Los ceutíes recuperan sus playas, pero no la normalidad
A pesar de los desalojos en los campamentos de chabolas en el litoral, aún hay cientos de inmigrantes viviendo en las inmediaciones del CETI y vagando durante el día sin destino concreto
ABC, , 15-10-2026Dos limpiadores de la ciudad autónoma de Ceuta barren la playa del Trampolín. Son las ocho de la mañana y el calor comienza a hacer mella en el territorio norafricano, a pesar de estar ya entrados en octubre. Trabajan sin parar, cada uno con una escoba y un recogedor de metal. Hace un mes, esa imagen, la de dos personas limpiando la playa, hubiese sido impensable. El 5 de octubre, la Policía Nacional desalojó el campamento de inmigrantes que utilizaban este arenal como hogar temporal. Las cientos de tiendas de campaña y chabolas desaparecieron. Días antes, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado habían hecho lo mismo en la playa contigua, la de Benítez. Ambas están separadas por la desalinizadora de Ceuta. El domingo pasado le llegó el turno a El Guano. Con este último desalojo, ya no quedan campamentos organizados de chabolas en las playas levantados por quienes cruzaron la frontera durante la entrada masiva de julio.
Eso no significa que hayan desaparecido. Basta con pasear por la zona, muy cercana al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), para comprobar que muchos han buscado otros lugares donde instalarse. Algunos acampan a la entrada del centro y reciben visitas de familiares y niños pequeños; otros se refugian cerca del edificio de la desalinizadora y corren por las mañanas antes de que la seguridad les descubra. Los hay que regresan a los pequeños asentamientos de piedras que aún quedan en la playa o buscan cobijo debajo de las pasarelas de madera y en los montes cercanos. Las tiendas de campaña siguen apareciendo junto al CETI, algunas del tamaño de una habitación.
Mientras tanto, furgones de la Policía Nacional, la Guardia Civil y vehículos militares vigilan la zona. En menos de dos kilómetros de litoral se pueden observar varios convoyes. Los inmigrantes continúan con su rutina pese a la presencia de las fuerzas de seguridad. Caminan hacia la ciudad para comprar comida, utilizar los gimnasios al aire libre o, simplemente, pasar las horas. Algunos fuman y escuchan música en altavoces mientras recorren el paseo. Muchos llevan una pulsera identificativa del CETI en la muñeca.
Los ceutíes observan sorprendidos las playas despejadas, sin las chabolas que durante semanas ocuparon la arena, como si aquella estampa hubiese desaparecido de un día para otro. Sin embargo, el incesante tránsito de inmigrantes por el paseo marítimo recuerda que los desalojos no han acabado con la situación que se vive en los alrededores del centro. La ciudad está un paso más cerca de recuperar sus playas, pero la normalidad todavía queda lejos.
Los vecinos aprovechan las primeras horas de la mañana para hacer deporte, salir a correr o montar en bicicleta. De momento, son pocos los que se atreven a entrar en el agua. Las playas aún conservan restos de basura y dos trabajadores, con sus escobas y recogedores, tienen por delante cientos de metros de arena. En la playa de Benítez, la más cercana al puerto de Ceuta, quedan menos residuos que en las demás. Dos mujeres y un hombre se atreven a bañarse. Antes de entrar en el agua, deben esquivar las numerosas colillas esparcidas por la arena.
En El Trampolín resulta complicado encontrar dos metros de arena sin algún resto de basura. Latas de encurtidos, envases de yogur, camisetas y sombrillas abandonadas esperan a ser recogidas. La maquinaria utilizada para limpiar la orilla no ha conseguido retirar las bases de piedras y ladrillos que los inmigrantes utilizaron para levantar sus chabolas provisionales. Las huellas de las máquinas todavía permanecen sobre la arena.
En El Guano, el pasado lunes, antes de la histórica visita de los Reyes a la ciudad autónoma, una legión de trabajadores con petos amarillos trató de recoger todos los restos posibles de la zona donde habían vivido cientos de inmigrantes. Desde los salientes del monte, algunos observaban cómo avanzaban las labores de limpieza. Otros ayudaban a los trabajadores a recoger los residuos. Ahora queda una explanada con vistas a la orilla.
Dejando atrás las playas y entrando en la ciudad, en el polígono de la Ampliación del Muelle de Poniente, hay otro campamento temporal organizado por el Gobierno. Muchos de los inmigrantes que duermen fuera de los centros acuden por las mañanas a visitar a sus compañeros. En las naves y los negocios de la zona, el ajetreo de los trabajadores es incesante. Inmigrantes y vecinos comparten el mismo espacio, acostumbrados ya a la presencia de los demás.
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