Vox y la amenaza al PP valenciano

La Vanguardia, Salvador EnguixSalvador Enguix, 22-10-2026

No por dicho debemos dejar de repetirlo: las elecciones generales del 29 – N van a tener consecuencias directas en el ecosistema político valenciano, más aún de cara a las próximas elecciones autonómicas y locales de mayo de 2027. Una de las piezas sobre las que debemos prestar mucha atención es Vox, formación que, sin hacer mucho ruido, ha logrado imponer casi todo su relato en la política valenciana y que goza de una gran notoriedad, y posibilidades electorales, a tenor de las encuestas divulgadas. Tanto que no es exagerado razonar que si el PP acaba siendo un partido superado por el PSOE en España, con Vox fuerte en diputados en el Congreso, los de Santiago Abascal van a querer condicionar los principales ejes de la política española. Y en clave valenciana es probable que sea el detonante para que Génova se tome en serio la situación del PP en la Comunidad Valenciana ante el riesgo de que Vox acabe imponiendo totalmente su marco político. No son pocos los cargos del PP valenciano que en privado reconocen que se lo están poniendo muy fácil a su socio parlamentario.

La proximidad entre ambos partidos no es nueva ni responde únicamente a la aritmética parlamentaria. El pacto que Carlos Mazón selló con Vox tras las elecciones autonómicas del 28 – M de 2023 marcó el inicio de una colaboración que ha condicionado la legislatura y que ha permitido a la formación de Abascal entrar de lleno en la agenda política valenciana. La salida de los consellers de Vox del Ejecutivo autonómico en julio de 2024, tras la ruptura de los acuerdos entre PP y Vox en materia migratoria, no supuso un cambio sustancial en esa relación. La colaboración parlamentaria se ha mantenido estrecha y el PP ha seguido necesitando los votos de su antiguo socio de gobierno para sacar adelante sus iniciativas. Vox abandonó el Consell, pero no dejó de influir en sus prioridades.

Lo más significativo, sin embargo, es que esa aproximación no se limita a los acuerdos concretos ni a las votaciones en Les Corts. Afecta también al discurso y a los temas que marcan la conversación política. El PP ha ido asumiendo planteamientos de Vox en cuestiones como la inmigración, las políticas de igualdad, la memoria democrática o la revisión de determinadas políticas lingüísticas y culturales (excepto con la AVL, que Pérez Llorca ha sabido defender frente a la ofensiva de Vox). No siempre hay coincidencia absoluta, pero sí una tendencia evidente: los populares terminan discutiendo muchas veces en el terreno que ha elegido Vox, aceptando sus prioridades y reaccionando a sus marcos argumentales. Cuando un partido consigue que sus adversarios hablen de los asuntos que él ha colocado en primer plano, ya ha ganado una parte importante de la batalla política.

En este contexto, resulta revelador que Juanfran Pérez Llorca, presidente del PP valenciano y una de las figuras centrales del partido, no desaproveche la ocasión para elogiar la colaboración de Vox en la política autonómica. La disposición al entendimiento se presenta como una virtud, pero cabe preguntarse dónde queda la voluntad de diferenciarse de una formación que compite por el mismo electorado. En las filas populares hay dirigentes preocupados precisamente por eso: por la ausencia de una estrategia reconocible que permita al PP marcar distancias y defender un proyecto propio, hacer un PP más fuerte, al fin. El riesgo es que la alianza termine desdibujando las fronteras entre ambas formaciones, con Vox imponiendo el marco y el PP acomodándose a él. Si el 29 – N confirma la fortaleza de Abascal, esa dependencia puede acentuarse. Y entonces la pregunta ya no será cuánto necesita Vox al PP valenciano, sino hasta qué punto el PP valenciano puede seguir siendo políticamente autónomo.

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