«Mientras rodábamos ‘Palestine 36’, todo el mundo pensaba en el genocidio»
Nació en Qalqilya, ciudad palestina por la que se movía saltando de tejado en tejado. El parkour le abrió la puerta del teatro y el teatro le llevó a Berlín. De la mano de Annemarie Jacir debuta en el cine en la piel de Yusuf, un joven atrapado en la revuelta árabe contra el Mandato británico.
Gara, , 16-10-2026Hay muchos capítulos de la historia que el colonialismo se encargó de ocultar. En el año 1916, Londres y París se repartieron los despojos del Imperio otomano y, un año después, la Declaración Balfour prometió un «hogar nacional» judío en una tierra de mayoría árabe. Dos décadas más tarde, los campesinos palestinos se alzaron contra el Mandato británico y contra la colonización sionista que este amparaba. Fue la revuelta de 1936, el primer gran levantamiento palestino que Annemarie Jacir rescata en ‘Palestine 36’, donde la directora palestina entrelaza ficción y archivo colonial.
El rodaje del largometraje iba a comenzar en octubre de 2023, pero el 7 de Octubre lo trastocó todo. Una parte se filmó en Jordania y la otra, en Palestina. Allí, el equipo logró rodar en Jerusalén. NAIZ conversó con su protagonista en la Filmoteca de Nafarroa, donde la película cerró la quinta edición del ciclo Palestina Habibti, impulsado por BDZ Nafarroa.
¿Por qué volver a 1936?
Porque es un momento crítico que vivieron los palestinos. Es el primer levantamiento que se produce en Palestina. También es una manera de ver su historia, su tradición y la forma de vivir, la sencillez de la vida que había. También las diferentes clases que mucha gente desconoce, gente que tiene esa idea tópica de los palestinos, quizá.
Buena parte de Europa ignora que Palestina estuvo bajo dominio colonial británico. ¿Por qué es una historia tan desconocida?
Porque estaba oculta. Fue colonizada y se ha ocultado parte de su archivo. En la película se ve ese archivo histórico que estuvo en manos británicas. De hecho, Israel también tiene todavía archivos a los que los palestinos ni siquiera tienen acceso.
En aquellos años el proyecto sionista echó raíces al amparo británico.
¿Qué une 1936 con la Palestina de hoy?
1936 es un reflejo de lo que estamos viviendo hoy. Todas las historias que hemos oído de nuestros abuelos, o de la gente que vivió en la diáspora… Ellos se sienten muy conectados con la película. Sobre todo la gente que no conoce Palestina o no ha vivido allí, que no tiene la oportunidad de volver o de verla.
La película pone el foco en el poder británico, mientras los colonos sionistas, que ganaban terreno bajo el Mandato, apenas tienen rostro en casi dos horas. ¿Por qué?
Porque la película trata sobre Palestina. Tenemos la oportunidad de contar nuestra historia desde nuestra perspectiva. Y es importante hablar del Mandato británico. Los británicos tuvieron mucho que ver en que la ocupación se produjera.
¿Qué le ocurrió al equipo cuando llegó el 7 de octubre?
Todo estaba listo para rodar la película una semana antes de que empezara el genocidio en Gaza. Cuando llegó el 7 de octubre, mucha gente del reparto estaba en Cisjordania. Estábamos atrapados y no podíamos llegar los unos a los otros. Entonces vuelves a sentir la separación, esa distancia. Con mucho trabajo de solidaridad entre nosotros, decidimos seguir con la película, porque pensamos que era importante sacar este mensaje de todas formas.
Usted recreaba la destrucción de aldeas palestinas de 1936 mientras Israel cometía un genocidio en Gaza. ¿Cómo lo vivió como palestino?
Por supuesto, tiene mucho impacto. No puedes hacer este trabajo sin pensar en lo que está pasando. Lo teníamos en la cabeza todo el tiempo. Emocionalmente quieres volcar eso en la película, pero en algunos momentos también quieres separarlo para presentar la idea. Esa era para mí la línea en la que me movía, porque no puedo decir que solo interpreté el año 36. Es realmente un reflejo de lo que está pasando hoy. Todo el mundo estaba pensando en el genocidio, y no fue fácil.
Compartió rodaje con Jeremy Irons, Robert Aramayo o Liam Cunningham. ¿Cómo vivieron ellos la situación?
Siento que el trabajo del actor es conocer lo que está haciendo. Y ellos profundizaron mucho en esto, y se nota el impacto que tuvo en ellos. Básicamente, interpretan el papel de los británicos. Y eso era algo en lo que había que profundizar, analizar lo que hay detrás e interpretar ese papel. Me alegra haber actuado con todos estos actores, y que vinieran a Palestina a trabajar y a hacer juntos esta película. Es una obra que se ha montado de forma colectiva, pieza a pieza.
Al principio, Yusuf solo aspira a un trabajo, a la ciudad, a una vida normal. ¿Es eso ya un acto político para un palestino?
Sí. Yusuf, como su generación, y siento que como mi generación, es alguien que quiere construir una nueva vida fuera de la aldea e intentar entender lo que pasa a su alrededor. Pero con el impacto que recibe y la situación que cambia a su alrededor, cada vez que sale de la aldea algo tira de él hacia atrás. Esta tierra, su familia, su pertenencia a lo que está pasando. Y cuando las cosas se le imponen, finalmente toma una decisión.
Sus abuelos, sus padres, usted. ¿Ha conocido alguna generación palestina una vida sin guerra ni ocupación?
Yo he vivido en Palestina desde el 96 y viví, por tanto, la Intifada. Y me han contado la historia desde pequeño. Lo primero que ves es el muro delante de ti. Ese muro te hace preguntarte dónde estás y qué está pasando allí. Eso fue tomar conciencia de lo que te rodea, de que esa forma de vivir no es normal, y querer entender más lo que está pasando, lo que nos ocurre.
Creció en Qalqilya, cercado por ese muro. ¿Cómo fue aquella infancia?
Pasaba mucho tiempo con amigos. Después del instituto empecé a hacer parkour. El parkour fue la chispa de todo, de dónde estoy hoy. Tengo un querido amigo que creó un grupo que reunía no solo el parkour, sino todos los talentos, porque no tenemos un sitio específico para cada cosa. Así que juntamos todos los talentos: skate, grafiti, rap, hip hop, parkour. Salíamos a la calle y hacíamos espectáculos. Con eso aprendes mucho, porque pasas por los checkpoints, por la espera, por el «qué estoy haciendo».
¿Cómo acabó en Berlín, en el Exil Ensemble del teatro Maxim Gorki?
Yo no elegí Berlín. Berlín me eligió a mí, en cierto modo. No sabía mucho de la ciudad, pero fue el punto de partida de la interpretación. Nos juntamos yo y otros dos palestinos que fuimos allí, y empezamos a hacer una obra de teatro. Pensé que haría la obra un mes y volvería, y me quedé. Yo les gusté, ellos me gustaron, nos quedamos y seguí trabajando en el teatro. Y aprendí el gran oficio de la interpretación.
‘Palestine 36’ es su primer largometraje. ¿Qué supuso trabajar con Annemarie Jacir?
Es una experiencia que, sin duda, removió algo en lo más hondo. Es una persona muy inspiradora. Conocía su trabajo y quería trabajar con ella desde hacía mucho tiempo. Y quería hacer un papel así desde hacía mucho, porque he estado mucho tiempo en Alemania y no he tenido realmente la oportunidad de interpretar algo así.
Alemania ha sido especialmente hostil con las voces propalestinas. ¿Cómo lo vive como artista palestino en Berlín?
Lo sé, como palestino. Pero ¿saben ellos lo que están haciendo? No lo sé. Cuando dicen que tienen libertad de palabra, cuando dicen que tienen libertad de expresión, cuando dicen… No lo sé. Creo que es algo en lo que hay que trabajar, y mucho, sobre Alemania y su posición política.
¿Ha llegado la película en el momento adecuado?
Sí, creo que es importante que esté ahí fuera. El genocidio, sin duda, afectó a la película, y la película también se inspiró en lo que está pasando. Siento que así es la escena artística en Palestina. Es realmente resistencia artística, diría yo. En lugar de empuñar un arma, hacemos arte.
En medio de todo esto, ¿puede el cine preservar la historia y la identidad de Palestina?
Sí. La identidad es algo universal. Siento que es una lucha por tu identidad. Mahmud Darwish dijo una vez que la identidad es la obra asombrosa de quien la crea. Cada uno crea su propia identidad. Yo, por ejemplo, soy actor, estoy construyendo algo, una identidad. Hay una identidad que me tocó en la vida, sin elegirla. Simplemente nací palestino en Qalqilya. Y hay una identidad que estoy creando para mí mismo. Algunas identidades nacen contigo y otras las creas a lo largo de tu vida.
¿Cómo ve hoy la situación en Palestina?
Siento que hoy hay muchas cosas que no se cuentan. La gente cree que hay un alto el fuego. Pero no ha parado, y seguimos hablando de ello. Y también nos enfrentamos al silencio o a la cancelación. Es importante seguir haciendo lo que amamos. Es importante seguir trasladándolo al mundo. Seguir haciéndolo es, sin duda, una actitud de supervivencia.
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