El Estado, en Ceuta y Melilla

Los Reyes cumplen en su viaje a las ciudades autónomas españolas con el objetivo de reafirmar la soberanía y la integridad territorial

El País, , 15-10-2026

La visita de los Reyes a Ceuta y Melilla debería marcar un punto de inflexión en la relación de las altas instituciones del Estado con los territorios españoles en el norte de África. La entrada irregular a Ceuta de decenas de miles de personas procedentes de Marruecos constituyó este verano una violación flagrante de la integridad territorial de un país de la Unión Europea. Y produjo una lógica conmoción que quizá ha servido para enterrar una histórica ambigüedad disfrazada de prudencia diplomática que ha privado a estos territorios de algo que debería ser normal. La anterior visita de un jefe del Estado fue hace 19 años, y la anterior a esa, un siglo atrás. La mejor manera de reafirmar la soberanía de las dos ciudades autónomas es terminar con esa excepcionalidad y tratarlas desde la Corona como cualquier otra parte de España.

El viaje es consecuencia directa de la traumática irrupción de más de 70.000 personas en Ceuta los días 30 y 31 de julio, un momento de extraordinaria tensión que ha erosionado la confianza con Marruecos, además de destruir el día a día de la ciudad y provocar entre muchos residentes en esta ciudad autónoma una comprensible sensación de abandono. Y todavía quedan incógnitas pendientes de aclarar sobre aquellos días, desde la cifra exacta de inmigrantes hasta la presencia de buques de guerra de Marruecos que, coincidiendo con la llegada masiva de inmigrantes, entraron en aguas ceutíes, como acaba de revelar EL PAÍS.

En su discurso ante representantes de la sociedad civil de Ceuta, Felipe VI lanzó mensajes que interpelan a todos. Primero, expresó la empatía y solidaridad con los ceutíes, y emplazó con contundencia a las instituciones locales y del Estado y a las fuerzas políticas a estar a la altura que exige el momento. “No os vamos a dejar solos ni indefensos”, prometió. Más relevante aún fueron las palabras destinadas a Marruecos, un vecino que tiene que entender que solo desde la lealtad y el respeto mutuo se pueden construir vínculos duraderos. “La soberanía y la integridad territorial de nuestro país no son negociables: son indiscutibles. Y ante cualquier riesgo, nuestra obligación es su defensa y preservación”, afirmó el Rey. Pueden parecer afirmaciones obvias, pero los ceutíes necesitaban escucharlas del jefe del Estado. Y es necesario entender el trauma colectivo en el que vive la ciudad de Ceuta y, por extensión, la ansiedad con la que se ve ese episodio desde Melilla para valorar su importancia real y su impacto.

La visita dejó también la imborrable imagen de los Reyes ante las tumbas de los inmigrantes fallecidos en la entrada a Ceuta, personas sin nombre que buscaban una vida mejor. Frente a los discursos que cabalgan sobre esta crisis para atizar la xenofobia y la deshumanización de extranjero pobre, el gesto de homenaje a estas personas es una respuesta poderosa. El Rey pidió que, mientras permanezcan en España, los inmigrantes “deberán ser tratados siempre con dignidad y humanidad, y con todas las garantías previstas por nuestras leyes”.

Con la imagen de los Reyes en Ceuta y Melilla, y con las palabras de Felipe VI que resonarán durante tiempo, acaba una anomalía y al mismo tiempo se abre un precedente: el de una relación normal de las instituciones con estas ciudades españolas. Porque la crisis no fue solo migratoria, sino también fronteriza y de seguridad. Y la presencia del Estado en su más alta representación para reafirmar la soberanía y la integridad territorial es la respuesta apropiada de un país democrático y europeo ante un desafío de esta gravedad.

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