Ceuta y la Antártida

Me causan el mismo disgusto los que pretenden silenciar los discursos de Abascal o Milei, cuando se pierden más votos por lo que se dice que por lo que se calla. Bien lo sabe Eduardo Inda, que desde ‘Horizonte’ advirtió al PP que no revele sus planes hasta el 30 de noviembre

El País, Eva Güimil, 22-10-2026

“¿Qué os preocupa a vosotras?”, preguntó el tiktoker CharlyOkei a tres muchachas jovencísimas. “¡Ceuta!”, contestó rauda una. “¿Sabrías situarla en un mapa?”, continuó el entrevistador. Ante su titubeo, otra se adelantó: “Claro, al lado de la Antártida”. Confieso que durante nanosegundos dudé si sería una metáfora del aislamiento que la muchacha considera que sufre la ciudad autónoma. No tardó en despejar mi duda: “Claro, está Ceuta, Melilla y la Antártida”, sentenció. “La Antártida está arriba”, corrigió la que permanecía callada. Conocimientos de geografía cero, pulseritas tres. Porque todas lucían pulsera de España, obvio. Las ves y das por sentado que quienes las portan tienen un conocimiento del país medio alto, pero no, solo es parte del outfit, como los que llevan camisetas de los Ramones porque las vende Zara, pero no diferencian a Joey Ramone de Ramón y Cajal.

Ese documento, que daría risa si no diese pena, se grabó en agosto y ha vuelto a la palestra por la similitud del trío con los que el 12 de octubre fueron a increpar a los acampados de Sol. Parecía una escena de película de terror, terror diurno que deja peor cuerpo, como Los pájaros o Midsommar. Niñas con la Cruz de Borgoña que probablemente no distingan de la bandera de la casa Targaryen y niños ondeando el aguilucho. ¿Qué sabrán de los carlistas o del franquismo? Qué miedo me da la ignorancia. ¿Qué lleva a chavales tan jóvenes a pasar la mañana de un festivo recordándoles su afición a la fruta a los que solo están pidiendo vivienda asequible y digna?

No es cosa de niños; hace unos días un grupo de turistas españoles lanzó ese insulto que menta a las madres —tienen poco léxico, con lo bonito que son gaznápiro o botarate— a los estudiantes que protestan a las puertas del Louvre por los recortes en educación —minucias, como la vivienda—. Insultar a los que están luchando por un derecho fundamental porque te han fastidiado subir una foto al Insta con la Victoria de Samotracia de fondo. La escena es un tratado de sociología en sí mismo.

Me causan el mismo disgusto las imágenes de los disturbios que pretenden silenciar los discursos de Abascal o Milei, cuando se pierden más votos por lo que se dice que por lo que se calla. Bien lo sabe Eduardo Inda, que desde Horizonte advirtió al PP que no revele sus planes hasta el 30 de noviembre. Por algo será. No hay que hacerles callar, hay que obligarles a hablar. De pensiones, de vivienda, de Ceuta o de la Antártida.

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