotros”? El Imperial, parece que se llamaba la cuenta desde la que se difundió el bulo, lo cual es toda una declaración de intenciones porque no hay imperio sin racismo, no hay grandeza patria sin exterminio del “otro” construido justo para que pueda ser exterminado. Qué agallas, qué machos los cobardes que no saben articular una oposición que no esté basada en manipulaciones y maldades, qué rastreros y crueles matamoros que persiguen a chavales imberbes (no Abraoui y Benyahia, que son hombres adultos; hasta en eso equivocaron el tiro). Ese es el tipo de votantes a los que Alberto Núñez Feijóo dice que hay que respetar, a los crueles capaces de atizar el odio contra otros ciudadanos, tan españoles como ellos aunque les joda.

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