Las tumbas sin nombre de los migrantes continúan llenando el cementerio musulmán de Ceuta

A los 90 sepultados que murieron por la entrada masiva se suman los cadáveres de otros extranjeros fallecidos después en la ciudad autónoma. Entre ellos, el menor que pereció en un centro de acogida, un apuñalado y varios ahogados

El País, Virginia Martínez, 15-10-2026

Cuando el sol empezó a salir en Ceuta en el amanecer del 30 de julio, los trabajadores del cementerio musulmán de la ciudad vieron decenas de cabezas asomar en el agua mientras se preparaban para la jornada laboral. Porque el camposanto de Sidi Embarek, visitado por los Reyes este martes como homenaje a las víctimas mortales de la entrada masiva, tiene vistas al mar justo a pocos metros del paso fronterizo de El Tarajal, por donde accedieron unas 80.000 personas. Las obras de ampliación ya previstas en el cementerio se aceleraron entonces para albergar las tumbas sin nombre de 90 fallecidos de la avalancha. A los que se han sumado semanas después otros cinco migrantes muertos. El último, un hombre de origen subsahariano, sepultado bajo el número 5.523 a principios de mes tras ser escupido por las aguas de la playa de Benítez. Y cuyos restos han sido relegados en solitario a un espacio apartado, de difícil acceso. Pues nadie visita a esos muertos ni acude a su entierro. Junto al cadáver del ahogado se suceden más cavidades vacías destinadas específicamente para migrantes. En Sidi Embarek están seguros de que serán ocupadas.

Las obras de mejora del cementerio se agilizaron aún más para el viaje de Felipe VI y la reina Letizia, pero sus majestades solo estuvieron en las 18 primeras tumbas, ya cubiertas de granito nuevo. El resto sigue entre escombros y montones de arena, donde los albañiles continúan la faena. El ruido de la excavadora se mezcla estos días con los sonidos de la muerte en Sidi Embarek. En la religión islámica, el entierro empieza siempre pocos minutos después de la llamada al rezo. Con ese Adhan —llamamiento— los hombres acuden primero a la mezquita y luego acompañan al féretro hasta la tumba entre cánticos para completar el rito.

Este miércoles, sobre las 14.30 y tras la segunda llamada a la oración, una treintena de vecinos de Ceuta repetía esa escena para escoltar los restos de un hombre muy conocido, con un importante negocio en la ciudad. La imagen contrastaba con la de hace semanas, cuando los migrantes caídos en la avalancha eran sepultados solo con la presencia de los trabajadores del cementerio y sin pasar por el templo. Todos han acabado compartiendo el mismo espacio. En el camposanto musulmán apenas se aprecia la diferencia de poder adquisitivo en el diseño de las sepulturas.

Entierro en el cementerio musulmán de Sidi Embarek de Ceuta junto a las tumbas de los migrantes.
Entierro en el cementerio musulmán de Sidi Embarek junto a las tumbas de los migrantes.
VIRGINIA MARTÍNEZ
Cuando los forenses empezaron a analizar los cuerpos de los fallecidos en la tragedia de la ciudad autónoma, el cementerio de Sidi Embarek tenía proyectada con anterioridad una ampliación para los cadáveres de los ceutíes musulmanes, porque ya faltaba espacio. En el islam no están permitidos los nichos en vertical y eso provoca que los cementerios necesiten de más metros en horizontal conforme avanzan los años. Otras de las limitaciones es que la asistencia de las mujeres no está permitidas en los entierros. Ellas pueden dar el último adiós in situ cuando han transcurrido unos días.

En Sidi Embarek, tanto se ha extendido el camposanto que ahora los terrenos se meten casi ya en las casas del barrio. Con el drama vivido entre los días 30 y 31 de julio y ante la “situación de emergencia”, los empleados que estaban acometiendo las obras de ampliación previstas en el cementerio empezaron a trabajar entonces “a destajo”. Porque Marruecos no recepcionó los cuerpos y eran necesarias muchas más tumbas para los féretros que se acumulaban en la morgue, recuerda Said Mohamed, encargado de Sidi Embarek.

Los entierros de las víctimas del cruce masivo se iniciaron el 21 de agosto dando sepultura a 18 cuerpos en una sola jornada. Esa hilera de 18 muertos se corresponde con el grupo de tumbas que visitaron los Reyes: las que están ubicadas en una parte elevada junto a una de las entradas, recubiertas ahora de granito gris reluciente. También hay una tabla negra con una inscripción en memoria de la tragedia. Una obras de mejora que fueron terminadas pocas horas antes de que sus majestades pusieran un pie en el camposanto, situado en una colina debajo de la mezquita verdiblanca de Sidi Embarek. La primera tumba recibió el número 5.408. Los sepelios se alargaron seis días más.

La tumba 5.408 de Sidi Embarek junto a la inscripción que recuerda la tragedia.
La tumba 5.408 de Sidi Embarek junto a la inscripción que recuerda la tragedia.
Joaquin Sanchez
En otra terraza inferior continúan el resto de tumbas de los migrantes, por el momento solo cubiertas de arena. Ahí siguieron los entierros en los días posteriores al 21 de agosto hasta completar los 90 muertos de la entrada masiva, todos hombres salvo una mujer y un menor. Hay nueve identificados, pero tampoco ellos tienen su nombre escrito, como sí ocurre con el resto de tumbas de ceutíes musulmanes. En el islam, el cadáver se lava antes del entierro, se amortaja y se envuelve en una sábana blanca. Los restos del fallecido son transportados en una caja y luego despositados en la cavidad subterránea pero sin ataúd. Finalmente son sellados con unas losas de cerámica antes de depositar encima la tierra, que no toca el cuerpo. Las tumbas son rematadas con una placa con el nombre del finado. En Sidi Embarek se mezclan las letras árabes con las latinas. Y sin muchas ornamentaciones.

La terraza inferior con los restos de la mayoría de migrantes muertos sigue hoy en obras. Los albañiles se afanaban este miércoles en recubrir con piedras las faldas de la colina para luego continuar con la instalación del granito gris en las tumbas. Porque el plan es que todas acaben con la misma imagen que las 18 observadas por Felipe VI y la reina Letizia en su viaje, cuando mostraron sus respetos a las víctimas de la avalancha tras ser recibidos por los representantes de las cuatro confesiones que conviven en Ceuta.

La terraza inferior que continúa en obras.
Joaquín Sánchez (Quino)
Los entierros de migrantes han continuado más allá de agosto y se han alargado hasta principios de este mes, pasando de las 90 a las 95 tumbas que ocupan ese suelo fúnebre recién estrenado. Los cinco migrantes muertos a posteriori han fallecido por causas diversas. Entre esos finados se incluye el menor no acompañado que pereció a principios de septiembre, en un centro de acogida, por complicaciones en la diabetes que padecía; un adulto del cruce masivo que fue apuñalado supuestamente por una familiar que lo alojaba en su casa y tres ahogados en aguas de Ceuta —dos de origen magrebí y otro subsahariano—, según los datos de los servicios funerarios. Hay más cavidades vacías junto a las recientes tumbas de los migrantes que sirven a su vez para ciudadanos ceutíes musulmanes. En estas ampliaciones, las sepulturas están dispuestas en paralelo, mirando a La Meca —que en Ceuta corresponde con el sureste—, y de forma que el cadáver quede recostado sobre su brazo derecho.

La tumba del último fallecido, el de origen subsahariano, está incluso en un escalón más abajo, en otro apartado de difícil acceso. Su cadáver fue encontrado hace unos días en la playa de Benítez, donde estaba uno de los asentamientos de tiendas precarias de migrantes. Y desde cuya orilla puede verse el peñón de Gibraltar, en la Península, sueño de quienes se juegan la vida en el mar. Tampoco tiene nombre. Los servicios funerarios decidieron reservar las tumbas sobrantes de la terraza superior para los ciudadanos ceutíes y relegar al finado subsahariano a ese espacio. ¿El motivo? Habían diseñado previamente una zona solo para personas migrantes, habida cuenta de que en Ceuta —y sobre todo en Sidi Embarek— están más que acostumbrados a enterrar a extranjeros venidos de Marruecos que se ahogan intentando alcanzar ese sueño. Los responsables del cementerio pensaron que ese área era la mejor opción para los futuros migrantes fallecidos porque es de paso complicado. Porque nadie va a Sidi Embarek a llorar su memoria. Y justo estaba lista cuando recibieron el muerto 5.523.

—¿Y el resto de tumbas vacías, que están a su lado?

—Sabemos que habrá más ahogados.

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