Gonzalo Fanjul: “La migración es la mejor noticia que puede recibir la sociedad”

El economista aboga en su último libro por ordenar los flujos de extranjeros, pero no en las fronteras, sino en el ámbito laboral

El País, Carmen Morán Breña, 19-10-2026

El camino a las urnas se abre en España con un elefante atravesado en medio: la migración. Si se trata de vivienda, se tratará de migración; si de sanidad y educación, de migrantes; y jalonando todo el trayecto estará la crisis de Ceuta, que a buen seguro impedirá cualquier debate propositivo. Es improbable que la derecha suelte ese hueso que tanto rédito electoral le proporciona en todo el mundo, la clave está en el modo que elija la izquierda para encarar el asunto. Sobre todo ello habla Gonzalo Fanjul (Oviedo, 55 años), director de Investigaciones de la Fundación Por Causa, que busca un nuevo tratamiento para el desplazamiento de las poblaciones. Este economista opina que la mejor fórmula para abordar la migración es el orden, pero no solo mediante controles fronterizos, sino un sistema de gobierno que ordene el empleo y el bienestar de los migrantes, porque de lo que no le cabe duda es de que son fundamentales en las sociedades que les acogen: la demografía manda. El libro que acaba de publicar tiene un titular elocuente, Contra las fronteras, editado en los Cuadernos Anagrama, donde disecciona con brevedad y claridad expositiva el momento y las soluciones al elefante que se ha cruzado en la política, la economía y la sociedad.

Fanjul se fijó en el programa electoral de los socialdemócratas suecos, que han ido a elecciones recientemente, por ver si estaban en la línea restrictiva de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, o tomaban otra senda. Se sorprendió: “Me di cuenta de que habían decidido no hablar de migración, sino mencionar, sencillamente, los temas que preocupan a la gente. Y en realidad, la buena política migratoria se deriva de la buena política del bienestar. Si tú planteas un estado de bienestar ambicioso, en materia de vivienda, de educación o de salud, inevitablemente vas a tener que alimentar la base de la pirámide, porque vivimos en sociedades envejecidas donde hace falta mano de obra y empleo de calidad. Lo que hay que hacer es incorporar a esa población no solo a la solución económica, sino a la solución política también, encontrando discursos que no distingan entre migrantes y nacionales, sino que los incorporen, y ahí es donde yo creo que la izquierda tiene un desafío”.

Parafraseando al economista Branco Milanovic, defiende Fanjul que la desigualdad ya no es un factor de clase, o no solo, sino más bien de localización, es decir, de dónde le ha tocado a uno nacer, da igual lo meritorio de tu esfuerzo, si naces en según qué país, las oportunidades te dan la espalda. Pero las clases existen, y se quejan. El ‘pobres contra pobres’ se deja sentir. “No solo queremos evitar que se deteriore el sistema de reglas que tenemos, no solo queremos una propuesta proactiva en materia de movilidad laboral, sino que además, y ese es el tercer elemento clave, tenemos que conseguir que esto sea recibido y percibido como algo que opera en beneficio de todas las partes involucradas. Aquí de lo que estamos hablando es de la conformación de una nueva clase obrera, si se quiere plantear en esos términos, pero de una clase trabajadora que es diferente a la del pasado. Y el error de la izquierda, yo creo, es haber caído en la trampa de seguir distinguiendo entre nativos y migrantes de una manera casi patológica”.

Esos compartimentos estancos, sostiene, atrapan a los reformistas en una esquina defensiva, en lugar de plantear “cuál es el modelo del Estado de Bienestar que requieren las comunidades de hoy y del futuro, inevitablemente más diversas. Porque lo que es estructural es la transición demográfica”.

Pregunta. La izquierda tiene una gran masa obrera en sus ciudades, llegada de muchos sitios, una población que debería serles connatural ideológicamente, pero desde un punto de vista electoral el asunto les incomoda. ¿No tiene la izquierda un buen diagnóstico o no está haciendo lo suficiente?

Respuesta. Yo creo que no tiene el diagnóstico y, ciertamente, no está haciendo lo suficiente. En el peor de los casos está el modelo de Mette Frederiksen en Dinamarca, donde, de manera explícita, plantean una confrontación entre el bienestar y los derechos de los que viven en el país y los que llegan de fuera. Y en el mejor de los casos, simplemente carecen de ideas y están tratando de navegar planteando discursos duros porque creen que es lo que pide la población. Ahí está el error: la población pide orden, pero ese orden puede venir de varias maneras. Para la derecha y la ultraderecha se trata de mano dura y militarización. Yo planteo un orden en la racionalización del modelo, donde la política refleje los verdaderos incentivos de la movilidad, que son económicos, y España es un ejemplo muy claro de ello. Solo las remesas que envían a sus países multiplican por cuatro el total de la ayuda al desarrollo; es el secreto mejor guardado contra la pobreza y la desigualdad, absolutamente extraordinario.

P. El Gobierno ofrece datos constantemente de la contribución de los migrantes al avance económico del país.

R. Es que debe entenderse que el migrante no viene a repartirse una tarta económica fija, no viene a ocupar un empleo a costa del otro, viene a incrementar el tamaño de la tarta. Esta ha sido la experiencia de España durante los últimos años. La migración ha generado empleo para quienes llegan de fuera y para muchos españoles o migrantes antiguos que ya estaban en el país. Los migrantes ponen en marcha empresas que contratan, consumen y participan en el mercado, estimulan la economía. Ese proceso debe hacerse con derechos laborales y con garantías de que están haciendo contribuciones a la seguridad social y a la fiscalidad. En la cuestión de la vivienda, por ejemplo, la población migrante forma parte de la solución. Es imposible pensar en construir más vivienda sin mucha más mano de obra que se incorpore a ese esfuerzo. Esta es la belleza de un buen modelo migratorio.

P. ¿Por qué la gente no acepta los datos económicos y laborales y se queda prendida de bulos y supuestos perjuicios que ni siquiera les afectan? ¿Por qué es tan difícil romper esa barrera?

R. Porque este no es un debate racional, sino emocional. Y además, muy vulnerable: puedes haber construido un discurso sofisticado, emocionalmente poderoso, como el de la regularización a lo largo de cinco años, y llega Ceuta y se produce un pendulazo; o Torre Pacheco, cualquier episodio brusco cambia de repente la conversación.

P. Pero el péndulo siempre parece ser favorable a la derecha o la ultraderecha, que son quienes más rentabilizan este asunto. La izquierda, no.

R. No todavía, pero creo que empezamos a ver algunas manifestaciones de una izquierda más lúcida que ha entendido precisamente que esa nueva clase trabajadora puede incorporar a la población migrante como activo económico y político. Yo hablo con cuadros jóvenes de los partidos socialdemócratas y también demócratacristianos de Europa y de otros países que tienen una visión infinitamente más inteligente y más lúcida que sus jefes en este momento.

P. Generalmente, se plantea la migración desde dos puntos de vista, el racista y xenófobo o el utilitarista, que se detiene en el beneficio económico que reporta. ¿Cabe también el derecho a huir de las guerras o a emigrar en busca de algo mejor sin otras consideraciones, no?

R. Bueno, hay una tercera visión en donde parte de la izquierda cae de manera muy clara, que es la tragedia. El migrante como víctima, al que hay que ayudar a no emigrar, lo cual es algo contra lo que yo me rebelo. Creo que al final vamos a llegar a ese contrato social reformado, aunque por puertas muy diferentes. Hay una parte de la sociedad, yo diría que el centro derecha, los empleadores, el humanismo cristiano en cierto modo, que apela a la idea del migrante como contribuyente neto a la sociedad. Eso solo no sirve, pero puede formar parte de la ecuación reformista, porque al final, es una realidad que necesitamos esa mano de obra. Donde yo creo que hay que intervenir, y este es el papel de la izquierda, es en garantizar que el lenguaje no sea estrictamente utilitarista, porque la peor alternativa a este modelo sería otro de pura importación de mano de obra barata, que perpetuaría la irregularidad y perjudicaría los intereses en el largo plazo. Si generamos bolsas de desigualdad y frustración o esa sensación de competencia que tiene mucha gente en nuestro país, estamos alimentando el nacionalpopulismo.

P. En todo caso, ¿la ecuación incluye el evitar que emigren?

R. No, yo creo que la migración debería ser una opción. Si miras los números, la ratio de migración sobre la población mundial está por debajo del 4%. Es decir, 96 de cada 100 personas del planeta no se mueven de sus países. La migración sigue siendo un fenómeno marginal desde un punto de vista económico, pero sus efectos políticos son desproporcionados. Pero si hablamos de desarrollo, que es un asunto que a mí me interesa particularmente, la migración es probablemente la mejor noticia que puede recibir la sociedad de destino y la de origen, porque los efectos son absolutamente fabulosos.

P. Con solo un 4% de movilidad, si todos los países tuvieran sus fronteras abiertas y cada persona pudiera situarse allá donde mejor le acomode, ¿se reduciría el problema?

R. A lo mejor. En España, entre mediados de los 90 y el 2008, el flujo migratorio creció de manera exponencial y a partir de 2008, la curva se desploma hasta el punto de que entre 2010 y 2014 tenemos cifras de migración negativa, sale más gente de la que entra. Y nada había cambiado esencialmente en la política migratoria, fue simplemente que los incentivos para esa movilidad desaparecieron.

P. No había trabajo.

R. Exactamente, y es la misma lógica que hemos visto en la Unión Europea, la gente va respondiendo a las oportunidades que se crean. Mi argumento es que todo sería más natural, más ordenado, más legítimo si eliminásemos en parte el microintervencionismo del Estado, sobre todo la mala intervención, que es la del Ministerio del Interior.

P. ¿Hay otras medidas?

R. El sistema de portabilidad de derechos sociales que Europa ha negociado con América Latina, por ejemplo. Eso permite que un chileno trabaje en Europa durante 20 años y se jubile en Chile con los beneficios del país en el que trabajó.

P. Eso pasaba antes, cuando los españoles iban fuera y volvían con sus pensiones francesas o alemanas…

R. Exactamente. Ese modelo existe, pero con pocos países.

P. Plantea también en su libro las contrataciones en origen, pero eso ya se da y las disfunciones persisten.

R. Tenemos toda la información que necesitamos para hacer una previsión razonable de la evolución de nuestros mercados de trabajo, que permite combinar movilidad temporal y movilidad permanente con mecanismos como el visado de búsqueda de empleo, que se utiliza poquísimo. Ahora vienen con visados de turista y se quedan en la irregularidad, pero trabajando. ¿Por qué no evitar eso y permitir que vengan a buscar un empleo sabiendo que tienen las capacidades que necesita tu mercado? Solo hay que reducir el miedo y la precaución patológica que domina cualquier política migratoria.

P. Los sindicatos plantean algunas dificultades para la contratación en origen de determinados puestos de trabajo, como los cuidados de niños o ancianos, pero también faltan albañiles, fontaneros, electricistas y esas profesiones no se incluyen en el catálogo que abre la puerta a la contratación en origen.

R. Los sindicatos son parte del problema, porque su posición es numantina, puramente proteccionista. Hasta un punto ridículo como, por ejemplo, las objeciones que pusieron con la regularización, cuando ha resultado que hablábamos de más de un millón de irregulares que ya estaban aquí. Si lo que les preocupa es la competencia [entre trabajadores] que incorporen a esa gente al mercado, a la economía formal y con eso se eliminará esa competencia. Lo que pasa es que, en países con un nivel de desempleo relativamente alto, como España, la lógica es un poco simple: si hay desempleo, subamos los salarios y se van a incorporar. Lo desgraciado es que el mercado no funciona así. No solo son los salarios, también son las capacidades que necesita el mercado, hay una combinación de elementos que va mucho más allá de la cuestión salarial.

Gonzalo Fanjul, en la terraza de su oficina de Madrid.
Jaime Villanueva
P. Dice usted que Sánchez es un extraterrestre.

R. Claro. Pedro Sánchez tenía una política un poco bipolar en este sentido. En frontera éramos tan salvajes como cualquier otro gobierno y, al mismo tiempo, España empezó a aplicar políticas reformistas, parciales, pero muy simbólicas, como la incorporación de los menores extutelados al trabajo, la regularización… Sánchez desarrolló un discurso muy audaz en este sentido. Dijo, esto lo estamos haciendo no solo porque es lo correcto, sino que es lo que nos interesa. Y lo demostraba con datos: somos el país que crece, el país que crea empleo, el país que está introduciendo el ingreso mínimo vital, que está haciendo reformas y esto lo estamos haciendo gracias a la a la migración. Y cuando decía eso, parecía que llevaba un sombrero de frutas en las reuniones internacionales, ¿no? Y de repente llega Ceuta. Y de manera muy violenta, muy estrepitosa, rompe eso porque Ceuta ataca la línea de flotación de este discurso, del sistema bajo control. Y cuando tú no consigues convencer a la gente de que este es un sistema bajo control, todo lo demás se desmorona.

P. ¿Qué papel jugará la migración en esta campaña electoral y en su resultado?

R. Bueno, yo creo que lo que la izquierda va a intentar, y francamente, es lo que debería hacer, es no hablar de este asunto. En campaña es muy complicado. [Alberto Núñez] Feijóo, [Santiago] Abascal y otros están desesperados por volver a este debate, por contraposición al de la vivienda. Cualquier cosa que nos lleve a la cuestión migratoria no va a permitir volver al debate de la regularización. Inevitablemente, será Ceuta.

P. Cita a Thomas Paine: “El tiempo produce más conversos que la razón”. Pero, ¿cuánto hay que esperar?

R. Yo tengo el convencimiento de que me moriré sin haber visto muchos de los cambios por los que he peleado. Y sin embargo, todo lo que hagamos ahora será parte de esa lucha. También creo que todo va a ser mucho más complicado antes de que se empiece a mejorar, y que vamos a entrar en un periodo muy oscuro en nuestro país y, ojalá me equivoque, creo que va a ser violento también.

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