El obispo responsable de la comisión episcopal de migraciones: “Hay mucho miedo, mucha ideología, mucha ‘fake news”

Fernando García Cadiñanos critica “los juegos de poder” y el actual sistema económico: “Están en el trasfondo del sufrimiento y de las muertes de muchas personas”

El País, Julio Núñez, 15-10-2026

El obispo Fernando García Cadiñanos envía un wasap para retrasar cinco minutos el comienzo de esta entrevista. Justo cuando tenía previsto atender por teléfono a este periódico, “un amiguete” le había llamado para comentarle una noticia en la prensa que le había hecho gracia. “Cosas eclesiales que hablan de obispos”, dice García Cadiñanos sin querer revelar el titular con el que “compartió risas” con su compañero. Es habitual que los obispos no se mojen con las cuestiones de la actualidad que les preocupan o simplemente, como en este caso, les arranquen una carcajada. Solo unos pocos asuntos empujan al episcopado español a alzar la voz de forma contundente, y García Cadiñanos es el presidente de una de las subcomisiones de la Conferencia Episcopal Española (CEE), la encargada de marcar las líneas rojas en uno de esos temas en los que la Iglesia no se calla: la acogida y regularización de los inmigrantes. “En el fondo del fenómeno migratorio está la indignidad del mundo que estamos construyendo. Detrás de eso está el sistema económico, las relaciones comerciales y los juegos de poder; que están en el trasfondo del sufrimiento y de las muertes de muchas personas”, apunta el prelado.

García Cadiñanos (Burgos, 1968) es obispo de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol desde 2021 y desde 2024 lidera la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana. Durante los dos últimos años ha mirado de cerca la realidad migratoria: trabajando desde los países de origen (como Senegal) o coordinando los 137 centros de atención que la Iglesia tiene abiertos por España. Y también desde la primera línea de entrada, como Canarias. “Las migraciones forman parte ya de la dimensión estructural de nuestra sociedad”, subraya el prelado.

Dentro de ese trabajo social y pastoral está el de desmentir bulos. Lo habitual, destaca, es que las personas migrantes se integren “sin ningún conflicto con la población de acogida” y que los casos de exclusión “son minoritarios”. Aunque advierte de un peligro: “En los últimos años está trascendiendo una cultura de miedo a la realidad migrante”.

―¿Esa “cultura del miedo” se ha extendido a raíz de la crisis migratoria de Ceuta?

―No creo que lo ocurrido en Ceuta sea solo una crisis migratoria.

El prelado define la entrada a la ciudad autónoma de hace dos meses de más de 70.000 personas de forma irregular como un suceso “complejo” que encierra “unos intereses que podemos vislumbrar, pero de los que no nos atrevemos o no sabemos precisar”. García Cadiñanos señala en ese análisis de la crisis ceutí a “las nuevas geoestrategias de poderes a nivel internacional, al control de rutas y al poder político: EE UU, Israel, la partida de ajedrez entre Marruecos y la Unión Europea…”.

Y en ese juego, apunta el obispo, los primeros en caer son los peones. “A mí lo que me duele son las víctimas. En Ceuta, ¿qué es lo que más me preocupa? Los fallecidos, 141 personas, con sus historias, sus familias… Parece que, si te posicionas por los migrantes, los otros están fuera. Es como una especie de guerra entre víctimas: entre los propios migrantes y la propia población ceutí que también es víctima. Duelen los dos, pero estos han muerto”, explica el responsable de migraciones de la CEE. Dentro de ese enfrentamiento, el entrevistado lamenta cómo “somos capaces de instrumentalizar a las personas”.

El prelado ferrolano advierte que “en el tema migratorio, dos cuestiones están encima de la mesa: el miedo y el odio”. Se refiere, matiza, a que parte de la sociedad actúa desde estos sentimientos. Como antídoto, apuesta por impulsar lugares de encuentro con inmigrantes en situación de vulnerabilidad. Y pone de ejemplo a Cáritas. “Los voluntarios descubren que son como esas personas vulnerables y eso les toca el corazón. Eso es lo que cambia los discursos, los miedos… Detrás de la inmigración hay mucho miedo, mucha ideología, mucha fake news. Y en ese encuentro se destruye eso”, zanja.

Al hilo de los bulos en redes, García Cadiñanos opina que las nuevas tecnologías están teniendo una influencia directa, a veces impulsada en diferentes direcciones por algunos influencers, en “la elaboración de una nueva cultura y el reforzamiento de pensamientos” de la ciudadanía sobre temas como la migración. “Al final, uno ve y frecuenta los lugares que el algoritmo dichoso selecciona y que refuerzan sus posicionamientos. Todo eso está provocando la polarización de la que tanto se habla, y esta viralización deforma la realidad”.

El obispo de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos, posa para la entrevista con EL PAÍS, en Santiago de Compostela.
ÓSCAR CORRAL
Las palabras del obispo aluden a los mensajes de odio que se publican en redes ante sucesos como el de Ceuta. De hecho, la crisis en la ciudad autónoma provocó el mayor pico xenófobo y racista en las redes, con casi 17.000 publicaciones detectadas en solo tres días, el segundo episodio más virulento tras los disturbios de Torre Pacheco. Entre estas desinformaciones, García Cadiñanos rebaja los apocalípticos discursos de partidos como Vox, que secundan la teoría del gran reemplazo, la teoría conspiranoica que asegura que en los próximos años los inmigrantes y su cultura reemplazarán a “los españoles”.

Para el obispo, “la llegada de estas nuevas culturas” puede servir como aliciente para “los propios creyentes” del país de acogida, “para conocer su propia cultura y los valores que le han ido marcando”. Aunque también apunta a que “ese tipo de peligros [de sustitución cultural] pueden darse”, pero revela que “son los retos” de una “nueva sociedad en la que nos encontramos y no podemos vivir al margen”.

El discurso que defiende García Cadiñanos y la CEE no lo comparten todos sus colegas episcopales. Hay voces díscolas, como la del arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz. El prelado asturiano acusó hace un mes a los inmigrantes de dejar a la población ceutí “sitiada entre el miedo, la podredumbre, la intimidación y las violaciones de menores”. Insistió en un sermón en que “todos no caben” y criticó la gestión del Gobierno. Sobre esta aparente división en la Iglesia ―la posición de Sanz no es la única―, el obispo de Mondoñedo señala que la Iglesia “es una comunión plural”, aunque “a veces es cierto que se lee el evangelio en claves ideológicas”. “Siempre es un peligro y tenemos que ser conscientes”, admite. No obstante, dice tajantemente que “la mayoría de la Iglesia tiene una postura nítida: la defensa del migrante. [La Iglesia] es la institución universal en la que los migrantes más suelen confiar y que se convierte en un lugar de refugio y de atención de sus demandas”.

El obispo pone el foco en las múltiples causas que provocan las crisis migratorias. Una de ellas, apunta, es el “modelo de desarrollo y el sistema económico marcado, como decía Juan Pablo II, por estructuras de pecado”. El presidente de la subcomisión episcopal de migraciones dice que es necesario “conjugar” tres principios fundamentales: el derecho a no migrar (la gente se puede ver obligada a migrar por causas políticas, climáticas…), el derecho a migrar (a través de rutas legales y seguras…) y “el derecho de los Estados a gestionar sus fronteras y controlar los flujos para una real integración”.

El líder eclesiástico también habla de la necesidad de impulsar el desarrollo en los lugares de origen, para que las personas de estos países no se vean en la encrucijada de migrar. “Las Iglesias de África están tremendamente preocupadas por lo que supone este desangrado de población joven”, dice. Diferentes instituciones religiosas y humanitarias están trabajando para mejorar la situación económica en estos Estados, pero es difícil. “Solo aportamos un granito de arena para cambiar la realidad. Es una lucha de David contra Goliat. La migración es una cuestión que nos afecta a todos. La crisis no la puede resolver solo el Gobierno, un alcalde o un país”, apunta el obispo. Su experiencia en estos dos años y la energía que desprende han propiciado que su nombre suene como el próximo obispo de Cádiz-Ceuta, una plaza importante en la crisis migratoria. García Cadiñanos dice que no sabe ni quiere saber nada. Su objetivo ahora es no perder de vista al gigante Goliat para intentar, como hizo David en la historia bíblica, derribarlo.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)