Trump y la ultraderecha europea usan los disturbios de Francia contra la inmigración mientras vuelve a aflorar el problema de la integración en las periferias
Las 'banlieues' se convierten en el epicentro del nuevo estallido social en el país galo
El Mundo, , 21-10-2026Un joven francés negro vestido de Napoleón durante la manifestación del 17 de octubre se ha convertido en una de las imágenes más virales de las protestas en Francia. La imagen del emperador, encarnada por un joven galo de origen migrante que reivindica uno de los emblemas de la historia de su país, contrasta con los discursos políticos que presentan la inmigración como una amenaza para la identidad nacional. Las protestas están siendo instrumentalizadas en este sentido no sólo por formaciones galas que han hecho de esta cuestión una de sus banderas ideológicas, sino también por muchos gobiernos adscritos a la derecha dura que vinculan directamente lo que está sucediendo en Francia a la inmigración. Pero tan cierto es este aprovechamiento de la situación como que existe una realidad insoslayable, el llamado problema de la inmigración en las periferias el fenómeno de las banlieues, ante el que los expertos denuncian hace muchos años la incapacidad para dar respuesta de las autoridades. Y el problema de segregación urbana, las dificultades de integración económica y las tensiones identitarias que aquejan a las periferias de las ciudades grandes y medianas en un país como Francia es innegable que vuelven a asomarse en el peor estallido violento de los últimos 20 años.
Francia no publica estadísticas étnicas y tampoco se han difundido datos hasta ahora sobre la nacionalidad de los detenidos durante los disturbios del pasado fin de semana, por lo que no se puede conocer el perfil de los saqueadores y vándalos. Y la movilización callejera se ha incrustado en Francia como una cultura política legitimada por demasiados sectores y profundamente arraigada. En los últimos años, se han sucedido los episodios de estallidos de rabia protagonizados por adolescentes y jóvenes procedentes sobre todo de los barrios más pobres, a menudo descendientes de generaciones de inmigrantes. Es lo que muchos politólogos consideran una crisis del sistema fruto del fracaso de una integración real.
El presidente de EEUU, Donald Trump, que tantas veces ha denunciado lo que considera el declinar de los valores occidentales en la Vieja Europa, denuncia en sus redes que el país galo está siendo “conquistada, saqueada e incendiada” por inmigrantes, yihadistas y comunistas tras las protestas, llegando a pedir el cierre de las fronteras y la expulsión rápida de quienes, según él, “odian sus países”. En plena campaña para las midterms, Trump incluso trata de sacar rédito electoral de los disturbios franceses comparando lo que está ocurriendo con lo que, a su juicio, podría suceder en Estados Unidos si ganan los demócratas.
Pero no es una excepción el líder republicano. Estos días otros mandatarios como los primeros ministros de Hungría o Polonia aprovechan para subrayar que lo que está sucediendo en Francia demuestra por qué “se debe tomar la posición más dura posible en inmigración”. En España, Santiago Abascal, líder de Vox, ha repartido las culpas de la violencia a la izquierda y a los musulmanes: “Esto es lo que le espera a Europa con el islamoizquierdismo. Bárbaros arrasando todo lo que queda de belleza y civilización”.
De la misma forma, Rusia aprovecha la violencia para criticar a Francia. Kirill Dmitriev, representante especial de Vladimir Putin, vinculó los disturbios con el “caos migratorio” y atribuyó el declive occidental a los errores europeos en materia de inmigración, energía y sanciones contra su país, así como a la pérdida de control de las autoridades europeas, según informó Le Monde.
“Algunas potencias tienen interés en apoyar a formaciones de extrema derecha que contribuyen a la polarización y a la división, tanto en Francia como a escala europea”, explica Benjamin Biard, investigador del Centro de investigación e información sociopolíticas (CRISP).
Identitarismo
En Francia, la extrema derecha también ha atribuido la violencia de estos días a la inmigración. Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional (RN), afirmó que “una gran parte de los saqueadores son personas de origen inmigrante, que no se sienten francesas y que nunca pierden una ocasión de expresar su odio hacia nuestro país”. El RN se presenta como el partido del orden, la seguridad y el control migratorio mientras el partido de Emmanuel Macron ha sido caricaturizado por el RN en redes sociales como el partido del caos.
El Gobierno mantiene por ahora un discurso que centra las críticas en la extrema izquierda y centra sus mayores acusaciones en La Francia Insumisa. Pero tanto los cuerpos policiales como responsables de Inteligencia cuestionan esa única atribución en la responsabilidad de los saqueos, incendios y violencia registrada.
Mientras los principales partidos de extrema derecha y el Gobierno francés acusan a los violentos de no amar a Francia, la profusión de banderas y los cánticos de La Marsellesa, el himno nacional francés, durante las protestas sorprendieron a los analistas. Para Séverine Mayol, socióloga y profesora de la Universidad de Nantes, revelan una reivindicación de pertenencia nacional que no se había visto hasta ahora. “Estos jóvenes franceses racializados son a menudo remitidos a un supuesto origen, incluso a un país o a un continente que en realidad no conocen íntimamente, no de la manera en que conocen Francia”. “Quizá eso es lo que nos dicen las banderas y La Marsellesa. Estos jóvenes quizá nos dicen que son franceses y que no se van a ir”, afirma.
Mayol vincula la rabia de las protestas no solo a la educación, sino también al trato que recibe la juventud de las zonas más desfavorecidas. “Ese trato diferenciado, que está en todas las esferas de la vida social, se ha encarnado en las condiciones de su escolarización”, sostiene. Poder acceder al colegio ya no significa que uno pueda salir de los barrios más pobres del país y ascender en la clase social. Para la socióloga, las movilizaciones reflejan una crisis de confianza en la promesa de movilidad social a través de la educación: “Esta movilización muestra que la promesa meritocrática parece no convencer ya a una parte de los manifestantes”.
Los hijos y nietos de inmigrantes ya no están dispuestos a aceptar la posición subordinada de sus padres, que se conformaban con empleos precarios y mal pagados que los franceses no querían ocupar. “Estos jóvenes reivindican su lugar”, señala Mayol. Reclaman las mismas oportunidades educativas y el mismo acceso a la enseñanza superior y a las grandes profesiones que el resto de la población.
La socióloga advierte también del riesgo de asociar a toda una población con los actos violentos de una minoría. Aunque las cifras oficiales muestran más casos de violencia registrados en los barrios periféricos, “a menudo se olvida que sus habitantes son sus primeras víctimas”. “Asociar estos barrios, y más aún a una población, a la violencia equivale a extender a todos el hecho de una pequeña minoría”, añade.
Los disturbios han abierto el debate sobre la identidad francesa en una sociedad cada vez más polarizada, donde la extrema derecha vincula violencia e inmigración mientras una parte de la juventud reivindica su pertenencia al país y la igualdad de oportunidades.
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